La ceremonia no carecía de emoción alguna. Es que para el pueblo huaqueño -y jachallero- homenajear a Eusebio de Jesús Dojorti ‘Buenaventura Luna’ es poder renovar el abrazo eterno al gran poeta, el prócer de la cultura y al hijo predilecto del lugar. Aun en este escenario que desbordaba sentimientos, la aparición Gaspar Escudero terminó de completar la postal en el cementerio de Huaco.
El sonido de su guitarra, curtida en mil serenatas y algunos amaneceres, erizó la piel de los presentes. Los acordes de ‘Vallecito’ –el himno huaqueño por excelencia- se apoderaron de cada rincón y la arenosa voz de Gaspar entonando sus estrofas desató un puñado de sensaciones místicas difíciles de explicar frente al busto de Don Buena.
Embed - Emoción en el cementerio donde descansa Buenaventura Luna: suena Vallecito de Huaco
“Siento mucha alegría y un gran orgullo de poder estar acá, en este lugar sagrado para todos los huaqueños”, confesó Escudero, quien tiempo atrás, según relataron paisanos presentes en el camposanto, supo desplegar su talento en escenarios dela talla de la Fiesta de la Vendimia.
Huaco es mi Patria, mi sangre Huaco es mi Patria, mi sangre
Como no podía ser de otra manera, este gentil cantor siente un enorme orgullo de haber nacido por estas latitudes jachalleras. “Tuve el honor de que mi madre me tuviera en Otra Banda, un pueblito que queda al otro lado del río. Ahora está casi todo tirado, no hay casas, no hay gente”, comentó con cierta nostalgia.
Por último, el artista se permitió confesar –con cierta picardía- qué significa para él el haber recuperado la cabalgata con la que los gauchos y arrieros jachalleros homenajean el natalicio de Eusebio de Jesús Dojorti: “Siento una alegría muy grande y unas ganas de mojarme la garganta. Una sed que me ahoga, no sé qué pucha me pasa”.
Embed - Gaspar Escudero, folklorista huaqueño