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Estilo Almirón: porqué los festejos de gol son con los suplentes y su versión sobre los psicólogos en el fútbol

Cuenta los detalles invisibles del trabajo de DT; reconoce que se inspiró en los Juegos Olímpicos y advierte: "hace falta paciencia"

Por Redacción Tiempo de San Juan

De pronto, se puso de mal humor. No podía ser: ya le había mostrado al plantel unas cinco veces la misma jugada: un gol de Pepe Sand en un 2 a 2 con San Martín, en San Juan. "¿No ven nada raro acá? ¿No ven algo que está mal?", replicaba, colérico. Nadie se dio cuenta, porque la acción era invisible: mientras el equipo saludaba al goleador implacable, los suplentes salieron disparados al borde del campo, en la otra frontera, desamparados. "El gol era de todos. Pepe -y el resto-, debió enfilar para el banco. Fíjense que a partir de ahí, los festejos fueron colectivos", afirma Jorge Almirón, respaldado en el otro laboratorio del conductor. El que escribe detrás del pizarrón.

"Para mí es mucho más importante la persona que el jugador. Dirigía a un futbolista que tuvo un hijo de joven y enseguida le querían meter un psicólogo y yo sabía que él no quería saber nada. No quería que le invadieran su vida. Es un caso de cientos. Hoy, a los 45 años, estoy en otra situación. Los jugadores, cuando se retiran, es cuando más saben. De juego, de liderazgo. Cuando te vas, es cuando más sabes. Así es la vida. La convivencia es muy importante; los grandes tienen que enseñar", rubrica la sentencia y, como si fuera un acto rutinario, se corta la luz en un bar de Puerto Madero. A las escondidas, con un par de velas cautivas, la charla sigue su curso natural, con su estilo. No tutea, siempre habla 'de usted'. "En el fútbol argentino hace falta paciencia. A Sava lo echaron hace poco y es algo 'normal', ya pasó. ¡Es normal!", se enoja.

-¿El fútbol cambió porque la sociedad cambió?

- Todo tiene que ver. Cuando volví de México, vi un cambio de comportamiento, de vocabulario, de lo que consumimos. Tengo una hija de 11 años, vive en un departamento encerrada. Yo, a esa edad, estaba en la calle, todo el día con la pelota. Aprendí a subirme un árbol, a caerme. Hoy, eso no se puede hacer. En capital, por ejemplo, no salen jugadores, porque no hay más potreros, solo hay escuelitas en sintético. Nosotros teníamos la pelota durante 15 horas por día.

-¿Ahora el desafío es que Lanús juegue cada día un poco mejor?

-Es muy relativo. ¿Qué es jugar mejor? Algunos partidos se puede hacerlo mejor que otros. Por precisión, por un gol, porque superaste a un rival. Con Boca, la otra vez, hicimos dos goles en cuatro minutos. ¿Eso es jugar bien? No. Estuvimos concentrados y las cosas salieron bien. Después, se abrió el partido y con espacios, jugamos mejor.

-Si miramos intensidad, dominio del juego, eficacia, cantidad de situaciones de gol.

-Depende de los jugadores. De una trabada de Velázquez, de la inspiración de Almirón. Pero a veces no sale, el análisis es más amplio. Jugar bien es que el jugador esté concentrado, que sepa aprovechar una situación. Si Cerutti cruzaba mejor aquel remate en la final con San Lorenzo, el primer tiempo habría terminado 1 a 1 y el partido habría sido otro. Una vez, Tigre nos peloteó todo el partido, Monetti fue la figura, tapó como nueve pelotas y ganamos 1 a 0. Los centrales cabecearon 80 pelotas cada uno y Sand corrió como nunca, jugó casi de volante. Eso también es jugar bien.

-¿Qué situaciones puntuales debería cambiar para que no le encuentren la vuelta a Lanús?

-Es difícil, porque el jugador ya se siente con confianza, entonces hay que sumarle pocos conceptos nuevos. No se puede cambiar todo de vuelta. Tengo un equipo que quiere cambiar algunas cosas, está la intención; hay que practicar mucho. Los rivales nos conocen, es cierto. Pero los rivales no pueden pensar todo el tiempo en contrarrestarnos, ellos deben pensar en ganar. Sería muy básico, muy limitado. Sé que me están estudiando, nuestros patrones de salida, por ejemplo.

-Jugar bien, entonces, es adaptarse a lo que pide cada momento.

-Exacto. Es así. El equipo tiene que saber qué hacer. Saber, por ejemplo, jugar con un futbolista menos. También hay que saber sufrir.

-El ambiente destaca la versión artística de Lanús. Usted, sin embargo, resalta otras cuestiones, como la fortuna, la marca...

-Cuando empezó el ciclo, los jugadores enseguida se dieron cuenta que iba a ser un equipo ofensivo. Por las posiciones altas, porque los defensores se abren, porque el arquero juega. Porque todos intentan jugar. Cuando se pone dos volantes creativos y un solo volante de marca y los primeros no sienten la vocación de marcar, es una injusticia total con los compañeros. Un ejemplo: los delanteros van arriba, presionan a los defensores y pierden, los volantes se retrasan y todos trabajan, ¿por qué los delanteros se van a quedar parados? No es justo. Son situaciones que no soporto.

-¿Qué es lo mejor que le puede pasar a un entrenador?

-A mí me llena de satisfacción que Lanús intenta hacer algo que se trabaja. Y que es acompañado por el resultado. Es lo mejor. Asumir riesgos cuando hay un convencimiento. Si sale mal, el responsable soy yo. La culpa es del entrenador siempre.

-¿Qué lugar ocupa la psicología?

-La trabajamos entre todos. Con mis asistentes, con los profes. A los jugadores les gusta correr, pero no todos los días. Depende de muchas cosas, creo en la psicología, un profesional ayuda en todos los planteles; pero en mi caso, cada vez que me entrevisté con uno, no estaba de acuerdo con las críticas a lo anterior. Me dio desconfianza. El psicólogo tiene que estar y no estar.

-¿Qué otras variables utiliza en el cuerpo, en la cabeza?

-Hay nutricionistas, cocineros, los jugadores almuerzan después de las prácticas, está todo previsto. Está de moda la neurociencia, muchos jugadores lo utilizan. Todo sirve.

-¿Se inspiró en los Juegos? ¿Una táctica de algún deporte que se pueda instrumentar?

-Vi cosas interesantes de movimientos de los equipos de handball, voley o básquetbol, pero no lo entiendo bien. Es diferente, porque son deportes que se juegan con las manos; hay roces, muchos bloqueos. Es atractivo, pero no sé si se puede adaptar al fútbol. Pero de todo se puede aprender. Cuando jugaba al voley, yo aprendí a cabecear, por el salto permanente. Más allá de lo conceptual, lo que más me interesa es el manejo de grupo, el liderazgo. Velasco, Hernández, Retegui. ahí yo veo liderazgos marcados para poder aprender.

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