"Después del segundo gol nos desarmamos y se
nos hizo más complicado. El problema es de la cabeza, no sabemos a qué jugamos.
Nos cuesta levantarnos después de un golpe", confesó Lionel Messi el
jueves pasado, cuando la goleada 3-0 sufrida ante Brasil en Belo Horizonte
hacía carne en el ánimo del grupo. La última de sus frases fue repetida por
algunos de sus compañeros en las entrañas del estadio. Fue el último contacto
con la prensa y con la gente. La selección argentina se encerró, entró en el
cono del silencio y no hay gags para reírse de ello como sucedía con el Súper
Agente 86. Los jugadores no hablan, pero transmiten desde su expresión
corporal.
¿Por qué eligieron el silencio? Parece ser un escudo contra
las críticas y los malos resultados en esta etapa de las eliminatorias
sudamericanas. Durante el domingo estaba previsto que dos futbolistas
asistieran a la conferencia en Ezeiza, pero apareció Edgardo Bauza. El DT salió
a poner el pecho por el grupo y adelantó un día lo que estaba previsto para
esta tarde, tras la última práctica, en el Estadio del Bicentenario, allí donde
jugará con Colombia. Todo terminó siendo hermético allí también, a puertas
cerradas. Igual iba a suceder ayer con el equipo cafetero en la cancha de San
Martín, pero José Pekerman autorizó a ingresar a las tribunas a unos 100
colombianos que esperaban ver a sus estrellas.
Como al llegar al hotel al mediodía, tras un vuelo que tuvo
más turbulencias de las habituales, tampoco al salir para el estadio por la
tarde hubo buena comunión entre los jugadores y el público. Detrás de los
vallados, bajo el agobiante calor sanjuanino, hubo frialdad. Se esperaban
gestos cómplices, fotos, autógrafos, algún acercamiento. Muy pocos se animaron
a la protesta. Es más, unos obreros dejaron su lugar para subirse a un techo y
saludarlos desde allí. El plantel se mostró desconectado. Muy pocos se animaron
al saludo, apenas una mano levantada a la distancia. Un cuadro desapasionado,
en vísperas de un partido clave.
¿Es posible que a futbolistas de gran experiencia y
trayectoria les haga tanto daño las críticas como para no hacer declaraciones o
acercarse a los hinchas? Se entiende que puedan estar molestos, claro. Acaso
sienten que no se valoriza haber llegado a tres finales en los últimos tres
años. Tal vez la respuesta que estén guardando sea la que esperan quienes
rodearon una y otra vez el hotel en el que se hospeda el plantel y los que
colmarán la cancha (quedan pocas entradas). Tal vez, en el vestuario y
concentrados en lo que se viene, se juramentaron hablar en la cancha, con buen
juego y con goles. Están a tiempo.