Rawson

Viaje al corazón del barrio más populoso de San Juan

El Valle Grande tiene 1.006 casas distribuidas en 53 manzanas. Funciona como una micro ciudad: hay barberías, pet-shops, negocios gastronómicos y hasta venden nafta. Los prejuicios alrededor del barrio y las cuentas pendientes.
viernes, 19 de junio de 2020 · 22:40

En el medio de una plaza de cemento, cinco niños aprovechan el viento para remontar barriletes. Corren por el espacio gris con los volantines hechos en casa. Mientras, madres en grupo -todas con barbijo- recorren el sinfín de negocios que funcionan en el barrio Valle Grande. Buscan precio para comprar los ingredientes del almuerzo. Cortando la paz del silencio pandémico, un cachorro blanco cruza la calle y provoca una frenada rápida de un remisero. Las cortinas de algunas ventanas se abren. La colección de imágenes forma parte de la vida cotidiana dentro del barrio más grande de San Juan. Ubicado en Rawson, está integrado por 1.006 viviendas distribuidas en 53 manzanas.  El barrio es una especie de mini ciudad, tiene una intensa vida comercial, una escuela, una dependencia del Registro Civil, un centro de salud y hasta una comisaría. Los prejuicios con los que conviven los vecinos y su respuesta ante la mirada externa.

El barrio Valle Grande fue poblado con vecinos de la villa Santa Ana (la más numerosa), La Línea,  La Martita y también por grupos familiares inscriptos en el IPV. El barrio más grande detrás del Aramburu se construyó en un predio de 74 hectáreas de la ex villa San José. Las casas tienen 56 metros cuadrados, excepto las viviendas destinadas a personas con discapacidad (son un poco más grandes). El Valle Grande tiene tres ingresos, uno por calle 5, otro por Chacabuco y un último acceso por doctor Ortega. Los últimos cálculos demográficos indican que viven más de 7.000 personas en este complejo habitacional.

Cada manzana del barrio tiene una intensa vida comercial. No es necesario salir para comprar lo necesario para vivir. Esa es una de las ventajas de vivir en el Valle Grande.


Hay negocios que atienden las 24 horas los 365 días del año, reciben tarjetas de crédito, débito y alimentaria. Los dueños del negocio Gio y Rami cuentan que desde que les entregaron la casa tenían en claro que querían ponerse un negocio. Mientras embolsan la verdura que les compra una clienta, cuentan que arrancaron con unas pocas cosas pero que poco a poco fueron creciendo hasta construir un salón en el que tienen carnicería, verdulería y almacén.

Si bien los almacenes son los negocios que pican en punta, en el barrio hay locales de venta de artículos de limpieza sueltos, barberías, viveros, parripollos, pet-shops con peluquería canina incluida y hasta venta de nafta. ¿Por qué hay cinco negocios de venta de nafta? La respuesta es simple, según los vecinos: “En este barrio hay más motos que personas”. Es por esta razón que año a año proliferan este tipo de emprendimientos que le permiten a cualquier vecino cargar combustible cualquier día de la semana, a la hora que les resulte más cómodo.

Otro negocio que llama la atención en el universo inagotable del Valle Grande es una carnicería que pasa rock cristiano mientras atiende a los clientes. El matrimonio que es propietario del local tiene un cartel pegado en la puerta de su vivienda en el que destacan su fe en Dios y este mensaje lo replican en el almacén.

Los vecinos del barrio tienen que luchar contra el estigma social. Pesa sobre sus hombros una mirada despectiva. “Este es un barrio tranquilo, vive gente trabajadora; hay algunos que no, pero la mayor parte somos laburantes”, dijo Alexandro Brizuela, un joven que vive junto a su familia en el sector 7. “Hay 1.000 casas, en algunas viven delincuentes. Lo mismo pasa en los barrios caretas pero son otra clase de chorros y nadie los tilda de barrio de ladris”, aseguró.

Con la misma mirada coincidió Sebastián Brizuela, un mecánico que vive en el barrio desde hace años. “Hay hechos de inseguridad pero como en todos lados. Podés caminar tranquilo, los niños pueden jugar en la calle y no pasa nada”, apuntó.

El matrimonio de Marcelo Valderramo y Analía Aguilera opinó en igual sentido y agregaron un dato en el análisis. Ambos creen que los prejuicios con los que conviven se replican en todos los barrios que tienen vecinos de erradicaciones de villa.

Debido al tamaño del barrio, cuando se planificó la construcción los técnicos decidieron edificar una comisaría en el corazón del complejo habitacional. La 35° se encarga de la seguridad del Valle Grande, del Conjunto VIII y del San José. Los uniformados de la seccional calificaron al barrio como un lugar más bien conflictivo, característica propia de los grandes conglomerados. También dijeron que la mayor cantidad de actuaciones son por infracciones de tránsito, sobre todo a motociclistas.

También funciona una dependencia del Registro Civil, una escuela primaria y secundaria -ambas con la matrícula colmada- y un centro de salud. Justamente una de las principales quejas de los vecinos tiene que ver con que no hay guardias permanentes en ese puesto asistencial. 

El servicio de transporte era uno de los problemas que tenía el Valle Grande, pero ahora pasa la línea 44 de la empresa Mayo. Los remises van y vienen por las calles internas del barrio. Pero sin dudas las motos son las movilidades que más circulan por el complejo habitacional. 

Estas postales cotidianas representaron un cambio radical para muchos de los vecinos del barrio. Para quienes durante años vivieron en ranchos, quienes temieron que se les caiga el techo durante lluvias furiosas, haber recibido las llaves de una casa de material implicó una mejora sustancial en su calidad de vida. 

Patricia Derel es otra vecina del Valle Grande. Llega en bici después de trabajar en Rivadavia. Trae huesos para sus perros. El más grandote le mueve la cola cuando llega. Así le da la bienvenida. Con una mochila de sueños encima, Patricia contó que todo lo que gana se lo destina a la casa. Recordó los años de penuria en la villa Santa Ana. "Acá hay mucho amor y ganas de progresar", dijo. Le creo. Se nota en las callecitas. Solo basta con recorrerlas. Y solo basta hablar con su gente. Sanjuaninos como vos y como yo.

 

 

 

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