Del Potro, entre la incertidumbre por volver y las escondidas en Miami

El tandilense, que sólo jugó 14 partidos ATP en las últimas dos temporadas, se entrena bajo un fuerte hermetismo, sin querer mostrarse; perdura la incertidumbre de su regreso.
domingo, 25 de octubre de 2015 · 09:41

Pegajosa humedad. Mosquitos. Viento, mucho viento. En el Crandon Park Tennis Center, a diferencia de los días en los que se juega el Masters 1000 de Miami, no hay carpas comerciales, ni autos lujosos en exhibición y hasta las torres extras de iluminación del court central yacen afuera sobre el cemento, algo corroídas. Se percibe un cuidado descuido: hojas de palmeras caídas, canchas a medio pintar, baños cerrados. También muchas de las lagartijas habituales. No hay seguridad ni controles de tickets; no es necesario.

Juan Martín del Potro celebró sus 27 años el 23 de septiembre. Y a los pocos días, cambió la primavera argentina por el clima subtropical de la Florida. Junto con un puñado de amigos se instaló en una torre de Brickell, la zona bancaria y financiera de la ciudad, con altos condominios de cobertura espejada. Un área con buenos restaurantes, elegida por gran parte de los tenistas cuando se disputa el Miami Open. También lo acompañó el kinesiólogo Matías Apodaca, conocido en el mundo del rugby por sus tareas en el CASI.

En las últimas dos temporadas el tandilense sólo jugó 14 partidos ATP, ya que debió someterse a tres cirugías en la muñeca izquierda, todas en Rochester, Minnesota; la última, en junio pasado. Llegó a Miami para profundizar sus trabajos físicos y, sobre todo, reencontrarse con la raqueta. En una ciudad en la que para los residentes es usual ver a Ricky Martin haciendo compras en el supermercado, a Jennifer López caminando sin apuro por Collins Avenue y a más de una estrella de Miami Heat haciendo cola como cualquier persona normal ante una cafetería, Del Potro optó por un perfil muy bajo y reservado. Su incomodidad creció al conocer que LA NACIÓN estaba en Miami para seguir sus pasos. El jugador optó por cambiar sus rutinas y convertirse en inhallable.

Miami es el mismo sitio en el que se instaló Franco Davin, quien fue su entrenador entre 2008 y hasta hace poco tiempo, y que hoy trabaja con Grigor Dimitrov. Pero ellos casi no se cruzan; cada uno está en su tarea. Del Potro, especialmente, acentuó su rutina física en Miami. Pasa numerosas horas en el gimnasio del edificio donde vive. Prácticamente nunca falta la música en los trabajos con pesas: Ciro y los Persas, Bruce Springsteen y temas electrónicos para no aflojar el ritmo. También, como hace un año en los balnearios de Cariló, el ex número 4 del mundo hizo ejercicios de resistencia en la arena, en las playas de South Beach y Crandon Park. También se lo observó jugando al fútbol 11 con amigos y atravesando al trote el puente William Powell, que une el continente con Virginia Key Beach Park, un banco de arena anterior a Key Biscayne.

Una de las mayores alegrías de Del Potro desde que llegó fue haber empuñado la raqueta. Es la misma raqueta sin cosmética que la firma que lo patrocina le diseñó en forma exclusiva y que no había podido utilizar demasiado. Del Potro encontró en el venezolano Jimy Szymanski, de 40 años, una rueda de auxilio para ensayar los primeros golpes. Ex número 160 y ex jugador de Copa Davis, el caraqueño vive en Key Biscayne, tiene buena relación con el argentino y fue su sparring en las canchas del Crandon Park y en las del complejo de departamentos Key Colony, a pocos minutos de allí, donde, por ejemplo, Gabriela Sabatini hizo parte de su preparación para la exhibición que jugó en marzo en Nueva York. Del Potro y Szymanski empezaron entrenando durante 30 minutos, pero la intensidad fue aumentando y hoy la práctica alcanza una hora, a veces un poco más también, pero con buen ritmo. De revés, el tandilense sólo golpea con slice y a veces también con top spin, aunque en forma circunstancial. No es una opción seria para el futuro.

Es Szymanski quien, tras un aviso de Del Potro, se encarga de alquilar por teléfono la cancha en el Crandon Park. Por lo general utilizan la número 10. Allí, el miércoles, unos juniors checos que estaban en el club (son los que aparecen en un video que el tenista publicó en las redes sociales), lo vieron practicar y se llevaron algunos autógrafos. "Es un chico agradable. Yo tengo una foto con él. Viene, juegan con su entrenador (en referencia a Szymanski) y se van", apuntó Elizabeth, empleada del centro público donde se juega el torneo que en algún momento fue considerado el quinto Grand Slam. Fue la misma Elizabeth quien, en más de una oportunidad, anotó el alquiler en la planilla. A medida que la semana fue avanzando, el tandilense hizo movimientos como para desconcertar, al punto de avisarle a Szymanski casi sobre la hora de prácticas imprevistas.

Su obsesión por ocultarse se reflejó en una situación en el edificio donde vive: el lunes, el personal de Valet Parking afirmó: "sí, lo vimos"; el martes, las mismas personas dijeron: "no sabemos de quién se trata".

El regreso de Del Potro a la Argentina es inminente. Después de descansar el fin de semana y, quizás, de visitar algún parque de Orlando, visitaría al cirujano Richard Berger. Ese será un encuentro importante, porque allí podría obtener el aval para empezar a pegar el revés de dos manos, el golpe que exige la zona operada. Se descuenta que luego volverá para presenciar en un palco de la Bombonera el partido contra Tigre que puede consagrar a Boca en el campeonato local.

En diciembre de 2012, en un salón del Buenos Aires Lawn Tennis Club y ante un grupo de periodistas, tras los enfrentamientos con la Asociación Argentina de Tenis y algunos integrantes del equipo de Copa Davis, Del Potro reconoció falencias para informar y que sus silencios lo habían perjudicado. Pero sigue cayendo en algunas de esas mismas trampas. Es llamativo, porque cuando habla, su discurso suele ser rico en conceptos. En Miami nada ni nadie lo perturba o lo sigue con fanatismo; sólo algún que otro argentino en un shopping puede ser lo más parecido a una situación de acoso. El contexto se prestaba para romper cadenas, para compartir qué siente, qué piensa, qué aventura, qué estilo de entrenador buscará una vez que, como muchos confían, vuelva a jugar. Pero las preguntas siguen sin respuesta.

Del Potro está intentando volver, aunque todavía la incertidumbre existe y le falta bastante para lograrlo. En las fotos y videos que publica luce en buena forma física, pero resta saber cómo le responderá la muñeca izquierda. Con su estilo huidizo y escasa comunicación, Del Potro sigue siendo el mismo que es un deportista de elite que hizo vibrar a mucha gente con sus raquetazos. Todos quieren saber más de él. Más de lo que muestra.

 

 

 

(Fuente: Cancha  Llena) 

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