Por Luz Ochoa
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Un verano caliente de 1999, otro verano fogoso de 1986 y un verano ardiente de 2004, todos en el dique de Ullum, son ya un recuerdo en el colectivo sanjuanino que copaba las costas todos las temporadas. Y con él, se diluye la imagen de aquellos deportes que imponían presencia dentro de la escena veraniega.
Aficionados y profesionales confluían en las mismas aguas, con veleros, botes y remos. Las regatas eran varias y las competencias se multiplicaban. En casi treinta años de existencia, las prácticas deportivas comenzaban a resurgir luego de su época dorada en los ochenta -cuando se corrió el sudamericano de windsurf- hasta que pasó lo peor, llegó la sequía y con ella la decadencia de las disciplinas náuticas.
Durante un año, el más crítico, el remo y la vela directamente estuvieron prohibidos, ya que las condiciones de agua baja no permitían la navegación de los botes ni de los veleros. Además, el acceso era imposible pues la bajada llegaba a ser de varios metros. Hoy, el caudal sigue siendo poco y la actividad de los navegantes es escasa, dado que el acceso está permitido, únicamente, para embarcaciones pequeñas y sin motor.
Que no llueve, que no nieva en la cordillera, el escenario climático sigue dando qué hablar y la naturaleza no da el brazo a torcer.
Luciano Oldecop, socio del Club Sanjuanino de Vela y Remo, cuenta que varias de las personas que utilizaban sus yates en el dique de Ullum debieron trasladarse a las aguas de Mendoza. “Mucha gente que competía, ahora, va a correr las regatas en Mendoza y eso perjudica directamente al deporte sanjuanino”, explicó.
Según relatan los amantes de lo náutico en la provincia, la proyección que comenzaban a gestar deportes como el remo y la vela era de gran importancia. Sin embargo, las consecuencias climáticas golpearon de revés a ese dinamismo para hoy dejarlo en una quietud parcial.
“El impacto negativo fue muy grande, principalmente, para la vela que únicamente se puede practicar en aguas calmas. Perjudicó bastante la actividad. En 2008 se recibieron 35 timoneles que hoy no pueden navegar”, afirmó Víctor Ciribeni, instructor de vela.
Por otra parte, cuentan los que saben que se intentó practicar remo en lugares que no eran los ideales, como el lago del Parque 25 de Mayo, pero la adhesión fue poca.
El Jefe de Náutica Raúl Quiroga asevera que mientras no haya agua suficiente, el ingreso de embarcaciones con motor y botes grandes estará terminantemente prohibido. “A pesar de las lluvias que tuvimos en los últimos tiempos, las condiciones lamentablemente no están dadas para habilitar los permisos que requieren”, expresó el superior.
Aunque el panorama de la vela y el remo se presente complicado, quienes desean ver crecer las disciplinas acuáticas son optimistas y esperan que el clima mejore. Dice el instructor: “Ya organizamos una competencia para marzo. Armamos un calendario de regatas para este año. Queremos que la actividad resurja”.
No todo está perdido
Pese a la realidad que atraviesa el dique, los entusiastas náuticos -como se autodenominan- no resignan esfuerzos y se las ingenian para que el deporte no desaparezca. En diciembre pasado y tras cuatro años sin actividad, se organizó una regata de embarcaciones pequeñas.
Aunque no contó con las condiciones de agua ni con el escenario de costumbre, pero sí con la intensidad de siempre, mendocinos y sanjuaninos que participaron de la competencia disfrutaron de una vuelta esperada.
Para marzo, aseguran, habrá más.

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