Uno de los episodios más extraños del boxeo se vivió hace 19
años. El 28 de junio de 1997 en el MGM Grand Arena de Las Vegas, Evander
Holyfield, campeón reinante de los pesados le otorgaba la revancha a Mike
Tyson. Un combate esperado y en el que se deseaba mucha acción, pero que
terminó con una gran bronca ocasionada por una mordida.
El primer combate tuvo su dosis de polémica, pues para
muchos, Holyfield debió ser descalificado por propinar demasiados cabezazos a
Tyson. La batalla terminó por nocaut técnico en el round 11, con una gran
decepción por parte de la gente de ‘Iron Mike’ y la revancha fue reclamada,
pues sentían que no se había hecho justicia.
Así, llegó el día pactado, la pelea se denominó: "el sonido
y la furia”, todo indicaba que se presenciaría una pelea épica entre dos de los
más grandes peleadores de todos los tiempos en la categoría de peso completo.
Las bolsas rompieron récord: Tyson, retador, recibió 30 millones de dólares y
el campeón Evander Holyfield tuvo una ganancia de 35 millones, para establecer
una nueva marca.
Todo, hasta el pago por evento, rompió récords en este
combate, al ser adquirido por 1.99 millones de televidentes, es decir: una gran
fiesta se esperaba en el cuadrilátero de Las Vegas, pues era el combate más
esperado en ese momento.
Los dos primeros episodios transcurrieron con relativa
tranquilidad, aunque los cabezazos de Holyfield comenzaron a ser acusados por
Tyson, quien le reclamó al referee Mills Lane que incluso ya le había abierto
la ceja derecha, sin que este se inmutara. En el segundo, el boxeo prevaleció hasta
los últimos segundos, pero vino un nuevo golpe con la cabeza por parte del
campeón.
La actitud del entonces monarca ya tenía enfurecido a Tyson,
quien en el tercer asalto lanzó una mordida a Holyfield y le arrancó un trozo
de la oreja derecha. En cuanto sintió la mordida, el campeón saltó y le reclamó
a su rival, Tyson le respondió con un empujón. El tercero sobre la superficie
intentó arreglar el desaguisado, pero ‘el chico dinamita’ lo volvió a hacer.
Acto seguido, las esquinas de ambos peleadores entraron al
cuadrilátero y se armó una bronca monumental en la que incluso participó la
policía para frenar a los rijosos. Al
final de la pelea, ya en los vestidores Tyson justificó la mordida y mostraba
una profunda herida en la ceja derecha: "¿qué creen que voy a decirle a mis
hijos cuando llegue a mi casa así?”, cuestionaba molesto.
Holyfield por su parte, lucía tranquilo y afirmaba que ya
había perdonado a Tyson. Años después ambos pugilistas se reencontraron en un
comercial en el que Mike Tyson le regresaba la oreja en una caja y le daba un
abrazo a ‘The real deal”.
Actualmente ambos se llevan muy bien y hasta bromean con el
hecho, pero definitivamente esa mordida del 28 de junio de 1997 marcó un antes
y un después en la historia de los pesos
completos.