Informe

Ligadura de trompas en San Juan: más que voluntad, una cuestión de suerte

Tiempo de San Juan accedió a distintos testimonios de mujeres sanjuaninas que se realizaron la cirugía anticonceptiva. En muchos casos, tuvieron que someterse al maltrato verbal e institucional.
viernes, 21 de febrero de 2020 · 20:35

“Vos nacés con instinto maternal”, “¿Qué piensa tu marido?, “¿Cómo no te van a gustar los niños?”, “Vos decís esto ahora pero después te vas a arrepentir”, “¿Qué vas a hacer el día que quieras ser mamá?”: frases que se repiten en los testimonios de las tantas mujeres que decidieron realizarse la ligadura de trompas. Algunas historias se parecen entre sí, otras no tanto, pero en todos los casos hay un factor común que es el señalamiento de distintos sectores de la sociedad hacia aquellas mujeres que deciden sobre su propio cuerpo.

Un caso ilustrativo de mujeres que deciden sobre su propio cuerpo y tienen que atravesar todo tipo de situaciones para ligarse las trompas es el de Mayra Y. A sus 17 años comenzó a tomar pastillas anticonceptivas y empezó a notar cómo su cuerpo cambió de manera brusca, con dolores estomacales y subidas y bajadas de peso constantes. A los 22 años consultó en Barreal para realizarse la ligadura y se la negaron: “Me dijeron que era demasiado joven para tomar esa decisión y que el día de mañana me iba a arrepentir porque seguro iba a desear ser madre. Les expliqué que tenía otros objetivos en mi vida y que la maternidad tenía que ser programada. Que el día de mañana si quería podía hacer una fertilización in vitro o adoptar. Pero me lo negaron”.

Tres años más tarde, cuando Mayra tenía 25, su método anticonceptivo de pastillas le falló. “Yo siempre fui muy irregular, había meses en los que menstruaba y otros en los que no. Que pasaran dos meses sin menstruar era normal en mi cuerpo. Pero tras dos meses y medio empecé a sentir síntomas: mareo y náuseas. Me preocupé y me hice un test de embarazo y me dio positivo”, detalló.

Luego, prosiguió: “A las semanas tuve un aborto espontáneo por tantos anticonceptivos que tomaba y deporte que hacía. Me llevaron al Hospital Rawson y me trataron de manera horrible. Fue traumático, me hicieron sentir culpable”. Posterior a esto, se colocó un Implanon (implante anticonceptivo), no sin negárselo previamente. Éste le produjo mayores cambios en su cuerpo: cada vez era más irregular en su periodo.

Finalmente, Mayra volvió a intentar a sus 27 años que le ligaran las trompas. El ginecólogo le pidió que hablara con una psicóloga y tuvo que mentirle diciendo que ya lo había hecho. Otra vez se tuvo que someter a todo tipo de cuestionamientos. Pero esta vez tuvo suerte, ya que le hicieron la ligadura.

La ligadura de trompas es una intervención quirúrgica en las trompas de Falopio de la mujer con el objetivo de evitar el embarazo. Se trata de un método anticonceptivo permanente que tiene ventajas y desventajas. Por tanto, la mujer debe estar segura de no querer más hijos antes de hacerla.

 

Pero el caso de Mayra no es el único que sirve para ilustrar lo que sucede. A Cynthia A. le hicieron la ligadura hace cinco años en el Hospital Rawson. Transitaba su tercer embarazo, de alto riesgo, por lo que su doctor la apoyó en la decisión pero el día de la intervención post cesárea, tres enfermeras comenzaron a atacarla verbalmente: “estás loca”, “sos muy chica”, “¿tu pareja te va a dejar”, “vas a quedar gorda como una vaca”, “el sexo ya no se va a sentir igual”, y cosas por el estilo. “Yo estaba más que decidida así que hice oídos sordos pero, lo peor, es que mientras esperaba, las mismas enfermeras retaban a otras mamás a punto de parir diciéndoles de que cómo no se cuidaban. Una paradoja en su línea de pensamiento”, sostuvo Cynthia.

Luego de que a Florencia B. varios médicos le dijeron que era muy joven y que se iba a arrepentir, buscó un doctor al azar en la obra social. Tuvo suerte, ya que inmediatamente le dijo que sí: “La ley dice que es mi decisión y que no tenía que ni siquiera tener el consentimiento de mi pareja. Así que me dijo que solo había que autorizarlo. Inicié los trámites y lo hice”, sostuvo. Pero, la otra cara fue que dejó de comentarlo en su círculo: “Dejé de contarlo para evitar los comentarios de la gente sobre mi edad, sobre mi futuro y sobre la suba de peso y eso. Ya no tengo ganas de escuchar”, indicó.

La ley nacional Nº 26.130 establece que a partir de la mayoría de edad las personas pueden acceder gratis a la ligadura tubaria. El Código Civil vigente reconoce que desde los 16 años las personas pueden tomar de manera autónoma todas las decisiones sobre el cuidado de su cuerpo. Sólo es requisito dejar constancia por escrito de la decisión después de recibir información completa y comprensible. No hace falta el consentimiento de tu pareja ni de nadie, ni tampoco haber tenido hijos/as.

 

A algunas mujeres, les tocó por una cuestión de salud, como el caso de Marcela M., a quien le ligaron las trompas hace 14 años. La cirugía fue aprobada por un juez ya que en esa época era ilegal: “Fue por una cuestión de salud, con certificado médico y estudios de por medio. En mi último embarazo me descubrieron hepatitis C, por lo que el tratamiento fue distinto”, sostuvo.

Por supuesto, hay casos en los que mujeres pudieron acceder a la ligadura de trompas sin problemas, como le sucedió a Dana R., de 28 años. Tiene dos hijos y pudo realizarse la cirugía anticonceptiva en el Hospital de Caucete: “No tuve ningún pretexto para hacerlo. Todo marchó bien. Es más, en ese entonces tenía 25 años”, indicó.

Otra mujer, también llamada Cynthia A., contó que cuando se quedó embarazada por tercera vez su doctor le consultó si quería ligarse y sin dudarlo lo hizo. En cambio, en su primer embarazo, Jésica J. le preguntó a su ginecólogo si podía tener cesárea y de paso hacerse la ligadura. “El primer comentario fue ´¿Y tu marido lo aprueba?´. Así que tuvo que ir él a decirle al médico para que me autoricen. Hubo que insistir mucho. Todos se meten en tus ovarios: familia, amigos, médicos. ¡Como si mi útero fuera de su propiedad!”, indicó.

Los testimonios arrojan como resultado que hacerse la ligadura de trompas es una cuestión azarosa más que de voluntad de las protagonistas. 

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