Pedro Chancay y su vida en el “Templo”

El verdadero “polifuncional” del club Trinidad

Es masajista, utilero, canchero, casero y un comodín para la entidad de Rawson. Llegó hace 27 años, de la mano del histórico “Cacho” Fernández, y hoy es una figura ineludible en el León. Desde Bianchi hasta Pekerman matearon con él, en esa salita de utilería donde pasa casi todo el día.
viernes, 27 de enero de 2012 · 09:56

Por Fabio Cavaliere
fcavaliere@tiempodesanjuan.com

Es una pequeña salita, de 1,5 metro de ancho por unos 7 metros, donde las paredes están repletas de fotos, posters, banderines de decenas de jugadores y clubes. Esos muros son una miscelánea increíble donde se mezclan recuerdos de añares, con imágenes en cancha y otras de “backstage” en los vestuarios. Es la utilería  del club Trinidad, quizás la más pintoresca de la provincia. Allí  desde hace 27 años, Pedro Chancay, masajista, utilero, canchero y casero de la entidad pasa casi todo el día.

Ahí mismo estuvieron mateando y charlando los exitosos técnicos Carlos Bianchi y José Pekerman, cuando estos dirigían a Boca y la selección Sub-20 respectivamente y jugaron amistosos en el “Templo”, como se conoce la cancha trinitense. “A Bianchi le gustó la utilería y los vestuarios porque eran grandes comparados con otros del Interior”, recuerda el hombre bajito de 57 años al tiempo que cuenta que “Pekerman nos preguntaba por las fotos”. 

Chancay llegó cuando tenía 30 años, en 1985, de la mano del histórico utilero del club, Rolando “Cacho” Fernández, quien falleció hace poco más de dos años y estuvo más de tres décadas en el León. “Yo me hice amigo de él y en las tardes me venía para acá. Trabajaba en la construcción y me pidió que dejara para venir a trabajar con él. Me enseñó todo, fue un ídolo y un padre para mí”, dice el hombre que ahora tiene a su hijo Samuel, de 24 años, como utilero oficial del club. 

Pedro empezó como ayudante de “Cacho”  y al tiempo este le consiguió una casa, nada menos que la casa del club: “El habló con los dirigentes y se portaron muy bien, de ahí quedé como casero viviendo en el club”. La vivienda está ubicada dentro del predio, sobre la esquina suroeste y allí vive junto a su esposa y sus dos hijos.   

En 1988 cuando era utilero de la 4°, faltó el masajista de la primera y le pidieron a él que cumpliera esa labor: “No sabía nada pero me enseñaron y entonces quedé también como masajista”. Al año le sumaron otra función: Le dieron la cancha del “Templo” para que se ocupara de regarla y mantenerla en condiciones: “El que me enseñó ahí fue Ochoa  que estuvo de canchero en los otros clubes grandes”.           

El hombre que conoce cada rincón, cada asiento, del club o de su casa que es lo mismo, trabajó con infinidad de jugadores y técnicos a lo largo de tantos años ahí. A la hora de señalar algún jugador elige al “Fido” Roberto Galván como jugador (“muy buena persona, me llevé bien con él”). Entre los técnicos opta por el histórico Teodoro “Catinga” Fernández (“era muy simple como les hablaba a los jugadores”). Asimismo, también recuerda a los más exigentes con quiénes les tocó trabajar: Victor Cabello, Aníbal Muggione y Pablo Comelles (este último “fue el único que exigió concentrar todos los partidos y así salimos campeones”). 

El “Chato”, como le dicen los jugadores, es un hombre apacible aunque lo expulsaron varias veces: “Era muy chillón y en el banco gritaba”, recuerda riendo y acota a Cantero y Laciar como los árbitros que más lo mandaron  a los camarines.

Chancay, que también supo jugar en las Liguillas de Rawson y Pocito, confiesa que se encariña con los jugadores: “Pero una cosa son los entrenamientos y otra el día del partido, ahí no hay que hacerles faltar nada”.

Es que estos “menesteres” son así, es un trabajo silencioso que apuntala a los verdaderos protagonistas y a los que la gente y el periodismo requiere.

Al fin y al cabo, Pedro es el primero en llegar y el último en irse. En realidad es un decir porque no se va, vive ahí.

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