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Endurance

Jinete con corona y pasta de campeón

Nicolás Margarit se perfila como la promesa de la práctica que monta caballos y resiste grandes distancias. Campeón sanjuanino, que llegó a ser tercero en competencias internacionales, busca ser el mejor de todos y asegura que, hasta lograrlo, no descansará.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Luz Ochoa

Con ocho años, se subió por primera vez a un caballo y aquel momento inolvidable cambiaría su vida. Emoción por el estreno, exaltación por su jovialidad, vaya a saber qué fue. Miles de posibilidades y millones de especulaciones, sólo él lo sabrá. Lo cierto es que lo que ocurrió con él fue mágico y suficiente como para enamorarlo de los equinos para siempre.

Y esos fueron sus inicios, sus primeros pasos, sus primeros tropeles montando a su amigo con rasgos árabes de atleta campeón. Un compañero con el que compartiría la adrenalina, el esfuerzo y el disfrute de atravesar campos y cruzar metas. “Son muchos kilómetros los que se recorren con el animal. Él tiene que estar bien preparado físicamente como para soportar semejantes tramos”, asegura Nicolás.

Un pibe que mide más de un metro ochenta, que más que un jinete parece un nueve de área, un punta receptor o un ala pivote, también se mantiene en forma como para resistir las carreras que suelen durar entre cuatro y cinco horas, dependiendo de cuantos kilómetros haya en juego. “Entreno tres veces por semana en el gimnasio y ejercito piernas, espalda y brazos, músculos que trabajan durante una carrera”, explica el campeón sanjuanino.

Su compañero es J.J Santino y, junto a él, protagonizó intensas carreras, en las que casi siempre terminaron victoriosos. Forman un equipo ideal, un binomio que combina potencia con inteligencia y se come los kilómetros que tiene por delante. “Al caballo hay que saber llevarlo. Controlar los tiempos, el ritmo. No es tan fácil como parece. Ese es el secreto del endurance”, asegura el mejor de su categoría en la provincia.

Totalmente compenetrado con el deporte que practica, Nico cuenta que también probó con otros deportes, pero sin suerte, porque ninguno le gustó tanto como cabalgar. “Jugué al fútbol en Peñarol. Tenía el nueve en la espalda y decían que jugaba bien, pero sentía que no era lo mío”, confiesa.

Siempre como hobby, los caballos hicieron que se interesara mucho por ellos, al punto de decidir ser veterinario cuando llegue el momento de estudiar una carrera. “Paso todo el tiempo con ellos. Me gustan, son animales muy tranquilos y quisiera aprender más”, asegura el jinete que se subió al podio en una competencia internacional hace un mes en Junín.

Tranquilo, como se muestra, cuentan que es un don que le transmite a su compañero cada vez que éste despotrica. Le habla, lo calma, lo comprende. Una química que pocos entienden, pero que al binomio campeón le basta como para salir y comerse “la cancha”.

“Quiero sumar kilómetros”, asevera el jinete de Médano de Oro y explica: “Hoy compito en cuarenta 40km, que se dan en dos etapas de 20. Mi idea es llegar a los 80 y luego pasar a los 120. Sé que es complicado, pero no imposible. Todo, con entrenamiento y disciplina, se logra”.
Aunque compite en planos profesionales nacionales e internacionales, la promesa del endurance quiere llegar con su compañero más lejos todavía. “Dejar bien alto el nombre del país es a lo que siempre apuntamos. Ojalá algún día podamos ser los mejores”. Y a los expectantes, no se preocupen, está en eso. 
          
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