Se mueve con una destreza única, va de acá para allá con su silla de ruedas como si el vehículo fuera una extensión de su cuerpo. No en vano dice constantemente que la silla representa una segunda oportunidad para vivir. Con esa forma particular de ver la vida, Martin Arregui se gana la admiración de todo aquel que se tope en su camino, un camino sinuoso que lo ayudó a encontrar la felicidad plena. El rubio es de Buenos Aires y se dedica a dar charlas en todo el país a personas que tienen discapacidades motrices. El lunes 27 de mayo arribó a San Juan para dar un curso de la Fundación que preside, Vida Independiente.
Para Martín, como para cualquier mortal sobre esta tierra, saber que no iba a poder caminar más lo dejó en estado de shock. Él, que siempre fue un pibe deportista e independiente, no podía creer lo que le estaba pasando y se preguntaba por qué a mí. Los pensamientos negativos se adueñaron de él a tal punto que lo único que deseaba era morirse. Luego de reflexionar pudo ver más allá de su imposibilidad, y descubrió en la silla de ruedas una segunda oportunidad para vivir. Cuando cuenta su historia, no se percibe la voz de un tipo enojado, sino palabras de un hombre optimista, sin rencores.
Al principio tropezó varias veces, pero esos tropiezos nunca lo detuvieron. Con obstinación y con la fuerte convicción de salir adelante, Martín buscó ser lo más independiente posible.
Empezó a informarse sobre las posibilidades reales que le daban sus nuevas piernas: la silla de ruedas. Al verlo andar en su silla, no se perciben limitaciones, sube la rampa del Hogar de Ancianos (sede del curso) como si nada, anda por los pasillos a una velocidad sorprendente y usa sus brazos con tanta destreza que es imposible pensar que algo podría amedrentarlo.
Sin la posibilidad de mover sus piernas, lo mismo Arregui hizo parapente, buceo, paracaidismo y quad rugby. Este último deporte es el que le quita el sueño, incluso llegó a participar en diversas competencias deportivas alrededor del mundo.
Su deseo de ser independiente lo llevó a buscar información sobre la Fundación Vida Independiente, destinada a ayudar a personas con discapacidades motrices. La agrupación surgió en Estados Unidos en 1970, para ayudar a personas que quedaron invalidas en la guerra de Vietnam. En el 2003, el hombre partió a México para participar de una reunión de la fundación, un año después la trajo a Argentina. Desde el 2004 en adelante ha recorrido el país, ayudando a darle independencia a miles de personas.
Su silla le abrió los horizontes y también lo abrió al amor. Martín se casó con Natalia y juntos tuvieron a su pequeña hija, Chiara, de tan solo tres años. El hombre cumple una rutina normal, lleva a su hija al colegio, como cualquier papá. “Llevo a mi nena al jardín todos los días aunque me demore 50 minutos más porque primero debo subirla a ella, dejar la silla de ruedas en el auto, manejar y luego repetir el proceso a la inversa para llegar hasta mi casa”, explica.
Martín cuenta que su hija le pregunta por qué no puede caminar, si es diferente a los otros padres, ante lo cual responde: “Papá es igual al resto, solo necesita un poco más de tiempo para realizar lo que hacen los demás”.
Las charlas de Martín abordan todo tipo de temáticas, desde el uso correcto de la silla de ruedas, hasta de sexualidad. Este tema es tabú porque el imaginario colectivo cree que los discapacitados son asexuados. “Los discapacitados tenemos familia, nos casamos, nos separamos, ante todo somos personas”, dijo el hombre, que destacó como el mayor éxito de los cursos el hecho de que los instructores también se muevan en sillas de ruedas.
-¿Si le tuviera que dar un consejo a un padre cuyo hijo queda inválido, que les diría?, preguntó esta cronista. Martín sin dudarlo un minuto respondió: “Que los dejen decidir, que los escuchen más y que los ayuden a no ser dependientes, que se termine el pobrecito. Si se cumple el ciclo natural de la vida, los padres van a morir primero que sus hijos y esos hijos deben estar preparados para afrontar la vida”.
Es imposible mirar a Martín y ver un hombre con limitaciones. Es que en realidad no las tiene, todo lo que se propuso en la vida lo cumplió: formó una familia, ganó medallas gracias a sus éxitos deportivos, ayudó y ayuda a otras personas a mejorar su calidad de vida y le arranca sonrisas todos los días a su hija. ¿Algo más le puede pedir a la vida?
Vida Independiente, dos veces en San Juan
La Fundación Vida Independiente desembarcó por segunda vez en la provincia, luego de una primera intervención exitosa. Durante cuatro días, un grupo de instructores y Martín dieron un curso para enseñarles a personas en silla de ruedas como alcanzar una vida más independiente.
El curso contó con 30 asistentes de diversos puntos de la provincia. El dictado se dio en el Hogar de Ancianos durante cuatro días.
El Ministerio de Desarrollo Humano auspició el curso. San Juan se destaca a nivel nacional por ser la primera provincia que contó con un Observatorio de Discapacidades.