domingo 5 de abril 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
opinión

Yo no me fui, y otros chupetines

Por Redacción Tiempo de San Juan


“El cinismo es la única forma bajo la cual las almas bajas rozan lo que se llama sinceridad”, Friedrich Nietzsche (1844-1900); de ‘Más allá del bien y el mal’ (1886)

 por Hugo Asch

Lo de Francella no es nada. A Navokov le hubiesen dado perpetua por Lolita, la novela donde cuenta la pasión incontrolable del profesor Humbert por Dolores, la hija de 12 años de Charlotte, dueña de la casa en la que vivía. Otro degenerado.

Grabados en 2001, oh sorpresa, acaban de descubrir que los sketches de “La nena” incitan –según el curioso criterio de la “Red de contención contra la violencia de género”– a que muchos padres de familia corran a acosar a cuanta colegiala pase por ahí. Extraño. Porque se trata de un guion inocente, con un doble sentido casi infantil que permitía el lucimiento gestual de Francella. Don Arturo, su personaje, se ilusiona con una fantasía irrealizable. Esa es la gracia. Gracia que para nada tuvo este amago de censura.

Cuando pensé que nada podría superar esa increíble polémica, ¡zas! Llegó la resaca del Superclásico. Dos goles, mal juego, una fiesta de pelotero para adultos; y ambos técnicos haciendo malabares para contarle a la prensa dos películas diferentes que nadie vio. Y lo principal: los dueños del show. La barra que garantiza esa “fiesta” que enamora a turistas y enviados extranjeros. ¡Había ver que ver la cara de felicidad del colega americano Jimmy Conrad, conductor de KickTV, cuando el alambrado se llenó de fantasmitas blancos con la letra B y el espeso humo azul y amarillo lo invadió todo! Se sentía en Disney.

Todos en la Bombonera esperaban “una sorpresa”. La venganza por aquel chanchito con la camiseta de Boca que flotó en el Monumental hace dos años. Todos lo sabían, incluida la Policía y la Seguridad. Nadie hizo nada. Largaron a 15’ del final. Fue patético ver cómo, de pronto, el partido desapareció; y los jugadores pasaron a ser extras esperando la orden para volver a escena. Por alguna razón, muchos se fascinan con ese cotillón barato que insisten en llamar “folklore” y que sirve de pantalla para los negocios de las barras. Una pena.

Antes pensaba que nos tomaban por idiotas. Ahora creo que este fútbol es un virus que produce cierto adormecimiento de las facultades mentales que afecta a todos. Público, protagonistas, medios. Cualquier frase idiota, un gesto, todo es debatido hasta el hartazgo mientras se juega cada vez peor. El fútbol vive gracias al satélite. Champions, ligas europeas; Pep, que pasa por aquí y nos cuenta sobre lo que supimos hacer mejor que nadie.

¿De qué hablar, entonces? Del dedo de Ramón. Que niega “No, yo no me fui”, frente a 40.000 personas que le gritan “¡Vos sos de la B…!”. Los foros de internet estallaron de angustia: “¿Cómo que no se fue? ¿No es de River?”. La polémica, oh no, se instaló en los medios. Una desgracia.

Ramón quiso aclarar y oscureció. “Yo soy hincha de River y si alguien lo duda, me voy”, sobreactuó, para luego explicar, sin falsa modestia: “No me considero ni un entrenador, ni un hincha de la B, que quede claro. Y ese gesto se lo hice a la gente de Boca, no a la de River”. Antes de irse, dejó un “regalo” para los de Bianchi. “Como son todos pibes, les traje chupetines”, se burló. Es su estilo.

Todos recordaron lo que dijo el día de su vuelta al club: “Conmigo River no se iba”. Almeyda, también . Después de sufrir el descenso como jugador, la dura campaña del ascenso como técnico, el implacable serrucho de Ramón y la presión de la gente que obligó a Passarella a llamarlo, tal vez sintió que algo le había quedado atragantado y quiso soltarlo. “Volvería a dirigir a River en la B. No es vergüenza irse al descenso. Vergüenza es robar y traicionar”, bramó. Glup.

Francescoli, cómodo en el bronce y con facturas pendientes con Ramón, lo atendió, sobrio pero impiadoso: “Todos somos hinchas de River y todos estuvimos en la B”. Alonso, siempre al borde del colapso, aprovechó para pegarle a su odiado Passarella y apoyar a Díaz: “Yo tampoco siento que me haya ido a la B. Si me pasaba a mí, no sé si hoy estoy vivo, eh…”, dramatizó, trágico como en una novela venezolana, despiadado con su amigo J.J. López, que Dios le conserve la salud.

Racing festejaba su primer título en 35 años en diciembre de 2001, bailando sobre las ruinas, como Zorba, mientras el país se iba al descenso. Quebramos. Nos fuimos a la B –como Juventus en 2006–, gracias a un grupo de corruptos cuyos nombres deberíamos recordar, por las dudas. Todos votados, eso sí, por amplias mayorías. ¿Deberían cantarnos, entonces, “¡Vos sos de la B…!”, los nacidos en Bolivia o Paraguay, países que los rivales de Boca citan en sus cantos racistas? Mmm… Yo no los culparía, si lo hicieran.

A ver. ¿Qué es ser de la B? ¿Vivir en un país periférico? (lo siento: tener a Messi, Francisco y Máxima no nos convierte en otra cosa) ¿Ser judío? ¿Negro? ¿Chino? No sigamos incubando el huevo de la serpiente. No juguemos con fuego porque los barras no saben de metáforas. Si dicen: “Hay balas para todos si nos mandan a la B”, las habrá. Tienen impunidad.

Dejemos de demonizar al perdedor. Es solo un juego, muchachos. Basta del “drama del descenso”; ni del “honor perdido” o “la mancha en la historia”. Vivimos en un país que, en 25 años, sufrió un terrorismo de Estado, una guerra externa, una hiperinflación y un default. Seamos serios, por una vez. Tal vez así evitaremos la avalancha de dramas reales; que –suena inevitable–estallarán pronto, con batallas a sangre y fuego.

Ya no importa qué hagan los árbitros. Ni las valijas que, como cada año, se verán aquí, allá y en todas partes. Tampoco Grondona, Cantero, Miadosqui, Aníbal, Caruso. Nadie. Alguien debe hacer algo para parar esta guerra idiota, demencial.

Y a los que se llevan la parte de león, piensen mejor lo que hacen, si son tan amables; usen la cabeza, si les funciona.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
de atras y en el tie break: upcn lo dio vuelta con el corazon y pego primero en la final ante ciudad

Las Más Leídas

Así quedó el Fiat Duna tras el impacto del camión.
El bullying en primera persona: el caso Florencia Merino, a 13 años del ataque que le cambió la vida para siempre video
Jorge Escobar en el Liceo Militar en Mendoza y Marcelo Orrego junto a su madre en el Colegio Don Bosco.
Récord criminal: salió del penal, amenazó a un policía y vuelve a prisión con condena de 3 años por un brutal asalto en Rivadavia
Dieron a conocer la identidad de la mujer que murió en el trágico siniestro de Ruta 40

Te Puede Interesar