Loco por San Juan: se llama Diego Armando, es hondureño y fan de la punta de espalda y el vino
Llegó hace dos años por una beca de estudio. Con el tiempo se fue acostumbrando a muchas cosas y hasta las adoptó. Su anécdota con la semita y un mega tatuaje argento en la espalda.
Es de Honduras y hace dos años llegó a San Juan por una beca de estudio. A los días cerraron todo por decreto por la pandemia de coronavirus y se la pasó solo en su departamento de Capital que recién alquilaba. Se llama Diego Armando, pero no por el "Diegote", lo que no supo nunca, es que un día de su vida se iba a cruzar con esta provincia que le dio mucho más de lo que se imaginó: ama la punta de espalda, el vino y tuvo una particular anécdota con la semita no tan semita. ¿Qué dijo de la siesta? Un apasionado de Argentina y un mega tatuaje en la espalda. La historia del hondureño mitad sanjuanino.
"Mi nombre es Diego Armando Zaldivar Sánchez y tengo 26 años", comenzó relatando a Tiempo de San Juan. A penas mencionó sus dos primeros nombres de pila sonrió esperando que lo relacionaran con el astro argentino: "Todos piensan que mi nombre es por Maradona, pero no lo es. En realidad el nombre Diego viene de generación en mi familia, después, el Armando, si, puede ser porque en ese momento él estaba el momento auge de su carrera".
El hondureño que alquila en Capital es Ingeniero eléctrico y estudia una maestría en Energía Eléctrica, que por cierto ya la terminó y está esperando rendir su tesis: "Llegué el 25 de febrero del 2020 a San Juan, justo en la Fiesta del Sol, la cual yo no pude asistir porque recién llegaba, no conocía nada ni nadie. En el mientras tanto y cuando estaba en la búsqueda de un departamento, veía publicidades en todos lados de que iba a estar Luis Fonsi o los Auténticos Decadentes, pero ni siquiera sabia donde se estaba desarrollando. Fue complicado los primeros meses porque yo vine acá sin conocer a nadie, sin tener una guía que me digan cómo se hace tal cosa y qué no".
"El único contacto que tenia en San Juan era del lugar donde me iba a quedar"
En un lugar de su departamento tiene su escritorio donde realiza sus trabajos de investigación
A penas pisó Argentina fue en suelo mendocino, para luego trasladarse a la provincia por su beca de estudio. Pero su llegada fue todo una anécdota relacionada con la "semita no tan semita". Diego llegó por la noche a Mendoza y tuvo que trasnochar en el aeropuerto por "miedo a que le roben las maletas". Al llegar el día le sucedió algo muy particular que por un momento lo trasladó a su país, pero todo quedó en una simple ilusión fallida.
"Vi un letrero que decía 'café + dos semitas $50' y yo 'Wuau hay semitas en Argentina qué super', porque tenía mucho hambre y quería desayunar. Fui muy feliz al comprarla, pero cuando me las entregaron, el pancito estaba seco, era chatita, como que no le veía mucha forma y con esos pedacitos café (chicharrones) que no sabia que era. Fue como que mi corazón se rompió porque yo esperaba las semitas de Honduras", mencionó en tono anecdótico. Porque claro, después explicó que en su país "la semita" es un pan, como un pan dulce.
"Fue un proceso el encontrarle el gusto, pero me gustan mucho, las disfruto, pero me sentí engañado porque esperaba que fueran como las de mi país"
Diego cuenta que San Juan fue la primera salida de su país durante mucho tiempo, ya que a sus pagos no vuelve desde hace dos años. En cuanto a zona horaria, Honduras está atrasado tres horas, y aunque pensó que solo era un detalle menor, relató que le costó muchísimo adaptarse a la ciudad, a la tranquilidad de su centro y al silencio de la sagrada siesta.
