Un deporte fuera de lo común

Gladiadores sanjuaninos

Saúl Romero, Roni Sosa y Adán Monte son los tres luchadores de San Juan que forman parte del equipo nacional de lucha olímpica y, a pesar de que esta disciplina no trascienda en la provincia, ellos se las arreglaron para prevalecer y destacarse en ella.
martes, 10 de enero de 2012 · 08:51

Sus orejas no son como todas. Exhiben grandes hematomas producidos por la fricción en las peleas. Daños irreversibles que, únicamente, se solucionan con cirugías. Y así como el rugby conlleva fisuras de costillas y el boxeo, narices rotas, la lucha olímpica, como todo deporte de contacto, también deja su marca. Sin embargo y sin importar el dolor, a esa huella la muestran con honor, significa el vestigio de su espíritu combativo.

No sólo comparten el sello de las lesiones, sino que también los une una misma pasión y un mismo suelo.  Dos medallistas panamericanos, Adán Monte y Saúl Romero, y un hambriento de gloria que promete mucho, Roni Sosa, conforman el trío de sanjuaninos que pugnan en un deporte atípico, tan épico, con tanta historia en el mundo, como lo es la lucha olímpica. Su especialidad es la greco romana y, para los tres, la lucha significa todo y más.

Tres sencillos muchachos, dispuestos a batallar por sus sueños, viven sus días lejos de los suyos. El Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo -ubicado en Buenos Aires- es su lugar, un espacio que comparten con cientos de deportistas de todo el país. Allí convergen los destacados de cada disciplina, allí se entrenan para ser mejores, allí fantasean con el podio. Al igual que cualquier deportista, ser olímpicos es su máximo anhelo y cada día se convierte en una oportunidad para lograr aquello. 

 “Mi sueño es ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos”, confía con orgullo Monte. De la misma manera, lo hace Romero, mientras que Sosa, con cautela se despacha: “No soy fanático de nada. No pienso en que quiero ser esto o lo otro. Igual, como todo deportista, apunto estar en un Juego”.

En San Juan, la lucha olímpica es una actividad casi inexistente. Ningún club se dedica, de manera oficial, a la actividad. Pese a esto, la provincia cuenta con tres representantes en el equipo argentino. Es por ello, que su tarea se enaltece, aún, más.

Su llegada al deporte olímpico fue gracias a las prácticas que realizaba el profesor Darío Ortega en el gimnasio del estadio Cantoni. Fue ese lugar, en el que los chicos sanjuaninos comenzaron su camino hacia el dorado en la lucha olímpica. Cuando Ortega se marchó de la provincia para vivir en Buenos Aires, el deporte, en la tierra del sol y el buen vino, quedó en el olvido.   

Sosa -el mayor de los tres- un joven centrado, de pocas, pero justas palabras, explica que decidió practicar lucha, después de hacer levantamiento de pesas y judo. Por su parte, Romero, un mozo de aspecto fortachón, genuino y convincente, confiesa que su historia con la lucha fue amor a primera vista: “Empecé porque me enamoré de la lucha”. En otra sintonía, Monte -el de mayor experiencia dentro del CeNARD-  dice haber jugado al fútbol y al básquet, pero que en la lucha encontró una pasión y una vocación inigualable.

Cuentan que llegaron al centro deportivo gracias a las competencias interprovinciales. “Allí, el cubano Erick León, el jefe del equipo argentino de lucha, tenía la oportunidad de vernos y de conocer el nivel en el que estábamos”, explica Romero. Luego de presentar los papeles correspondientes y de demostrar aptitudes y bastas condiciones, los jóvenes fueron invitados a entrenar en el CeNARD.

Una vez instalados en la sede deportiva, los chicos tuvieron la posibilidad de continuar con sus estudios, ya que, en ese momento, ninguno había terminado el colegio. Hoy, Sosa cursa la carrera de artes plásticas, del mismo modo que Monte. Por otra parte y sin perder la categoría de lo inusual, Romero decidió abocarse a la carrera de barman. “Si me hubiese quedado en San Juan, ni sé si hubiese estudiado”, reflexiona Sosa.

Además de estudiar, la lucha les brindó la oportunidad de viajar y de conocer el mundo. La Copa Brasil los trasladó a las playas de San Pablo, mientras que el Torneo Cubano de Lucha los depositó en la isla del mar Caribe. También Europa fue destino, por lo que, los sanjuaninos se dieron el lujo de visitar las grandes ciudades del mundo. “Sacamos muchas fotos y aprendimos bastante. Vimos cuanta diferencia existe entre los países. Me impresionó la pobreza que hay en Cuba. Cuando salíamos a pasear, la gente nos pedía la ropa que llevábamos puesta”, rememora Monte. 

Como toda rosa, esta historia, la del triplete sanjuanino, tuvo sus espinas. Claro, estar lejos de sus familias no fue sencillo para ninguno. “Al principio, cuesta un montón estar lejos.

Sobretodo yo, que soy el único varón. Desde allá, no puedo  cuidar a mis hermanas. Es que soy muy celoso”, manifiesta entre risas Romero, el luchador de la categoría de 84kg.

