No hizo falta ver demasiado para entender el perfil del partido. Un jugador dominante, que controló todo ante otro impotente, que se vio reducido ante un animal que corrió, no se cansó y, encima, se mostró preciso como pocas veces.
Las especulaciones de los singlistas quedarán de lado ante esta actuación de Nadal. Simplemente fue imparable y dio la sensación de que cualquiera que se pusiera enfrente no iba a tener demasiadas posibilidades.





