A los 80 años, el maestro internacional de ajedrez, Raimundo
García no planifica armisticios, ni abdicaciones; ese hombre de figura aún
robusta, cada tarde se atreve a librarle batallas a la vida descifrando jaques
frente a un cuadriculado tablero. Desde el último viernes está participando de
la Final del Campeonato Metropolitano Superior, una competencia que se lleva a
cabo en el Palacio de Aguas Corrientes, que organiza la Federación
Metropolitana de Ajedrez con la presencia de 18 jugadores, a los que en algunos
casos cuadriplica en edad.
En las próximas jornadas, García que suma 1 punto luego de
tres ruedas, será rival de jóvenes ajedrecistas, con marcada brecha
generacional: Matías Campos, de 20 años, Rodrigo Artana, 23, Sebastián Iermito,
23, Alex Cuevas, 26, Ivan Balzano, 27, y Diego Pascual, 29, entre otros más.
"Tenga en cuenta que hace casi un año que no juego
torneos y yo con 80 tengo el motor necesitado de ejercicios (risas); por eso se
me escaparon algunas partidas. En la parte estratégica estoy bien, el problema
está en la táctica, en la profundidad del cálculo" contó el maestro García
que en 1963 ganó por primera y única vez el Campeonato Argentino, la principal
prueba del calendario local, y que representó al país en las olimpíadas de ajedrez
en Tel Aviv (1964), La Habana (1966), Lugano (1968) y Skopje (1972).
-¿Y por qué ha jugado poco, se trata de un tema de salud?
-No para nada; afortunadamente me siento muy bien. El tema
pasa porque no hay buenos torneos en la ciudad de Buenos Aires; soy vecino de
Parque Patricios y ahora la actividad se ha volcado a Vicente López, al Club de
Martelli, y en mi caso se me hace muy difícil cruzar toda la capital en
colectivo y retornar de noche a mi casa.
Para quien aún no lo conozca, Raimundo Garcia nació en
Buenos Aires en 1936, se casó con "Teresita" -como llama a la madre
de sus cuatro hijos, Laura, Paula, Raimundo y María-, a la que le juró amor
eterno pero sin traicionar al milenario juego. "Antes de casarme le dije,
mirá que voy a jugar al ajedrez toda mi vida, y si bien nunca le ha gustado que
juegue tanto, ella y toda la familia terminaron aceptándolo" cuenta el
ajedrecista que en 1964 obtuvo el título de maestro internacional, en el
Magistral Ciudad de Buenos Aires, en el que logró empatarle una partida al ex
campeón mundial, el armenio Tigran Petrosian.
-Qué diferencias tiene este Metropolitano, con los que usted
jugaba hace ya medio siglo?
-Jugué varios Metropolitanos, pero no sé si fueron tantos.
Sí creo que antes eran más parejos, con fuertes jugadores y que daba cierto
prestigio participar en ellos. Ahora es de relativa importancia; la
organización de este torneo fue casi milagrosa. La Federación Metropolitana se
está rearmando, ni siquiera tiene actualizado su sitio web, el nombre de su nuevo
presidente es Alejandro Sass. Este joven le pone mucho empeño a la actividad
para reactivarla porque en la ciudad casi no existen los buenos torneos de
ajedrez. Se nota que se preocupó por darle buenas condiciones al certamen,
aunque le faltó mayor difusión porque la comunicación sólo por Facebook, no
alcanza.
-¿Tal vez una forma de jerarquizar la prueba sería que el
campeón metropolitano tuviera una plaza en la final del Argentino Superior, no
le parece?
-Podría ser, pero el sistema de clasificación del Argentino
no fue serio. La semifinal se jugó tipo abierto, y yo creo que debería haber
clasificatorios provinciales, regionales, y que el campeón metropolitano
accediera como mínimo a la semifinal, entre otras cosas más. Pero el tema es
que los que juegan ahora el Metropolitano no tienen mucho Elo (sistema de
puntuación de los ajedrecistas) y si uno se mete en la final tal vez le
complica la fuerza del torneo. En este campeonato metropolitano se destacan,
Liascovich, Iermito y Dolezal, como los jugadores más fuertes, pero el resto
somos de nivel modesto.
Desde que Raimundo García conoció el ajedrez a los 6 años,
allá por 1942 estuvo ligado al estudio y perfeccionamiento del juego;
representó al Club Jaque Mate durante catorce temporadas, y desde 1975 es socio
del centenario Club Argentino de Ajedrez. De sus duelos con maestros
argentinos, recordó: "Sin dudas que el más duro fue Don Miguel, porque uno
con Panno podía jugar y empatar, pero con El Viejo era una lucha a muerte. En
1968 comprendí que mi juego estaba mejorando porque logré varios empates con
Najdorf, hasta que recién en 1969 le pude ganar la primera partida".
-¿Y ahora, a los 80, cómo es su vida junto al ajedrez?
-Me gustaría jugar más seguido, que hubiera más actividad,
porque no tengo problemas ni de concentración, ni de memoria; supongo que debe
ser por tanto años jugando ajedrez. Ahora, en verdad cuando llega la noche me
entretengo viendo películas o jugando a veces con la computadora. Parece
mentira pero no se encuentran torneos a 9 ruedas; una pena que se estén
olvidando de invitar a los más veteranos.
-¿Le queda alguna jugad pendiente de cumplir con el ajedrez?
-Más que pendiente, me gustaría repetir (risas); sería bueno
jugar un Campeonato Mundial Senior, pero para ello primero tengo que jugar y
ganar el Argentino Senior. Ojalá que si este año se organiza, le brinden al
ganador, como en 2015, el pasaje para representar al país. Yo estoy dando mucha
ventaja al jugar en la categoría +65; se notan los 15 años de diferencia; la
FIDE debería incentivar una categoría +75.
Raimundo García, un maestro del tablero que sigue librándole
batalla a los sueños.