Del viejo al nuevo mundo

España: hacia el fin de la cosecha manual ¿Y por casa?

Mientras el primer vendedor de vino del mundo está reconvirtiendo las últimas hectáreas a sistemas para cosecha mecánica, porque la manual no es rentable, en San Juan el porcentaje cosecha con máquinas en mínimo. Por Viviana Pastor.
martes, 10 de noviembre de 2015 · 11:36
Por Viviana Pastor

Por la ruta que atraviesa una de las mejores zonas vitivinícolas de Cataluña, Anoia y Gran Penedés, los enormes paños verdes de viñas se ven salpicados de lotes de tierra pelada. Son terrenos en los que se erradicaron plantas viejas que no eran aptas para la cosecha mecánica, y en su lugar se plantarán variedades con sistemas de conducción que permitan cosechar con máquinas.

España es el primer productor mundial de vino y los expertos explicaron que además de un clima favorable, el logro fue también producto de una serie de cambios estructurales, años de inversión en la mejora del viñedo español, el mayor del mundo por su superficie con cerca de un millón de hectáreas. Esto implicó arrancar los viñedos más viejos y menos productivos, y transformar otros en plantaciones más eficaces que permitan una vendimia mecánica, en lugar de manual, que es la ecuación que hace rentable la actividad.

En San Juan, la segunda provincia vitivinícola del país, el 85 % de la superficie cultivada es de parrales, para los que aún no hay cosecha mecánica y exigen una vendimia manual, lo que eleva sensiblemente los costos de producción.

"Lo que queda de cosecha manual en España es informal, con inmigrantes ilegales que es como se sostiene porque es imposible formalizar el trabajo con los costos de blanquear la mano de obra. Tenemos un sistema con modelo de producción primaria muy primitivo que sólo se sostiene con subsidios al sector”, dijo Maximiliano Battistella, director de INTA San Juan. 

El Ingeniero explicó que se trata de un cultivo industrial con mano de obra intensiva lo que plantea una contradicción. "El girasol, soja, maíz, trigo o algodón son cultivos industriales en todo el proceso, la vitivinicultura también es industrial pero conservamos la cosecha que es mano de obra intensiva, es lógico que no cierren números”, dijo.

Luego señaló que el hoy el sistema de conducción de parral sólo se justifica para la producción de uva de mesa y pasas. Pero incluso para la pasa hay tecnología que propone el secado en planta que ahorra el costo de cosecha y secado. "A esto podemos sumar que se puede mecanizar la cosecha de pasas gracias a un prototipo de cosechadora en el que están trabajando profesionales de INTA y de la Universidad Nacional de San Juan, con el Instituto de Mecánica Aplicada”, adelantó el Ingeniero.

"Otra de las limitantes estructurales de la vitivinicultura sanjuanina es la pequeña escala de los productores. Para ellos es más difícil acceder individualmente a la contratación de maquinaria y no tiene sentido que por su baja escala sean dueños de máquinas de prepoda, cosecha o pulverizadoras, incluso de tractores. Hay que tender a sistemas donde aparezcan los prestadores de servicios para tener mecanización integral del cultivo. Las asociaciones de productores, los consorcios, las cooperativas, serian la forma por la que el sector productivo podría disponer de estas maquinarias y la tecnología. La clave de la innovación está dada en la posibilidad del productor vitivinícola, y podríamos decir del agricultor en general, de organizar este proceso”, aseguró Battistella.

Sin embargo los precios del vino también están deprimidos en el "primer mundo”. El precio medio del vino español exportado se situó en los 1,11 euros por litro en la campaña 2013-2014, muy lejos de los precios de Francia, líder mundial en valor con un precio medio de 5,3 euros por litro; o de Nueva Zelanda, que vendió a casi 4,4 euros por litro. En el 2014, España fue el país que más vino a granel vendió en el mundo.

De vieja data

En Francia, EEUU, Australia o Nueva Zelanda, tienen la mano de obra más cara del mundo, por eso en muchos países el proceso de mecanización de la cosecha se dio hace más de 40 años. "Las primeras experiencias fueron en la década del ‘50 cuando después de la Segunda Guerra Mundial hubo una mejora en la calidad del trabajo industrial, ya no era temporario sino más seguro, se lograron mejores salarios y condiciones laborales. Esto produjo un éxodo rural a las capitales industrializadas y la mano de obra en el campo se encareció, lo que los obligó a mecanizar las cosechas”, explicó Battistella.   

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