Una fotografía perfecta. Arboleda, barro, caballos y verde
en todos los rincones: el predio Rancho Taxco, en Tristán Suárez, representa la
frescura natural del campo. UAI Urquiza, un entusiasta equipo de la Primera B,
se entrena entre otras canchas que respiran deporte: rugby, hockey, handball.
Los jóvenes aprenden viejas tácticas y renovados conceptos de una voz
experimentada, académica. Roberto Marcos Saporiti les enseña a jugar. En el
fútbol y en la vida. "Lo mío es una mezcla de pasión, de locura y también,
de docencia y aprendizaje. Yo sigo aprendiendo todos los días, eso es un elemento
muy valioso en la última etapa de la vida. Leo mucho, siempre lo hago. Y una
vez me quedó una frase que es de cabecera. ?El hombre sin desafíos se va
muriendo de a poco'. Este es un desafío muy importante para mí y para la
institución. Sigo en el fútbol para demorar un poco la muerte. El fútbol no es
de viejos ni de jóvenes, es para todos, como la vida", reflexiona el
conductor, lúcido y vigente. Cumplirá mañana 77 años, siempre rodeado de
balones, el oxígeno de sus venas.
"Todo esto me hace revivir, me renueva la energía.
Estar en contacto con la juventud, manejar otro idioma, aunque manteniendo la
esencia, lo que yo creo. A través de eso, me veo muy bien. Me levanto con
ganas, con una fuerza increíble. Viajo de casa, que es en Martínez, hasta acá,
todos los días, casi dos horas... El objetivo número uno es mantener al equipo
en la categoría", cuenta el hombre, sentado bajo un árbol, un escondite
ideal para la charla distendida.
Roberto descansa poco, se levanta todos los días a las 6.15.
Una ducha fugaz y a las 7 sale para la cancha. Un rato antes, desayuna con
Liliana, un amor de cincuenta años. "Ella me dice que me cambió la cara,
que estoy más juvenil... Me siento vivo, con ganas", se apasiona, prólogo
de una travesía futbolera, nostálgica y vigente.
-¿Entendés a los que a tu edad juegan a las cartas en la
plaza o se quedan en casa viendo la vida pasar?
-Los entiendo, pero yo les diría que la vida se trata de
encontrar nuevos desafíos. No hay que quedarse viendo la televisión, hay que
estar en la sociedad, hay que participar. Hay que darle fuerza, por ejemplo, a
crear un verdadero ministerio de deportes y que se ocupen desde ese lugar de la
tercera edad y de la juventud. El resto, se defiende solo. El deporte es
fundamental.
-¿Cómo estás de salud?
-Muy bien. El Flaco Menotti y el Coco Basile me dicen que lo
único que me falta es que quiera jugar de nuevo... (se ríe). Mirá, cuatro veces
a la semana me muevo durante una hora, hora y media. Corro por San Isidro, ando
en bicicleta, un poco de musculación, todo controlado.
-¿El deporte genera energía, le da otro impulso a los días?
-Exacto. El otro día, en la charla con los jugadores, les
hablaba de dónde estamos y hacia dónde vamos. Les contaba que yo me animé a
esto porque creo que se puede salir, hay que creer. Me siento igual que cuando
estuve en Talleres, Argentinos, Boca, San Lorenzo, en México, en Colombia...
Estoy con las mismas ganas que cuando estuve en la selección con el Flaco
Menotti. Yo me ocupaba del calendario internacional, con Rodolfo Kralj, ahí
empezó todo. Se mantiene la pasión. El aprendizaje es el mismo a esos ocho años
que estuve al lado del Flaco, que fue mi maestro.
-¿Y por qué elegiste la UAI Urquiza?
-Entrenar acá es un placer: tengo todo lo que necesito. Es
raro verme en la tercera división del fútbol argentino, pero la UAI Urquiza
tiene un proyecto en serio, en siete años cambió nada más que tres técnicos y
esos hombres se fueron porque así lo quisieron. Yo hacía casi seis meses que
coordinaba las divisiones menores, veía los partidos; miraba, estudiaba, hasta
que me llamaron por la salida de Germán Portanova.... Quiero seguir siendo
útil.
-¿Afecta en algo la diferencia generacional? ¿Los jóvenes te
escuchan?
-El mundo cambió en todo sentido. No sé si el ser humano
está preparado para todo lo que cambió; es increíble. Es una moda que haya
entrenadores de 40 años en primera, pero yo me pregunto: ¿a los que no les va
bien, se les acaba la carrera? No. Todos aprendemos todo el tiempo. En Europa
hay entrenadores grandes. De joven, cuando estuve con los juveniles, trabajaba
con Ernesto Ducchini, que en esa época tenía casi 70 años. Hay que aprovechar
la experiencia. Fijate España: su mejor etapa empezó con Aragonés, una persona
mayor. Dejó un mensaje, que después fue captado por el mundo.
-¿No se valora la experiencia en nuestro medio?
-Nunca. Acá tuvimos dos campeones del mundo, con dos miradas
opuestas: Menotti y Bilardo. No me meto en la disputa, pero Bilardo tuvo siete,
ocho años en las selecciones nacionales..., ¿no será el tiempo de Menotti?
Alguien lo tiene que escuchar, hay que aprovecharlo. Es la voz de la
experiencia.
-¿Crees que a Menotti lo dejaron a un costado?
-No sé, pero está afuera. Si yo fuera el futuro presidente
de la AFA, lo convoco. A Bielsa, a Basile, a Griguol (aunque está un poco
apartado), no hay que dejar de escucharlos. El futuro está basado en los
jóvenes, pero la experiencia debe respaldar ese camino. Mi cuerpo técnico tiene
un promedio de 35 años. Hace falta sapiencia y energía.
Si no patea pelotas sobre el césped, lee historias sobre el
diván. Vargas Llosa, Borges, hasta Ardizzone, si se inclina por el balón. De
joven, cuando anduvo por Europa, -Portugal, Francia y Bélgica- en un principio
se sintió como "un analfabeto". Allí, se hizo hombre y se recibió de
entrenador. En ese tiempo, descubrió a Ajax: iba a ver los entrenamientos de
esa revolución con una libreta y un bolígrafo. Anotaba todo. Curioso, también
recorría los museos. Y ahora, para gambetear la incertidumbre existencial tan
nuestra, ahorra y se arriesga en emprendimientos en la construcción. "Pero
siempre fui austero. Todo para mis dos hijas y mis nietos", advierte,
amable.
-Este desafío no pasa por lo económico, evidentemente.
-Gracias a Dios, no. Lo que me queda de vida, no necesito
nada. Esto es por pasión, lo saben todos acá, hasta el rector de la
Universidad. Pasión pura. En las charlas con los jugadores -que son cortas,
porque si no, se cansan rápido-, les digo que hay que cuidar el prestigio. Y
nadie mejor que cada uno de ellos para cuidarlo. Eso se enseña. Para cuidarme a
mí, tengo que protegerlos a ellos. Es parte de la docencia.
-¿Vas a dirigir hasta el último día?
-El jugador no muere nunca: yo sigo pensando como un
futbolista. Si sigo metido en el fútbol, no voy a morir nunca.
Sonríe Saporiti, con la energía de un pibe, rodeado de
naturaleza, deporte y porvenir. "El desafío de la vida es seguir
aprendiendo", asume. Y en eso anda, todos los días.