Parecen venir tiempos de evocar el título de Erich Anton Paul von Däniken "Recuerdos del Futuro". Esta vez no se tratará del paso antiguo de aliens en la tierra sino de volver a vivir crisis financieras recurrentes del Estado. Esta semana, el ministro de Hacienda Francisco Alcoba salió, con gran sentido de la oportunidad, a declarar una creciente decadencia de la recaudación, tanto por declinación del crecimiento de fondos nacionales como por la baja de los cumplimientos locales. Del otro lado está el gasto que crece como si no pasara nada. Mientras, la economía real reconoce la reducción de la actividad minera con su consecuencia, la menor imposición por ingresos brutos. La razonable performance de los impuestos comunes, inmobiliario y automotor no compensa ni lejos ese faltante.
Por otro lado, la presión impositiva ya llegó a su límite superior y está comenzando a verificarse la curva de Arthur Laffer que tiene una explicación bastante sencilla. Si las tasas de impuestos son 0 (cero) obviamente la recaudación será 0. Si por el contrario la tasa es 100 %, nadie podrá pagar el 100 % de lo que gana y por tanto la recaudación también será 0. Por tanto, el nivel de la tasa y el monto de la recaudación están en equilibrio y, en cierto punto, a medida que se pretende recaudar más, ocurre lo contrario, se recauda cada vez menos. En Argentina esto no se ve tan claro porque tenemos enfrente el espejismo de la inflación que tira arriba recaudaciones nominales que, si se ajustaran por la inflación, serían negativas. De hecho, en San Juan este fenómeno ya se manifiesta, visto que la recaudación creció hasta agosto el 22 % contra una inflación superior.
La advertencia de Alcoba es más que una luz amarilla cuando afirma que la provincia terminará el año con déficit luego de una bonanza de 10 años con superávit o equilibrio que permitió la acumulación del fondo anticíclico que ronda los 900 millones. La utilización de ese fondo, que para eso está, no soluciona el problema, sólo lo amortigua transitoriamente, menos aun cuando los gremios estatales afilan sus dientes pidiendo apertura de paritarias. El siguiente paso, luego del agotamiento del fondo, es salir a endeudarse a tasas insostenibles, salida irresponsable que conduce más temprano que tarde a la cesación de pagos, como ya ocurrió en 2001-2002 y, antes, en 1994-95. Sueldos en cuotas y supresión de aportes comienzan a rondar como pesadillas. No conviene olvidar que aquellos procesos derivaron en crisis políticas tan profundas que terminaron con los mandatos de los gobernadores Avelín y Rojas. Sería bueno que al título de von Däniken le pudiéramos agregar el de Sábato, "Nunca Más".
Un amigo en Facebook escribió que volvió la patria financiera porque la Bolsa sigue subiendo pese a que la actividad y el empleo caen. Interpretaba que hay un cierto mundo de negocios que sigue funcionando bien así que me pareció necesario aclarar por qué se da este fenómeno raro de que la Bolsa suba cuando la economía baja. En condiciones normales, la parte financiera del mundo de los negocios corre a la par o, a lo sumo, registra algún pequeño desfasaje con el conjunto. Si uno analiza cualquier Bolsa del mundo, interpreta que cuando la cosa sube es porque todo anda bien y cuando baja mal. A tal punto es así que, mirando las curvas de las principales bolsas del mundo se puede seguir al detalle las crisis recientes de 2008-2009 ó también la más antigua de 1929. Lo que está ocurriendo entre nosotros forma parte de las habituales paradojas de Argentina, otra es que hay inflación con recesión. A ver. Como desde hace tiempo no se puede adquirir dólares por escasez de divisas del Banco Central y se calcula que esa situación se mantendrá cuando menos hasta terminar el affaire de los fondos buitre, todo aquél que necesita hacer pagos al exterior o simplemente girar dólares afuera, lo hace mediante el mecanismo de comprar, en pesos, acciones que en el exterior se pueden vender en dólares. El procedimiento se llama "contado con liquidación", es legal y tiene la ventaja de que esos dólares no salen del Central. A medida que ese proceso se agudiza, la demanda de acciones crece y como consecuencia, su valor de mercado sube tirando fuerte arriba el promedio general llamado MERVAL. De esta forma, la supuesta "ganancia" de la Bolsa, no responde a una mejora genuina de la performance de las empresas sino a un fenómeno apareado a la escasez de divisas. El "contado con liqui" no es negocio para quienes lo usan, aunque sí para los intermediarios o comisionistas.
Carlos Fara, uno de los más importantes politólogos del país, extrae conclusiones muy interesantes luego de un reciente estudio sobre el mundo empresario: "Los hombres de negocios poseen un imagen positiva del 15 %, regular del 48 % y negativa del 35 %. Son casi las mismas cifras que en la medición de mayo de 2001 cuando el país iba camino a la crisis económica más grande de su historia. El mejor momento en los últimos 13 años fue en 2011, cuando la presidenta alcanzaría su 54%, el país rebosaba de optimismo y el crecimiento de la economía tocaba tasas chinas. Moraleja: la imagen de los empresarios es más alta cuando mejor le va al gobierno de turno. ¿Por qué? Siendo las empresas los principales generadores de riqueza y empleo, cuando la situación económica es negativa todos los protagonistas caen en la volteada.
Las condiciones ambientales desfavorables afectan a varios estamentos dirigenciales. Los empresarios no se salvan pese a las críticas de la mayoría a la política económica. Lo deberán tener en cuenta si desean mejorar su reputación social".