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EL CRIMEN DE SAN JUAN

A 20 años, los restos de María Rosa siguen siendo un misterio

La psicóloga desapareció el 2 de junio de 1996. La Justicia la dio oficialmente por muerta por un cráneo hallado en El Villicum. ¿Dónde lo sepultaron? ¿Y los otros restos?. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan
"No se supo nada porque realmente no se investigó”. La frase es de Irma Balmaceda, una de las cuñadas de María Rosa Pacheco de Balmaceda, la psicóloga cuya desaparición y crimen se cumplen 20 años el próximo jueves 2 de junio y en donde sus restos siguen siendo un misterio que la Justicia sanjuanina fue incapaz de resolver en dos décadas.

La aparición de los restos de la psicóloga fue clave para que el caso no sea una desaparición y se convirtiera en un crimen. Tal vez el más impune y doloroso en la historia criminal sanjuanina.

El macabro hallazgo se produjo el 22 de julio de 1999, gracias a un llamado anónimo a Canal 8 San Juan que ubicó el punto en el que se encontraban. Tras una serie de peritajes científicos hechos en Córdoba, se probó mediante un ADN que el cráneo era el de María Rosa Pacheco.

Mientras que los otros huesos no pudieron ser sometidos al mismo estudio porque estaban muy dañados. Cabe recordar que los peritos determinaron que habían sido quemados con algún elemento de muchísimo poder de fuego. Siempre se dijo que podría haber sido un soplete o un horno.

A excepción del cráneo, los otros huesos del cuerpo de María Rosa nunca aparecieron. Incluso hoy en misterio también el destino final que tuvo el cráneo. Gente cercana a la profesional cuentan que la familia le dio sepultura en una ceremonia íntima y que esa pieza ósea estaría sepultada en un cementerio de Albardón.

Lo cierto es que en ese lugar inhóspito de El Villicum sólo apareció el cráneo, trozos de huesos del torso, algunos papeles quemados que pertenecieron a la psicóloga y los restos de un tapado que ella usaba la noche de la desaparición forzada.

Eso ocurrió en una fría noche del domingo 2 de junio de 1996, alrededor de las 23 horas, cuando salió del Sanatorio Almirante Brown (hoy Santa Clara), donde fue a cuidar a su madre que estaba gravemente enferma y falleció los días posteriores. Ni siquiera la vieron salir del nosocomio, el cual contaba hasta con una agencia de seguridad privada.

Al atardecer del miércoles 5 de junio siguiente, cuando María Rosa no aparecía por ningún lado y su familia la buscaba desesperadamente, la noticia corrió como un reguero de pólvora: su auto Renault 19 color rojo había aparecido incendiado en el camino que une el Dique de Ullum con Albardón.

El que le habían sacado las cuatro cubiertas para quemarlo fue un dato más sin explicación en el inolvidable crimen. Las especulaciones eran varias: que era para que no hicieran humo espeso y fuera ubicado el auto mientras se quemaba; que se los habían quedado quienes llevaron el vehículo hasta ese lugar; que el auto habría sido trasladado arriba de un camión; y hasta que las gomas habían sido sacadas para que no pudieran determinar cuánto anduvo el vehículo entre el momento de la desaparición y hasta que apareció quemado.

Tampoco lo del auto abandonado pudo ser resuelto por la Policía de San Juan y el juez Juan Agustín Lanciani, quien en ese momento estaba a cargo de la investigación en el Segundo Juzgado de Instrucción.

Esa investigación es la que sufrió serios cuestionamientos. En el juicio oral y público, el cual finalizó el 25 de septiembre de 1999, el tribunal de la Sala Tercera de la Cámara Penal entendió que una veintena de personas habían incurrido en el delito de falso testimonio. Entre ellos varios eran policías y peritos que hicieron la investigación.

El tribunal bajó la causa al juzgado penal en turno en ese momento, el Primero de Instrucción, para que los investigara. Pero esa causa nunca se movió.

Irma Balmaceda dijo que "nunca se investigó por qué los policías falsearon la información”. Esa causa ingresó al Primer Juzgado de Instrucción y nunca tuvo movimiento. Para la familiar de la psicóloga no hay dudas: "No se quiso investigar”.

Indignada, Irma Balmaceda comentó por qué cree que no se investigó: "Normalmente no se investiga porque hay poder de por medio”. Y recordó que María Rosa "trabajaba en el Ministerio de Educación en un programa millonario internacional y, en su actividad privada, con personas vinculadas a la droga”.

María Rosa Pacheco trabajaba en el programa PRISE (Programa de Inversión en el Sector Educativo). Integraba un equipo que aprobaba o no las reformas a las escuelas. Era una línea de crédito millonaria (3,9 millones de dólares para San Juan en ese momento) que financiaba el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El PRISE funcionaba en un rincón del subsuelo del ex edificio del Ministerio de Educación, ubicado en 25 de Mayo y Mendoza, donde hoy está el moderno centro de formación de docente.

En las tardes, la psicóloga trabajaba en Centro Camino, en ese momento el único centro de rehabilitación para adictos a las drogas. Funcionaba en una casa sobre la calle Brasil y recibía un subsidio a través del gobierno provincial que provenía del gobierno de Carlos Menem.

"Las instituciones no se tocan”. Esa orden afirman los investigadores policiales que recibieron en Tribunales.
En un principio cayeron presos el marido de María Rosa, el ingeniero Juan José Balmaceda, y el cuñado de la psicóloga, Jorge Balmaceda. Tres años de después, y con marchas alrededor de la plaza 25 de Mayo encabezadas hasta por la monja Martha Pelloni (famosa por su lucha en Catamarca en el caso María Soledad Morales), los jueces Ricardo Conte Grand, Héctor Fili y Ricardo Domínguez fallaron que no había pruebas suficientes para decir que los hermanos Balmaceda fueran los homicidas y los declararon inocentes.

Pasando en limpio: María Rosa fue asesinada de una manera macabra y muy pensada, pero no se sabe por qué ni por quién.

Edades
María Rosa Pacheco tenía 34 años al momento de la desaparición y el crimen. Su marido, Juan José Balmaceda, tenía 37 años.

Hijos
Sebastián y Carolina son los hijos de María Rosa. El varón tenía 10 años al momento del crimen y la nena tenía 8 años.
Hoy en día Sebastián se independizó y trabaja por su cuenta. Mientras que Carolina ya se recibió de psicóloga, como su madre, y empezó a trabajar.
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