En varias casas de Astica, como la de los Carrizo, cuando algún niño sale muy estudioso le dicen "Marcos Gómez".
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SUSCRIBITEEn varias casas de Astica, como la de los Carrizo, cuando algún niño sale muy estudioso le dicen "Marcos Gómez".
La imagen que perdura entre los más memoriosos es la de un hombre montado en su caballo que jamás llegaba tarde a la escuela. Austero y recto, siempre dispuesto a ayudar. Su nombre fue impuesto primero a la biblioteca de la escuela de Astica, en 1990, y después a la escuela de Sierra de Riveros, que él había creado en la década del '40, en la casa de una vecina. Pero también creó la escuela de La Mesada y la de Río Verde, hoy desaparecida por matrícula insuficiente.

Toletino Carrizo fue alumno de Marcos Justiniano Gómez Narváez, en la escuela de La Mesada, una localidad a 17 kilómetros de Astica.
"Era un gran maestro, yo fui su alumno a fines de los '50. Era un hombre muy servicial, muy activo, estuvo involucrado en la llegada de la electricidad al pueblo en el '65 porque crearon una cooperativa de la que fue presidente. Al tiempo dejó de existir eso", contó Carrizo.
Agregó que como educador también era muy activo. En la escuela de La Mesada eran unos 20 alumnos, todos en la misma sala, con chicos de hasta 16 y 17 años. "Enseñaba a todos por igual porque le gustaba mucho la educación. Ese hombre daba clase a 17 kilómetros y se venía todos los días a las 3 de la tarde, de lunes a viernes, y a las 7 en punto estaba en la escuela, todos los días a caballo o a lomo de mula. Un hombre muy servicial, maestros como esos no hay ya. Pero también existía el puntero y al que se portaba mal lo arrodillaban en maíz. Era riguroso en el estudio", contó Carrizo.
Pero así como era de recto, era servicial. Gómez nunca miraba para otro lado ante la necesidad ajena. "Yo conversaba mucho con él, era muy atento y en toda la zona lo conocían por ser un hombre muy bueno que a todos ayudaba y jamás se involucraba en problemas", señaló su exalumno.
Una vida difícil
Fátima Gómez es nieta de Marcos, hija de su hijo más chico, Daniel. "Se, por lo que me contaba mi padre, que nació un 7 de octubre 1906 en Astica, Valle Fértil. El era un autodidacta, aunque terminó la secundaria no tenía el título de maestro cuando empezó a enseñar, se lo dieron después, cuando ya había creado la escuela de Sierra de Riveros, que primero se llamó Isaac Newton, y después le pusieron su nombre", contó Fátima.
Por esa época el ritmo era el mismo que ahora: subía en mula el domingo y se quedaba toda la semana para bajar el viernes y volver a la casa.
"El abuelo quedó viudo muy joven, cuando mi papá tenía un año. La abuela se llamaba Jacinta Acosta, ella era de la ciudad y cuando se casaron se fue a Astica, pero sólo vivió 6 años allá y murió de hepatitis. Tuvieron 3 hijos: Domingo, al que mataron cuando tenía 19 años; Ventura, murió a los 44 años, era policía; y Daniel, que falleció a los 67, ya jubilado como empleado público".

Marcos Gómez era peronista, pero eso no le impedía ser amigo de Leopoldo Bravo, quien a menudo iba a quedarse a su casa en Astica. Entonces, los días eran de fiesta, se carneaban los mejores animales para agasajar a Bravo.
También era muy amigo de Bernardo Razquin, el famoso meteorólogo argentino que jamás erraba un pronóstico basándose en el comportamiento de la naturaleza. Incluso había cartas guardadas del mendocino con Gómez que se perdieron junto con otros valiosos documentos, cuando Marcos enfermó y se fue a vivir con su hijo Daniel y sus nietos en Chimbas.
Pero el cuerpo y el alma le resistieron pocos meses, extrañaba demasiado a su amada Astica, y falleció un 23 de enero de 1985 a la edad de 78 años.
En el pueblo nadie se ha olvidado de él, fue un maestro "de los de antes" que supo enseñar, que significa "dejar seña".
