Reducir el análisis de la temporada de estreno de Jaguares
en el Super Rugby a cuatro victorias y 11 derrotas sería simplista, pero no
deja de reflejar un balance que estuvo por debajo de las expectativas. Por
capacidad individual y por el juego que la mayoría de los rugbiers había
plasmado en el Mundial, se presagiaba un final mejor. Cabe señalar el atenuante
de que el equipo se encontró con una realidad totalmente desconocida y no supo
manejar cuestiones como los viajes y los cambios de horarios, pero también
tardó en adaptar su juego a lo que demanda la competencia: empezó de manera
excesivamente acelerada, entró a una espiral derrotista que lo afectó
mentalmente y terminó mostrando su mejor cara jugando de manera más
conservadora y con un plantel estable. Una campaña que dejó muchas lecciones
por aprender y una gran experiencia de la cual se debe nutrirse para el futuro,
tanto el de esta franquicia como el del seleccionado nacional.
Las malas
La irregularidad: en general, el equipo rindió debajo de sus
posibilidades. Empezó jugando demasiado acelerado y no definió partidos
favorables. Por momentos falló en la mente y no estuvo a la altura. Sólo cuando
dejó atrás su ambición de rugby total unificó juego y resultado y fue más
homogéneo.
Fallas: se erró en rubros básicos, como el tackle (81,1% de
eficacia) y la obtención (84,7% en el line-out y 87% en el scrum), en los que
fue el 4º peor equipo. Sin eso es difícil construir un plan de juego.
La indisciplina: 8 amarillas (2º en el torneo), 2
expulsiones y 10,2 penales cedidos por partido son demasiada ventaja en este
nivel.
Las derrotas: no parecía descabellado aspirar a los
playoffs, pero quedaron muy lejos. Hay cuestiones sencillas por corregir, como
ir a Sudáfrica tres semanas antes del debut, y otras complejas, como rotar
tanto. Las caídas repercutieron en los Pumas.
El recambio: el equipo se resintió cuando recurrió a los
menos experimentados. En la primera y la segunda líneas, el medio-scrum y los
centros está lejos de tener tres jugadores por puesto.
El amateurismo: que hubiera tantos amateurs no se condice
con el hiperprofesionalismo del Super Rugby. Las reglas deberían ser parejas
para todos y las excepciones deberían ser eso. Si no, casos como el de Joaquín
Paz (jugó 5 partidos sin contrato y se fue a Calvisano, de Italia) pueden
multiplicarse.
Las buenas
Roce internacional: el solo estar en el Super Rugby ya es
positivo. Ensayar juntos todas las semanas y jugar cada sábado contra los
mejores con el estilo que se busca no puede sino traer dividendos a largo
plazo, para cuando el plantel actúe como los Pumas.
Momentos de gran rugby: al margen de haber perdido 11 de los
15 partidos, Jaguares mostró por momentos estar a la altura de los mejores,
como en la victoria sobre Bulls y las derrotas ante Chiefs, Sharks, Blues y
Stormers.
Se amplía la base: por estrategia y por fuerza mayor
(lesiones, suspensiones), Raúl Pérez utilizó 41 jugadores; muchos no tenían
experiencia en este nivel y sí pasado reciente en los Pumitas (Pieretto,
Gigena, Larrague, Kremer, Arregui y Boffelli).
Crecimiento individual: cada uno de los 41 Jaguares es mejor
hoy que antes de esta competencia y perfeccionó sus destrezas, fundamentales en
el rugby actual.
Apariciones y confirmaciones: Isa, Matera, Lavanini,
Boffelli (el surgimiento más resonante), Landajo y Sánchez fueron los más
destacados. Cordero comenzó fulgurante pero se apagó tras el accidente vial. De
los nuevos, además de Boffelli cumplieron García Botta y Lezana.
El público apoyó: si Jaguares hubiera sido local en el CASI,
como se pretendía, el lugar habría quedado chico. Las caídas conspiraron para
mantener las 18.000 personas del debut, pero el promedio de 13.000 no es malo.