Tampoco fue fácil cuando, en un comienzo, el apoyo económico por parte del gobierno era cuasi nulo. Monte, el muchacho que llegó a la capital porteña en el 2007, recuerda: “Mi familia apenas me podía mandar algo. Entonces, debía salir a trabajar para poder mantenerme. Repartí volantes, hice de todo”. Sin embargo, el mal tiempo acabó y la implementación de nuevas políticas los benefició. “Por suerte, se creó el ENARD y nos salvó la vida”, concluye el púgil que compite en la categoría de 60kg.

El Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, creado hace tres años, es el sustento económico que entrega becas a los deportistas y significa de gran apoyo para ellos. “Ahora tenemos becas y obra social. Eso ayuda un montón”, reconoce Sosa.

Los luchadores sanjuaninos emprenderán un nuevo desafío. Constituyen la Fundación para el Deporte Olímpico, una asociación que tendrá como fin, dar comienzo a la primera escuelita de lucha olímpica en San Juan. Iniciará una nueva era, será una segunda oportunidad para esta práctica en la provincia. 

Sin perseguir el fulgor del éxito que otorga el triunfo deportivo, ellos buscan algo más que eso.  Muchachos humildes que tuvieron su oportunidad de progresar y no la desaprovecharon. Mediante el deporte, sueñan y se superan. Su límite es el cielo.

La dictadura militar que exterminó a la lucha olímpica

Durante las décadas del 40 y 50, la lucha olímpica gozaba de un gran esplendor otorgado por la popularidad y los triunfos deportivos. Sin embargo, los procesos políticos y los cambios sociales en los que se vio envuelta la Argentina influyeron de manera directa y catastrófica en esta disciplina.

De la misma manera en que el equipo de básquetbol argentino, campeón del mundo en 1950, fue suspendido de por vida, o de igual forma en que el maratonista Osvaldo Suárez fue impedido  de viajar a los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, los luchadores también fueron perjudicados por los militares.

La ridícula razón en la que se basaban radicaba en que los deportistas, destacados durante la presidencia de Perón, eran considerados profesionales por el hecho de haber recibido premios, como casas y autos, por sus conquistas deportivas. Se los tildaba de peronistas y ello era suficiente motivo como para retirarle sus licencias y para impedirles que compitieran. De este modo, muchos que se encontraban en su mejor nivel se vieron obligados a no ejercer sus actividades respectivas.

La progresión que había tenido la lucha tenía sus orígenes. Después de la segunda guerra mundial, muchos inmigrantes europeos arribaron al país y la lucha era uno de los deportes predilectos entre ellos. Fue así como campeones mundiales y olímpicos se instalaron y dieron inicio a la práctica de una de las disciplinas con más historia en el mundo, lo cual trajo aparejado su desarrollo a nivel nacional.

La diferencia entre extranjeros y paisanos era abismal. Sin embargo, con el paso del tiempo,  las brechas se fueron acortando y los atletas argentinos alcanzaron mayor categoría. Tanto fue el crecimiento, que en los Juegos Olímpicos de Londres 1948 y Helsinki 1952, si bien los deportistas no lograron podio, obtuvieron cinco diplomas por los puestos obtenidos.

En los Juegos Panamericanos de Buenos Aires 1951, la primera edición de la tradicional competencia continental, fue cuando se evidenció  la evolución de la lucha. Allí, siete luchadores se coronaron campeones. Esto marcó un hito en la historia del deporte en la Argentina.

Tras la caída del gobierno peronista, los luchadores de nivel internacional, declarados profesionales, se vieron privados de participar en competencias amateurs, tenían prohibida la salida del país, lo cual imposibilitó sus presencias en torneos mundiales. El nivel de los luchadores, lógicamente, decayó y jamás volvió a ser lo que era.

Actualmente, la lucha olímpica se encuentra en una etapa de renacimiento. Con las victorias conseguidas en los últimos Panamericanos de Guadalajara -Luz Vázquez, Patricia Bermúdez y Yuri Maier conquistaron el bronce-, la disciplina comienza a crecer paulatinamente.  Argentina se ubica, hoy, segunda entre los países sudamericanos.

Palabra de entrenador

Javier Broschini, entrenador de lucha greco romana del equipo argentino, opina de los sanjuaninos.

De Saúl Romero
“Es quien tiene mayor proyección, a mí entender. Todavía es juvenil, pero ya demostró lo que es capaz de hacer cuando ganó la medalla de bronce en los Panamericanos Juveniles. Chicos como él, son oro en polvo”.

De Adán Monte
“Es un muchacho que se supera día a día. El tiene serias chances de formar parte del seleccionado de nueve luchadores que viajarán en marzo al preolímpico de Orlando, Estados Unidos. Aún estamos analizando la posibilidad”.

De Roni Sosa
“Es un chico que ya pasó a mayores y hoy se encuentra en el segundo lugar en su categoría de 84kg, después de Guillermo Martínez, el cubano nacionalizado argentino. Pese a sus lesiones, él nunca se da por vencido y nunca deja de entrenar. Es más que valorable”.

Comentarios