"Me costó adaptarme a San Juan. Acá el tiempo va mas lento, la gente es mas tranquila para todo. A la famosa siesta me costó mucho acostumbrarme porque en Honduras todos trabajamos de corrido, entonces necesitaba ir al banco o algún tramite y todo estaba cerrado. Era como un desierto. También me pasa con los horarios del desayuno y la cena. En Honduras se desayuna entre las 6 y 8 de la mañana y la cena entre las 18 y las 20 de la tarde. Acà algunas personas lo hacen a las 11 y cenan a medianoche".
Más allá de algunas cuestiones que le costaron, hubo otras que no: las comidas, los paisajes, el calor sanjuanino, el amor por el vino y la punta de espalda.
"El vino lo amo, para mi es lo mejor que hay en Argentina, es una delicia y cada vez que tengo una oportunidad de hacer un tour de vinos lo hago. El calor es muy similar al de Honduras solo que allá es húmedo como Buenos Aires y es caliente como acá, no me afecta. En invierno sufro por el frio pero a la vez me gusta porque allá no tenemos esto. Fue difícil acostumbrarme al hacer temperaturas bajo cero en las mañanas. El mate me lo intentaron inculcar muchísimo pero me gusta, lo comparto pero no lo tomo solo, me gusta hacerlo con alguien. Si estoy solo tomo 3 tazas de café al día, que es propio de mi país".
"Me considero fanático del vino y los asados. Me enseñaron y ahora los hago yo. El asado acá es increíble, de otro mundo. El de allá no se compara. Me declaro fanático de la carne y el vino"
La marca de Argentina en su piel
En los dos años que lleva radicado en San Juan visitó todos los rincones turísticos de la provincia. Hasta casi conocerlo de pie de a cabeza, sus horarios, sus costumbres y hábitos.
"De San Juan me gusta la gente, es tranquila, amigable y muy amable. El sanjuanino es muy grato. Mi lugar preferido es alta montaña de Iglesia, es hermoso ver la cordillera nevada, pensé que solo lo podía llegar a ver por fotos. Al igual que los paisajes de Calingasta, Jáchal y El Valle".
Llegó a la provincia y tras el decreto de la cuarentena, tuvo que estar aislado en el departamento por un año, que fue lo que duró. Dice que se lamenta no haber conocido más durante ese tiempo perdido. Pero que aprovechó todo después para conocer todas las provincias de la Argentina: "Solo me faltó visitar Santiago del Estero".
"Cuándo empecé a conocer todo de acá, me enamoré. Los paisajes, comidas, personas. Te vas al Norte y tenés desierto. Te vas al Sur tenés nieve, pingüinos, glaciares, ballenas. Te vas al Este y tenés cataratas, bosque amazónico. Vas al centro y tenés las sierras, estas en el Oeste, precordillera, zona verde y desierto. Todos los ecosistemas y paisajes están en Argentina. Pensé que solo lo iba a ver por fotos, es algo que te deja sin aliento. Soy un enamorado de Argentina".
Culminó de estudiar su maestría en energía eléctrica en la universidad. Por medio pelo no conoció todo el país y se siente un sanjuanino más pero con tonada diferente. Toma mate si es con alguien, es el designado para los asados con amigos, ama el vino y el asado. Le gusta el fútbol y su nombre es Diego Armando...
A fines de marzo se vuelve a su país de origen y promete que va a volver a San Juan. En honor, fanatismo o especie de recuerdo, eligió un tatuador sanjuanino y se plasmó un mega mapa argento con sus regiones. El dibujo ocupa casi toda su espalda.
"El tatuaje plasmó mis experiencias que tuve a lo largo de Argentina. Quería un recuerdo de mis dos años. Y lo que me hice fue por el amor que le tengo"
De San Juan me llevo un cambio en la mentalidad porque en mi país todos andan acelerados y con mil cosas en la cabeza. Acá van a su ritmo, son serviciales. La gente es tranquila y eso me da mucha paz. Si tengo que destacar algo de acá es de su gente: el vivir en San Juan fue mucho mas enriquecedor que vivir en cualquier otra provincia", cerró el hondureño Diego Armando.