Una historia increíble

De Brasil a San Juan, o mais grande

El caso de Roberval es único en la provincia. Jamás antes un extranjero llegó a triunfar, convirtiéndose en ídolo y siendo clave para conseguir un título, como lo fue el último ascenso. El delantero de San Martín arribó siendo un desconocido pero alcanzó un éxito sin antecedentes.
martes, 11 de octubre de 2011 · 09:11

No hizo inferiores y empezó en el futbol a los 20 años, cuando lo descubrieron jugando  en el barrio. Incluso nunca había salido de Brasil, donde jugó mas en la playa que en torneos profesionales. Cualquiera diría que con estos antecedentes es casi imposible triunfar en un medio donde jamás hizo historia un extranjero, como lo es el futbol sanjuanino. Menos aún viniendo del país de la eterna rivalidad.

Sin embargo, Roberval Da Conceicao, el hombre en cuestión, se convirtió en ídolo para los  hinchas de San Martín, que festejan sus intervenciones, que lo aplauden cuando se retira de la cancha y  que hasta tiene su cantito característico.   

Una extensa consulta a antiguos dirigentes, jugadores y técnicos de diversos clubes reveló  que el caso del brasilero es único.  Si bien,  hay algunos antecedentes  (ver aparte) estos se remontan a casos de hace 30 años y ninguno de ellos alcanzó la dimensión de Roberval, obviamente agigantada por haber conseguido el ascenso.

Jamás antes, un extranjero fue tan preponderante para conseguir un “titulo” como lo fue el punta brasilero, en el último ascenso de San Martín a la primera división de AFA. Hay que subrayar que este, junto al del 2007, es el logro más importante en la historia del futbol local a nivel clubes.

Así pues, fue un desconocido morocho de 1,70 m, con look afro y de nombre pegadizo quién marcó una bisagra para los jugadores foráneos en el futbol provincial. Un garoto de cuna humilde que no terminó la secundaria, hijo de un policía devenido en taxista y una ama de casa. Un “torcedor” del San Pablo que “fala” bien de Lula y es ferviente evangélico. Un futbolista que no empezó bien pero torció la historia y hasta encontró su familia acá.

De esta manera, el “Negrinho” de la gente a fuerza de goles, gambetas, desbordes, corridas y empuje se transformó en indiscutido para el técnico y para la tribuna. Su consagración  fue sin dudas el gol clave contra Gimnasia de La Plata, en la promoción, para dar el salto de categoría.
 “Demostré ser un jugador importante”, es lo primero que suelta en su “portuñol” el hombre que logró imponerse gracias a un fe ciega. Tan devoto es que, a lo largo de su  brazo derecho, se tatuó “Dios es fiel”, la misma frase que usa en los botines Kaká, uno de sus ídolos. 

“Mis amigos de Brasil ahora me siguen por internet”, sostiene el protagonista de esta historia increíble. Es que hasta el 2005, Roberval nunca se imaginó esta vida, cuando no hacía otra cosa que pelotear con sus amigos en las playas y el barrio de Curado, en su Recife natal (estado de Pernambuco). “Mi familia hizo mucho sacrificio durante mi infancia”, admite el moreno de labios gruesos al tiempo que asegura que “dentro de la violencia de Brasil, el mío era un barrio tranquilo”. Fue allí donde lo pescó un veedor y lo llevó al Santa Cruz, donde le hicieron un contrato a prueba por tres meses y de ahí saltó a la primera. Ese mismo año la institución logró el ascenso a la categoría mayor para jugar el famoso Brasilerao. Eso ya era tocar el cielo con las manos ya que además lo logró con el club del cuál toda su familia es hincha.

Al siguiente año, Roberval pasó al Serrano un equipo de la tercera división, hasta que en 2008, a través de un representante argentino que vive en Brasil, le llegó la propuesta para aventurarse por San Juan. “Lo pensé mucho…por la rivalidad que hay. Yo sólo conocía River, Boca y algo de cumbia”, expresa el hombre que como buen brasilero no ignora la  música fiestera.   

Su llegada al verdinegro fue con el “Pomelo” Pablo Marini, como técnico, en un equipo donde alternó entre titulares y suplentes. Más tarde y con la llegada de Craviotto al banco, casi no jugó. “Yo estaba bien, pero Craviotto esperaba a los lesionados y a mí no me daba la oportunidad”, dispara el delantero, que no tiene un buen recuerdo del “Otto”.

Al comienzo de la siguiente temporada, con otro cambio de DT incluído y algunos roces con compañeros, casi no era tenido en cuenta. Fue Enrique Hrabina, quién decidió su salida. “Fue una persona que me lastimó porque estaba lesionado y me sacó del plantel. Si me lo cruzo no lo saludo”, recuerda el morocho con otro tiro por elevación a un técnico. Por consiguiente, fue cedido a préstamo al Audax Italiano de Chile, donde fue pedido por Marini.

