Por Carla Acosta
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En el medio de la nada, entre Humahuaca y Bolivia, está Abra Pampa. Un pueblo ubicado en la puna, a 3.484 metros sobre el nivel del mar y con casi 9 mil habitantes. Una localidad de relieve hostil y poca vegetación, pero con una rica historia y cultura. Un lugar plagado de niños soñadores y deportistas, donde la bicicleta se convierte en una especie de diversión y medio de superación. Allá, bien al norte, donde la transitada Ruta Nacional Nº 9 es el único terreno pavimentado para correr y entrenar, creció Franklin Olmos (19). El ciclista y proyecto del Sindicato de Empleados Públicos, el héroe de Abra Pampa, abre su corazón y cuenta su gran historia.
El jujeño luce con orgullo la casaca de los `bichos verdes´, mismo orgullo con el que habla de sus raíces y de su gente. Con 19 años dejó su pueblo, su familia y amigos para perseguir un sueño en San Juan, nada más y nada menos que integrando el equipo continental del SEP. Desde julio del 2016 forma parte del conjunto sanjuanino, aunque aclara que por sus estudios recién se integró en diciembre del mismo año.
“Cuando salió este ofrecimiento no lo podía creer, fue algo soñado. Fue sacrificado venir a esta provincia pero es un orgullo poder representar a mi ciudad y tener la chance de estar en la capital del ciclismo. Esto no tiene precio, lo valoro muchísimo. Siempre digo que estoy agradecido a mi familia por el apoyo y a don José Díaz (secretario general del SEP)”, expresa la joyita.

La historia de Franklin con el ciclismo comenzó cuando tenía 12 años. Arrancó en el mountain bike, deporte muy popular en su pueblo por el terreno, y lo hizo en en una bici de un hermano, la que había pintado y pegado unas calcomanías para hacerla lucir como nueva. Cuando terminó la primaria en la Escuela Normal de Abra Pampa, María y Ceferino, sus padres, le regalaron su primera bicicleta MTB. Pero aquello era solo un hobby.
Al tiempo los Juegos Evita Nacionales le abrieron las puertas al ciclismo de ruta. Aquella competencia cambió su vida por completo. Dejó la montaña para subirse a una bici rutera, pese a las dificultades que esto traía por la falta de rutas y calles pavimentadas en su lugar de origen. “Fue un cambio muy importante y significativo por las velocidades y tipo de bicicleta. Con el tiempo me instalé definitivamente en este deporte y me gustó. Empecé a competir por Jujuy hasta que me sumé a un equipo de Salta (Fundación Educación, Deporte y Arte). Después salió la chance de sumarme al SEP y no lo dudé”, cuenta.
El joven dice que en Abra Pampa abundan las bicicletas. De hecho señala que su salto al Sindicato motivó a muchos chicos del pueblo. “Tengo una hermana de 17 años y dos hermanos de 13 y 9 que empezaron en el ciclismo. Hay otros chicos que también están entusiasmados, les cuento cómo se vive el ciclismo en esta provincia y se ilusionan con venir. Yo les digo que los sueños se cumplen. Que hay que trabajar, entrenar y sobre todo estudiar. Sacrificándose se pueden lograr los objetivos”.

Olmos es un verdadero ejemplo de superación. Hace casi un año y medio dejó su vida jujeña para rehacer otra en San Juan. A su familia la ve cada tanto, cuenta que la última vez que la visitó fue para Navidad y el viaje a su pueblo duró 30 horas. Desea traerlos a San Juan pero sabe que esto recién comienza y todavía tiene mucho camino por recorrer.
Mientras tanto no pierde el tiempo. Además de entrenar y competir los fines de semana, por las tardes estudia. Franklin está por arrancar el tercer año de la Tecnicatura de Seguridad e Higiene Laboral en el Instituto Sagrado Corazón y agradece al equipo, sobre todo a Díaz, por el apoyo en sus objetivos deportivos y personales.
“Los estudios son muy importantes, es el sostén en un futuro, cuando ya no esté más en el ciclismo. En Jujuy hice la primaria en mi pueblo y la secundaria en una escuela a 80 kilómetros de donde vivía. Era como un internado, estaba allí de lunes a viernes. En Salta arranqué con el terciario y cuando vine a San Juan lo continué. Al principio fue difícil pero después le agarré la mano”, apunta.


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