Caucete

Los niños vendedores de San Expedito, un problema sin control

Los vecinos dicen que en la semana del 19 de abril hay al menos 300 chicos trabajando. Por Viviana Pastor.
domingo, 12 de febrero de 2017 · 14:07
-¡Que hermosa sonrisa que tenés! ¿Cómo te llamás?
-Brayan (se ríe con más ganas)
-¿Cuántos años tenés Brayan? ¿Vas a la escuela?
-Si, al jardín, tengo 5 años. 

En la mano izquierda tenía un rollito de billetes y con la derecha extendida ofrecía una ajada estampita de San Expedito, justo en la en la puerta de la parroquia ubicada en Bermejo, Caucete. 

Es sábado y como él, decenas de niños se acercan al visitante para ofrecer el mismo producto: una estampita por "su voluntad”. Algunos se mueven solos, otros vigilados de cerca por algún mayor o van en grupo con hermanos o primos. Todos son muy chicos, no hay adolescentes pidiendo o vendiendo imágenes. 
 

Los vecinos preocupados por esta forma de explotación infantil son pocos, por eso no quieren exponerse. Con resguardo de nombre se animaron a contar lo que pasa en esta localidad donde viven unas 1.000 personas.

"Es terrible, hay niños que están desde la mañana hasta la noche, nadie se preocupa si tienen para comer o qué hacen solos todo el día. Estos temas no se tocan acá porque son muchos los que hacen trabajar a sus hijos y nos les conviene que salga a luz. En la semana de festividad del santo vienen a instalarse familias enteras de otras localidades cercanas para hacer trabajar a sus hijos y se van con mucho dinero”, aseguró un vecino nacido en el pueblo. 
 

Contó que mucha gente viene de otras provincias a cumplir sus promesas y dejan mucho dinero a los niños. "Hay un señor que viene todos los años, pone a los niños en fila y les va entregando billetes de 100 pesos. También bolsas de alimentos y ropa. Mucha gente les ha dado hasta 500 pesos a los niños. Es un negocio redondo y los padres viven de eso”, aseguró.

El sacerdote a cargo de esa feligresía, David Gómez, dijo que el problema de los chicos que trabajan en San Expedito es "grave”. "Se ha transformado en un movimiento muy grande de niños que piden y los ves al costado de la ruta parando autos, pidiendo. Se transformó en cuestión peligrosa porque están en la ruta solos y adentro del templo molestan al peregrino que quiere rezar. Pero la cuestión de la seguridad y el problema social supera al trabajo pastoral del santuario”, dijo el Padre.   

El sacerdote coincidió plenamente con los conceptos de los vecinos. "Muchas veces el daño viene de afuera, sin mala intención, miles de peregrinos le dan plata a los niños y estamos enviciando a los padres con el gran defecto que es la dádiva. Pobrecitos los niños, el problema son los padres, ellos tiene autos y casas que ni vos tenes, preparan su ranchito para la ocasión pero no viven ahí”, contó el sacerdote.

 ¿Por qué estos niños trabajando no se ven en la Difunta Correa donde llega más gente? "Porque ellos tienen una fundación que los ordena y que no va a permitir que los niños trabajen. Pero acá es tierra de nadie, no hay quien controle”, señalaron los vecinos.

El sacerdote destacó que alguna gente ambiciona demasiado y quiere vivir de las dádivas. "El niño saquea un auto, un camión o una persona. La gente que viene de afuera se va sin ganas de volver. Cambiar eso cuesta mucho, solos no lo podemos hacer. Hace falta la presencia de la policía, no para negarles las cosas sino para ordenar las cosas, porque todo es poco cuando los desborda la ambición”. 
 

Otros problemas

Gente de todo el país llega hasta el desierto sanjuanino para cumplir su promesa a San Expedito, ya que es la única capilla del país consagrada exclusivamente al santo, a unos 100 kilómetros de la Ciudad.  

Llegan cargados de donaciones, ropa y mercadería, que antes recibía la parroquia pero ya no.
Gómez contó que antes la parroquia recibía miles de bolsas por año y las distribuían de manera "racional”. "Pero se desbordó al no tener seguridad, no hay control policial, y se transformó en tierra de nadie. Entonces decidí que no recibíamos más mercadería porque si no tenía seguridad no puedo entregar sin tener problemas con la gente”, contó el sacerdote. 

Tenían tanta ropa que mandaron un camión para los afectados por las inundaciones, y muchos vecinos se enojaron, por eso dejaron de recibir donaciones de mercadería y ropa.

Algunos puesteros aseguraron que las bolsas de ropa que la gente recibe "se las llevan y  venden, por eso ya no va a ver ropa tirada como había antes”, señaló un hombre.

Las donaciones para la construcción de la nueva iglesia son contrarecibo. Un cartel al costado de la entrada de la capilla dice: "Señor peregrino, queremos respetar su donación, exija nuestro recibo oficial”. Es que hasta antes de 2015 los promesantes hacían donaciones de dinero o materiales de construcción para la iglesia y mucho de eso se perdía, según contaron.

Para el Padre Gómez "se ha perdido la visión del santuario. Los puesteros se ponen en la puerta del templo, ni dejan entrar a la gente, entiendo que todos necesitan vender sus cosas  pero falta orden. El pueblo ha crecido mucho en los últimos años y necesita salud, seguridad, asistencia social, educación. La escuela la están construyendo, es hermosísima, entregamos una ayudita para la escuela y también se enojaron muchos, no entienden que eso es para los niños, es de la comunidad. Pero la gente no lo entiende, olvidan como llegó el santo ahí, por el dolor de una mujer”.

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