Por Guido Berrini
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPor Guido Berrini
“La luz de un fósforo fue/nada más, nuestro idilio/una ilusión que se va/del corazón y que no vuelve más”. (“La luz de un fósforo”, Enrique Cadícamo)
Hacía mucho tiempo que no iba a la cancha.
La última vez fue a ver a Racing, también, en Pueblo Viejo, contra San Martín. El Racing nervioso del histriónico Simeone que elaboró, junto a San Martín, un 0 a 0 con menos acción que un discurso de Hermes Binner.
Anoche me tocó ver a otro Racing, una banda literalmente desalmada, que avanza a tientas y retrocede como los indios, en malón.
Boca jugó como juega Boca, con el plus de la desvergüenza que puede soslayar Falcioni al plantear dos líneas de cuatro bien firmes, porque el enganche se quedó vacío.
Caruso repartió por él y sus amigos, Schiavi cabeceó hasta el helicóptero de la policía de la Provincia que sobrevoló el estadio, Sosa no cruzó la mitad de la cancha y Clemente, sin su amigo, mentor y guía espiritual en cancha, recién el segundo tiempo, con el cuadro de Zubeldía dispuesto en la cancha como jirones de tela blanquiceleste que el viento desparramaba, fue aquel Roberto Carlos del tercer mundo que supimos conseguir.
Un apartado merece el ex Independiente Ustari. El arquero boquense podría definirse como el hombre que venció al tiempo. No por su edad, ya que no es ningún veterano, sino por su maravillosa capacidad, abonada por la inexplicable abulia arbitral, de lograr que en cada saque de arco el tiempo se detenga….y vuelva pasado 1 o 2 minutos.
Apelando a estructuras futboleras del discurso, Boca se fue al descanso ganando 1 a 0, sin merecerlo.
No es que Racing haya hecho demasiado mérito, pero tuvo un par de oportunidades muy claras con Sand, un 9 que llegó a Racing dispuesto a errar todo gol que le sea humanamente posible, y que está a punto de superar el récord de insultos desde la tribuna que ostenta, orgulloso, el lejano centro delantero riverplatense, Walter Gustavo “Cuqui” Silvani.
Pero si Abaddon era el exterminador, Racing es el resucitador. Y entre los integrantes de la zaga central se las arreglaron para dejarle a Silva la pelota picando, a 15 metros del arco, con Saja adelantado 10 metros… pin… por arriba, gol del uruguayo que hasta el momento no había hecho mucho más que revolcarse por el suelo y masajearse la pelada cada vez que saltó a cabecear contra un defensor, acusando codazos que no eran. Y El Feo, que no es Labruna, resucitó.
Dos finales jugadas, dos perdidas, pero contaban con Racing. Siempre en caso de muerte inminente, se cuenta con Racing. Recuerdo a Funes Mori, 20 partidos, no le había acertado ni al arco, y contra Racing, 3 a 0 con 3 goles de él. Y sí, es Racing.
El segundo tiempo profundizó las características que habían determinado al primero. Boca más firme, Racing más revoleado en la cancha, como una vieja muñeca tirada en un baldío, sin un brazo, mugrienta, con el pelo rubio de otro tiempo convertido en lana amarilla.
Sólo dos jugadores de campo dignos de mención a la hora de hablar del juego del fútbol, que es de lo que hay que hablar; no del resultado, que es de lo que solamente se nutren las cargadas del boliche. Camoranessi por un lado, Viatri por el otro.
Camoranessi repartiendo juego, por acá, por allá, quitando, con los brazos apenas extendidos
y las palmas para arriba, como buscando una explicación a la decisión de sus compañeros de no ganar un rebote, no acertar un pase, y tirar centros cuando deben tocar corto, y viceversa.
Espantosamente solo luego de la decisión del ex ayudante de campo del técnico campeón con Lanús, Ramón Cabrero, de sacar a Pelletieri para poner, al lado del inmueble que oficia de centro delantero, a Cámpora, atacante que ostenta como jalón descollante en su trayectoria haber alegrado las tardes con goles a la hinchada de…Tiro Federal, de Rosario.
Por el lado de Boca, Viatri. Un jugador que, a la calle que se le nota que tiene, le suma gimnasio, trabajo, y un talento que para el fútbol argentino de hoy es demasiado. En la cabeza tiene un pie. Bajó 6 pelotas a frentazos para dejar a sus compañeros a tiro de gol. Gambeteó, aguantó la marca de dos, tres, cuatro jugadores de Racing que le buscaban los tobillos como los perros que persiguen a los autos; incluso, como esos chocos, sin saber qué hacer si lo alcanzan. Si Falcioni se anima…casi casi tiene el hombre para reemplazar el vacío que dejó el Vacío.
Final anunciado. Boca hizo precio. Dos a cero. Cabezazo de Viatri en el travesaño. Varios goles de papi fútbol desperdiciados, de esos de tres, cuatro o cinco toques en el área. Saja inmenso, revolcado, herido, a los manotazos. Un descuento inimaginable de Racing, dos a uno sólo para encender un brillo en los viejos ojos de los viejos hinchas académicos con los que compartía tribuna, que en Racing siempre dura lo que la luz de un fósforo.
