Detrás de ese hombre robusto y con la malla de lucha con la sigla "ARG", hay un competidor sanjuanino que se hizo de una vida dura para hoy estar entre los mejores del mundo y tener en su vitrina llena medallas. Adán Monte (30), el deportista que creció en la Villa del Valle -límite entre Capital y Chimbas-, sufrió bullying y trabajó de muy chico junto a su madre para llevar dinero a su casa. Cuando tenía tan solo 15 años partió a Buenos Aires "para salir de la miseria" y hoy representa a la Selección Argentina de Lucha. El deportista contó su historia a Tiempo de San Juan.
Adán dijo que su familia está compuesta por 7 integrantes: sus papás, sus tres hermanos (dos mujeres y un hombre) y una sobrina pequeña que la quiere como si fuese su hermanita. Descubrió el deporte de lucha por su padre que trabajaba limpiando un gimnasio y que en ese momento fue un lugar de refugio al bullying que sufrió la mayor parte de su adolescencia. Además, remarcó que de apoyo económico para su familia también hacía changas: "Con los pibes del barrio nos peleábamos por quien agarraba primero el trabajo, fue realmente duro".

El deportista sanjuanino antes de ser lo que es y consiguió ser hoy, fue un pibe de bajo recursos que buscó formas para ayudar a salir a adelante a su familia, pese a la edad y a que sufría bullying, encontró su lugar con el deporte de lucha.
"Yo soy chiquito. Mido 1,65. Y siempre hubo bullying por la altura, por eso cobraba siempre. Cuando conocí la lucha fue amor a primer contacto. Sufría bullying. La lucha fue como un refugio en mi. Yo me crié en una villa y ahí las necesidades me impulsaron a trabajar, a tener que moverme solo. Con mi mamá hacíamos medialunas para vender, al igual que otros panificados. Yo me encargaba de comprar las cosas, hornearlas y salir a venderlas".
"De chico me robaban las facturas o me querían pegar. También fui changarín y con los pibes de la villa nos peleábamos por el trabajo"
Producto de eso, en lo único que se aferró para salir un poco de lo que estaba viviendo fue el deporte de lucha: "Empecé a los 12 años cuando mi papá limpiaba el gimnasio del estadio Aldo Cantoni por los planes jefes y jefas de hogar, ese momento te daban $150 al mes. Ahí se hacía musculación. Mi papá habló con el entrenador y le preguntó si tenía un hijo o alguien para tomar clases y ahí empecé. Mi entrenador en ese momento era Darío Ortega", recordó.
"Con la lucha encontré un foco, y ya los trabajos eran para pagarme los viajes o armar la bicicleta para salir a entrenar, y cosas asi. Ahi tuve una razón para invertir y moverme"

Montes, el pibe de 15 años que tuvo una vida dura, que ayudaba a su familia haciendo changas y muchas veces era agredido por desconocidos, descubrió una vida deportiva y fuera de ese mundo que por momentos quizás dolía: el deporte de lucha. Constancia y perseverancia.
"Empecé a los 12 años con levantamiento olímpico y lucha al mismo tiempo, competía en las dos disciplinas. A los mismos 12 ya me metí en competencia nacional, donde no me fue tan bien. Después seguí entrenando con más de levantamiento olímpico y eso me vino muy bien. Empecé a ganar, y me metí a full a competir. En todo torneo que había me metía. Hasta que fui campeón nacional en mi categoría que en ese momento era escolar hasta 53 kg".
El representante nacional dijo que su buen desempeño en la disciplina lo llevó a recibir una convocatoria en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo: "A los 14 años me convocaron pero por un tema de papeles no pude ir, en cambio a los 15 me volvieron a llamar y recién ahí pude ir. Terminé la secundaria -dejó sus estudios incompletos en la escuela de Enología- en el mismo CENARD, abajo del hotel en donde estaba había una escuelita".
"En ese momento dudé pero era salir de la miseria. Al estar solo en Buenos Aires y con 15 años me agarró la melancolía, extrañaba, pero después fue cuestión de costumbre. El primer año no quería volver, fue muy duro".
Su vida a partir de ese momento fue todo responsabilidad y perseverancia. A tan corta edad dejar sus vida para unirse a un programa de alto rendimiento no era algo menor. Tuvo que acostumbrarse a varias cosas: hacerse y a base de consejos a distancia de sus papás, como podía, pero siempre sabiendo cual era el camino para pararse donde se encuentra hoy.
"Al principio fue duro por todas las limitaciones económicas. Tenía que lavar ropa y no tenia plata para ir al lavadero, por ende lavaba la ropa con los jaboncitos que nos daban ahí. El hecho de no tener dinero fue lo que más me afecto en el primer año en Buenos Aires. Ya en el segundo otorgaron becas económicas, a través del proyecto de iniciación deportiva. Después de eso, empecé a tener ese apoyo económico y ayudaba a mi familia: compraba cosas y se las mandaba, tenia otro respaldo".
Abel Monte ahora tiene 30 años y sigue escribiendo su carrera. La etapa dura la dejó atrás y ahora está focalizado en su entrenamiento para llegar a su nivel más alto en lo personal. El sanjuanino vive en Buenos Aires, tiene su equipo y da clase de lo que más sabe: la lucha deportiva.
UN VIAJE A MISIONES PARA CLASIFICAR
Este fin de semana el deportista sanjuanino tendrá que competir en el Campeonato Argentino De Lucha. Allí se enfrentará a un chileno con el que el historial marcha parejo 1-1. Pero buscará hacer su mejor trabajo ante los adversarios que le toque, en un todos contra todos. Este torneo es clasificatorio para el Panamericano que se disputará en Acapulco. El competidor tiene dos medallas sudamericanas una de tercero y otra de segundo lugar, y otra panamericana en juvenil que fue tercero.