La ciudad deportiva de Real Madrid en Valdebebas suele ser
una fortaleza casi infranqueable para la prensa. En semana de competencia
normal, las puertas de este enorme predio a bajo nivel, custodiado por una leve
colina a un costado, sólo se abren una vez durante 15 minutos para la conferencia
de prensa de Zinedine Zidane. No hay posibilidades de presenciar
entrenamientos. El plantel practica a salvo de ojos curiosos. Ayer fue distinto
porque el poderoso Real Madrid tuvo que acatar la jornada de Media Day (día
para los medios) dispuesta por la UEFA con motivo de la final del sábado ante
Atlético Madrid por la Liga de Campeones. Y periodistas, fotógrafos y camarógrafos
entraron por centenares desde las 9 y permanecieron hasta pasadas las 15.
Toda esa legión de comunicadores presenciamos en directo y a
pocos metros algo que se propagó al instante por medios y redes sociales, y que
seguramente desde el club se hubiera ocultado si mantenía su hermetismo
habitual: Cristiano Ronaldo en el piso, dolorido en la parte superior del muslo
izquierdo, tras chocar con el arquero Casilla en el final de la práctica. Ni
bien cayó el portugués sobre un césped que de tan perfecto parece artificial
(en el fútbol argentino sería un espejismo el estado de estos campos de
entrenamiento), el doctor Olmo y dos asistentes corrieron a atenderlo con la
celeridad del que acude en ayuda de alguien que fue atropellado por un
automóvil. La mayor figura de Real Madrid y símbolo del plan estratégico del
presidente Florentino Pérez ameritaba semejante reacción y preocupación.
Una hora después, pasado el mediodía, Cristiano se paró
frente a un micrófono sobre una plataforma, desde la que contestó las preguntas
con la postura erguida de quien se sube a un pedestal. Brazos en jarra, lo
último que quería era transmitir una imagen doliente, de incertidumbre.
Obviamente, sus primeras palabras fueron sobre la contusión sufrida: "Fue
un pequeño susto, un pequeño 'bocadillo' (golpe), pero estaré bien para el
sábado. Me siento bien preparado, seguro que el sábado estaré en mi mejor
nivel".
Este inconveniente físico, aparentemente menor, se suma a
otro que arrastraba: una molestia en el bíceps femoral derecho que le impidió
participar en el entrenamiento del sábado y que lo obligó a sesiones de masajes
y fisioterapia. El portugués, de 31 años y en su séptima temporada en el club
español, estima que el final de temporada le está pasando factura: "Jugué
más que nunca, más de 4000 minutos. Uff, un montón. Tengo gente cercana que me
dice: 'Mira Cris, ya no tienes 20 años', pero yo, en mi cabeza, me sigo
considerando un chaval. Yo me digo que quiero aprender, a regular un poco más,
pero las ansias por jugar son mayores". Esa ambición por estar siempre lo
llevó a participar en varios partidos de la Liga de España que no eran
importantes para Real Madrid, pero sí para él en su objetivo de superar a Luis
Suárez en la tabla de goleadores y ser Botín de Oro de la temporada. Sus 35 goles
no le alcanzaron; quedó cuatro por debajo del uruguayo.
Hay frases de Cristiano que suenan tan contundentes como sus
remates. "El sábado vamos a levantar la copa, es el partido de nuestras
vidas", o "Real Madrid es mejor que el Atlético, pero hay que demostrarlo
con una noche perfecta", o "perder la final sería un fracaso, pero
vamos a ganar", o "no me importa (lo que ganó) Barcelona". Sobre
el desarrollo del encuentro vaticinó: "Será difícil, con pocas
oportunidades, porque ellos juegan con muchas futbolistas detrás del
balón".
Será la cuarta final de Liga de Campeones para CR. En las
dos que marcó (2008 con Manchester United y 2014 con Real Madrid) terminó
festejando el título. No lo hizo en la de 2009, cuando con el conjunto inglés
cayó frente al Barcelona de Messi y Guardiola. Mucho se dijo sobre su festejo
desmesurado tras convertir el penal del 4-1 en el último minuto del
suplementario frente al equipo de Diego Simeone en Lisboa. Luego trascendió que
tanto frenesí (se sacó la camiseta en la corrida) era funcional a las imágenes
que se estaban grabando para una película sobre él.
Esta temporada, por todas las competencias oficiales, suma
51 goles, con lo cual, por sexto ejercicio en Real Madrid, superó el medio
centenar de tantos. Su récord es del curso anterior, con 61 goles, con el
Mundial de Clubes (ganado a San Lorenzo) y la Supercopa de Europa como títulos
colectivos.
Inevitable las comparaciones con Messi, en los últimos dos
años se distanció del rosarino como goleador histórico de la Champions League:
94 contra 83. Y además tiene la plusmarca para una edición: 17, en la anterior.
Ahora va por 16, pero a Cristiano no le interesa competir contra sí mismo:
"El récord seguirá siendo mío", dijo ayer, altivo, antes de salir de
la mirada cercana de la prensa. En las próximas horas, para saber algo más de
su lesión habrá que revisar las fotos que sube en Instagram desde su mansión en
La Finca.