Se crió en Desamparados, heredando de su papá no sólo el nombre y apellido sino también la pasión por el fútbol y por los colores del puyutano. Su viejo lo empujó al éxito de la mano de la redonda, fue quien más creyó en él y a veces prefería al Kili entrenando antes que ayudándolo en sus trabajos en la metalúrgica. Y Miguel Arrieta no lo defraudó, vivió todas con Sportivo Desamparados y hoy con 40 años, se despidió como todo un ídolo de la institución.
"Mi papá Miguel jugó hasta la Cuarta en Desamparados. Me llevaba siempre a la escuelita, quería que perseverara y pudiera tener una buena disciplina y buen rendimiento. Él siempre me apoyó, siempre quiso que jugara. Sin él no hubiese llegado hasta acá”, expresa el jugador.
Se retiró hace unas semanas del fútbol local, aplaudido y elogiado por todos. El Kili sin dudas es un símbolo de Puyuta, sinónimo de sacrificio dentro y fuera de la cancha.
Su historia con el club empezó cuando era chiquito y se inició en la escuelita de fútbol. Vivió el descenso de 1997 en el Argentino A y simultáneamente a la B Local. Además fue protagonista del equipo que en el 2004 ganó el Argentino B y volvió nuevamente a la tercera categoría del fútbol argentino.
En Desamparados vivió todas, hasta la experiencia de cobrar su primer sueldo como futbolista: "Con esa plata me compré un centro musical, mientras mis compañeros lo gastaban en cumpleaños. Escuchaba Miguel Mateos, Charly García o Roxette (risas). Ahora me gastan en los vestuarios porque escuchan otros músicos, no me dejan de joder”.
Otra de las experiencias inolvidables para Miguel fue vestir nada más y nada menos que los colores del archirival de Desamparados: San Martín. Cuenta que aquellos dos años fueron raros aunque el fanatismo supo dejarlo afuera del Hilario Sánchez para poder manejar la situación con total profesionalismo. "Fue un lindo desafío, sabía que debía tomar otro camino. Siempre había una rivalidad pero uno en lo personal siempre quería hacer las cosas bien, en la cancha defender los colores del club en el que estabas. Los sentimientos quedaban a un costado, aunque te tira la camiseta, dentro de la cancha se olvida”.
ta que en los clásicos a veces recibía insultos, sobre todo por parte de la hinchada puyutana: "Era raro enfrentar a Sportivo, mi cuñado y mis compañeros estaban enfrente. Se me corrían las lágrimas. Pero debía defender a muerte el club en donde estaba. Algunos me puteaban pero quedaba al margen. En San Martín siempre se portaron bien, me brindaron mucho apoyo sin importar de donde venía yo”
En el club de sus amores no todo fue color de rosas. Recordó aquella vez que pasó varios meses sin cobrar, sustentando a su familia con la ayuda económica que recibía de sus familiares. "Estuve seis meses entrenando y sin cobrar nada, pero así y todo jamás dejé de jugar. Mi señora me bancó mucho, sobre todo en esas situaciones, en las que tuve que hacerme más fuerte”, confiesa.
El Kili está casado con Elisa desde hace 15 años y tiene dos hijos, Taina y Santino, su gran heredero en las canchas. Dice que su familia fue un sostén importante en el fútbol y también una de las razones por las que colgó los botines. Según expresa, su trabajo en la Legislatura y el ser futbolista y entrenador de las categorías inferiores del Víbora, le demandaban mucho tiempo y no disfrutaba estar junto a sus seres queridos. "Lo venía analizando desde hace un año. Era mucho en cuanto a lo físico, había mucha exigencia. Además porque tengo una familia y quiero disfrutarla. A veces mi hijo me dice ´vení, juguemos o demos unos pases´ y yo no tengo tiempo. Ahora será distinto”.
El Kil ya e retiró en la última fecha del Oficial pero lo hará oficialmente en su partido homenaje, el sábado 19 de diciembre en el Serpentario. Allí estarán presentes grandes glorias de Sportivo, algunos ex compañeros de Arrieta. Además, la despedida servirá para hacer beneficencia, ya que la entrada será para colaborar con la escuelita de fútbol que viaja a Río Negro el próximo año. "Es difícil el retiro pero me están apoyando en todos los sentidos. Espero asimilarlo de otra manera. No sé qué pueda pasar cuando esté afuera de las canchas y vea al plantel jugar. Sé que algo costará”, dijo.