Según cuenta, le fue muy bien del otro lado de la cordillera, acompañado por Fernanda, su esposa sanjuanina, y donde nació su hija Marcia. El único susto fue el terremoto que afectó el vecino país, en febrero del año pasado, y que “Rober”, poco habituado a esos eventos, sufrió en familia en un tercer piso, de su departamento de Santiago.      

Para mediados del 2010, optó por volver cuando venció el préstamo y ya se había ido “el entrenador que no servía para nada” (otra vez teléfono para “El Quique”).

Fue esa tercera temporada, con Darío Franco como adiestrador, que el  “olé olé,  negro, negro” que bajaba de las tribunas de Concepción empezaba a ser un cantito clásico.

Su rendimiento creció aún más en la recta final, cuando Garnero, el actual DT, tomó las riendas de un equipo que parecía que se caía, pero coronó la temporada quitándole el lugar en la primera a un histórico, como el “Lobo” platense.               

“Cuando volví le demostré a los dos dirigentes que me sacaron lo que soy”, se toma revancha ahora el atacante, que se recupera de una lesión que lo tendrá alejado de las canchas hasta el año que viene.   

Hoy por hoy es un sanjuanino más, expresa que acá nunca sintió algo de racismo y que le encanta la ciudad, la gente y la tranquilidad. Sostiene que en la calle recibe el saludo de hinchas de diversos clubes que le piden que vaya a jugar para sus colores. Que tuvo una oferta de China y un interés de San Lorenzo. Sin embargo, el brasilero ya es un verdinegro más: “Me gustó que la gente me apoyó siempre, espero volver rápido para jugar y ayudar a mis compañeros. Si me ofrecen contrato por 10 años, firmo sin dudar”.


Pocos antecedentes 

Primeramente a la hora de una minuciosa investigación en busca de extranjeros que hayan triunfado en el futbol sanjuanino todo se hace difícil. No se llevan registros de estadísticas en los clubes y en la Liga sólo se consiguen datos desde 1975 hasta la fecha. Por eso hay que apelar a la memoria de antiguos dirigentes, técnicos, ex futbolistas y hasta hinchas.   

Al momento del sondeo, muchos nombraron a Ernesto Picot, pero contra el común imaginario “El Negro” es más argentino que cualquiera. Nació en Avellaneda, aunque siempre se lo conoció por cierto acento brasilero, quizás tomado de su madre uruguaya con quién se crió.      

No obstante, surgieron otros nombres como los uruguayos Raúl Cardozo, Luis de los Santos y el brasilero Joao Gilberto Regis Lima. Este último fue quién más tiempo jugó, sin embargo y aunque tuvieron un paso más breve, los “orientales” alcanzaron relieve porque venían de jugar en la primera del futbol de AFA.

El primero de los casos, fue el más similar a Roberval, ya que Raúl Crespo Cardoso, en San Martín, fue uno de los artífices de la clasificación al Nacional del ’70. Fue quién  convirtió el único penal, en el desempate por esa vía contra All Boys de La Pampa (la noche que el arquero Carlos “Carbonilla” Ramírez fue el héroe al atajar dos). El marcador de punta, de aceptable manejo para la proyección y potente remate, venía de jugar en Colón, Boca y Racing. Ya en el Nacional, para el verdinegro jugó 8 partidos y marcó tres goles. También representó a San Juan jugando el argentino de selecciones provinciales en Córdoba.

Por otra parte, Luis de los Santos actuó en Atlético de la Juventud a fines de los ’60, jugando un Regional. El duro defensor central, alto y con muy buen juego aéreo, venía de Newell’s Old Boys, pero apenas alcanzó a jugar un semestre. Contra San Martín y en cancha de Atlético sufrió la fractura de tibia y peroné, por lo que se despidió del fútbol local.         

El brasilero Lima fue el de más carrera aquí y alcanzó fama en los ’70. Un volante creativo, con mucha habilidad y buena técnica, que llegaba seguido al gol. Vino desde la liga mendocina, a principios de aquella década, traído por Unión de Rawson, donde jugó un par de temporadas y luego pasó a Aberastain, de Pocito. Se dice que para ambas hinchadas fue un mimado por su nivel y carisma. Se lo recuerda como una muy buena persona que compartía asados y que trabajó en el municipio de Pocito. Lima, de tez blanca cabello negro y contextura física mediana, terminó jugando en el desaparecido club Pampa, de Caucete. En este departamento conoció a su esposa, con quién tiempo después volvió a su país. 

En los últimos años y en cierta medida, por el corto paso que tuvieron, también se recuerda al paraguayo Carlos Recalde en San Martín (jugó 14 partidos y aportó un gol en el Apertura ‘08, cuando el verdinegro estuvo  en primera) y al chileno Osvaldo Gullace en Desamparados, quién tuvo un buen nivel en el Torneo Argentino A del 2005.


Frente a “Frenchi”

Maradona o Pelé: Ronaldo, el Gordo
Messi o Ronaldinho: Messi
Fernet o Caipirinha: Cerveza, pero la brasilera
Morocha o Garota: Mi señora
Cuarteto o Samba: Samba
Boliche o Carnaval: Me encanta el carnaval

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