Miguel Pérez es camionero y árbitro. Su rutina se divide con estas dos tareas que hace con mucha pasión y esa mañana que recibió a Tiempo de San Juan pidió permiso para faltar y esperarnos en su casa de Capital. Empilchado con la de juez, preparado para la ocasión y una cálida bienvenida con un juguito y snacks. Tiene 65 años y lleva 40 impartiendo justicia en el fútbol sanjuanino. Un pibe.
"Hace 40 años que dirijo. El arbitraje es todo para mí. No me importa si me designan en la cancha de la esquina o en 9 de Julio. Es todo", le contó Miguel a Tiempo, desde el comedor de su casa de Capital.
El juez tiene un pasado futbolista, pero producto de una grave lesión en una de sus rodillas, no pudo seguir jugando y prefirió hacerlo desde otro ángulo. Migue quiso seguir pisando el césped de los estadios sanjuaninos y se metió en el curso de árbitro, en el que rápido y por su buen desempeño, empezó a dirigir.
Cuando dejé el fútbol, me metí ahí no más en el arbitraje. Se me cortó el tendón rotuliano, me operaron, pero nunca quise volver a jugar. Después sólo hice solo por diversión, pero nunca más por los puntos Cuando dejé el fútbol, me metí ahí no más en el arbitraje. Se me cortó el tendón rotuliano, me operaron, pero nunca quise volver a jugar. Después sólo hice solo por diversión, pero nunca más por los puntos
Además de su pasión por el arbitraje, Miguel es camionero. Traslada cargas de mercadería y las reparte. Ya con 65 años, contó que presentó todo para jubilarse, pero de lo que no se va a separar es de las canchas: "Mientras me de la cabeza para impartir justicia entre el bien y el mal, lo haré. Si mis piernas puedan correr y me respondan, lo seguiré haciendo", afirmó el juez que se encuentra dentro del cuerpo de árbitros de la LSF desde 1983.
El arbitraje es una desconexión total de la rutina, de andar en la calle manejando un vehículo grande, con todo lo que eso conlleva, a pasar a dirigir, que es mi pasión, no me interesa si me mandan lejos a hacerlo El arbitraje es una desconexión total de la rutina, de andar en la calle manejando un vehículo grande, con todo lo que eso conlleva, a pasar a dirigir, que es mi pasión, no me interesa si me mandan lejos a hacerlo
Con todos los años que lleva dirigiendo en el fútbol sanjuanino, Miguel guarda cada obsequio que le dieron y esos recortes de diario del mil novecientos; amarillentos y con las hojas quebrajeadas. "Las cintas y las camisetas me las regalaron los jugadores a los que dirigí. Guardo todo en una pieza", expresó.
Pérez hizo toda su carrera como árbitro en la segunda división del fútbol sanjuanino y actualmente es quien imparte justicia en el femenino, a veces de principal y otras de asistente: "Es un nuevo desafió. Hay que tener mucho cuidado con el léxico, porque no es lo mismo arbitrar un partido de varones a uno de chicas. Es manejar bien las expresiones, porque cualquier cosa se puede tomar mal", aseguró.
La reliquia más valiosa que guardo es la amistad que me quedó con jugadores. Ellos antes tenían 25 y yo los arbitraba, ahora me los cruzo en partidos de veteranos (+40, +50) y siempre se acuerdan de mi con un saludo o un abrazo La reliquia más valiosa que guardo es la amistad que me quedó con jugadores. Ellos antes tenían 25 y yo los arbitraba, ahora me los cruzo en partidos de veteranos (+40, +50) y siempre se acuerdan de mi con un saludo o un abrazo