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Historias

La misma sangre, el mismo amor: padre e hijo juntos en un equipo de básquet

Cuando Ezequiel (16) llegó a la Primera del Sporting Estrella, Leo (41) volvió a ponerse las zapas para cumplir el sueño de jugar con su hijo. En la cancha, compañeros; en la casa, familia.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Carla Acosta

Uno es pivot y el otro es ala. Uno mide 1.88 y el otro 1.94. Uno tiene 41 años y el otro 16. Entre tantas diferencias hay una historia particular: tienen el mismo ADN y comparten un mismo equipo de básquet. Se trata de los Espinoza, padre e hijo y compañeros en el plantel mayor del Sporting Estrella. 

"La verdad es que nunca pensé que pasaría esto. Es un orgullo poder jugar con mi viejo. Es lo mejor, es tocar el cielo con las manos", contó Ezequiel, una de las joyitas del club de calle España.

La coincidencia entre ambos se dio cuando el más chico de los Espinoza saltó a la Primera División de Estrella. Su padre, quien había abandonado el deporte en 2013, decidió volver a las canchas para cumplir el sueño de jugar con su hijo.

"Eze fue convocado a jugar en Santa Fe, pero como no se sintió cómodo volvió. Ahí nació mi interés de volver a jugar y dije `bueno, vemos si me da el cuerpo`.Así fue que me puse las pilas y pude cumplir el sueño de compartir equipo con él. Esto es algo que no me olvido más", señaló Leo, quien hasta entonces jugaba en la Reserva, un equipo conformado por veteranos. 

 

 

 

Según los muchachos, dentro del campo de juego no existen los lazos de familia. "Hablamos post partido y siempre hay críticas constructivas sobre la posición o el juego. En la cancha somos iguales, se critica de un lado y del otro", dijo el pibe de 16 años. Su padre agregó "yo tengo experiencia en cuanto a la edad pero no tuve la oportunidad de rozarme con el mejor básquet del país como lo hizo y lo hace él. Eze juega constantemente con equipos de afuera y es otro nivel. Está súper preparado". 

La familia Espinoza es una apasionada del básquet. En su casa se habla y se practica el deporte de la naranja. Los hermanos de Leo fueron basquetbolistas, y hasta su señora se animó a lanzar tiros libres. "Realmente es una pasión ya que no lo hacemos por dinero. Es salir de laburar y llegar a la casa a prender la tele para ver básquet. Me crié a pocas cuadras de la cancha y crecí practicando esta disciplina", expresó el papá. 

Así fue como Ezequiel heredó ese don y amor por la disciplina. Un aro en el fondo el hogar, una pelota y el constante contagio de Leo hicieron que el más pequeño desistiera de su idea de ser futbolista. "Cuando pegó el estirón quería jugar al fútbol, pero me di cuenta que mi cuerpo era más para el básquet. Ya llevo muchos años practicando este lindo deporte, hoy al lado de mi viejo". 

 

 

 

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