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En el comienzo, Mónaco llevaba en buen nivel el partido y había dispuesto de chances con el servicio de Nicolás Almagro, número 10 del ranking y primer preclasificado en Hamburgo. Pero no las pudo aprovechar. En cambio, cuando tuvo que sacar en el octavo game cometió algunos errores, que aprovechó el español para conseguir el quiebre decisivo. Fue un bajón muy caro, ya que el español aprovechó en el juego siguiente para cerrar el set en 6-3.
Se ponía cuesta arriba la historia, pero Pico entregó ahí uno de sus habituales valores: no se desalentó. Mantuvo el partido parejo y le devolvió al español la dosis que él había sufrido en el primer set: quiebre en el octavo game y cierre en el noveno con el saque propio para 6-3. Había que definir en el tercer parcial.
Los nervios, o acaso un bajón físico de los dos -Mónaco tuvo que ser atendido por molestias musculares y ampollas-, determinaron que el set decisivo fuera mucho más irregular que los anteriores. Y eso se manifestó sobre todo en los games de saque: se quebraron nada menos que en siete de los diez juegos. En ese concierto de breaks prevaleció el argentino, que puso todo el resto en el momento decisivo: desde que sacó 3-4, ganó tres games al hilo para celebrar con todo una victoria trascendental.
El otro duelo de semifinales del certamen lo protagonizarán Marin Cilic (6-4 y 7-6 (7-5) a Albert Ramos) y Tommy Haas (venció 6-1 y 6-4 a Florian Mayer).
Con los triunfos de esta semana, Mónaco (14° del mundo) ya se garantizó subir al menos hasta el 12° escalón del ranking, la mejor ubicación de su carrera; si se consagra en Hamburgo, será al menos undécimo. Pero si además John Isner no gana el ATP de Atlanta, Pico se meterá en el top ten, un logro brillante y probablemente inesperado a esta altura de su carrera. Aunque él demuestre que a los 28 años está mejor que nunca.
