Son las tres de la tarde y hacen 40º de calor en el centro de San Juan, el pavimento quema y el sol encandila, la gente en general está en su casa resguardada con el aire acondicionado y los pocos que caminan la calle lo hacen lo más suelto de ropa posible. En medio de este “infierno” camina Carlos Jorquera rumbo a nuestro encuentro. Es un hombre mayor de edad que avanza a paso lento pero con firmeza, con su barba blanca de 10 meses de antigüedad que no es de copetín, y un traje de Papa Noel que claramente no fue adaptado para quienes festejamos la navidad de este lado del trópico. El calor es incesante, pero al él parece no vencerlo.
Cada paso que da es una revolución para grandes y chicos, y si bien está no es ni la primera ni la última nota periodística que le hacen, en esta oportunidad es Carlos quien cuenta parte de su recorrido por los hospitales de San Juan, llevando esperanza y alegría a los que menos tienen.
En total son 32 años donde Carlos y su familia trabajan en este proyecto social. Tiene hijas que no saben lo que es pasar una navidad en su propia casa. Cuando todos están brindando, él aparece con sus cascabeles y un ejército de colaboradores detrás para darles esperanza a personas que en ese momento tienen a un hijo enfermo, o acaban de perder a un familiar querido, o para aquellos que están solos en el mundo. Luego cuando terminan de repartir los regalos, se sientan en el capot de su auto en una plaza cualquiera y comen todos juntos después de haber pasado por varias semanas agotadoras de intensos preparativos.

En esta entrevista contaremos parte de esos relatos que fueron apareciendo durante todos estos años de colaboración desinteresada. Historias que reflejan la importancia que tiene la figura de Carlos y su familia, y que a larga hacen replantear que en navidad no todo es tener regalos debajo del arbolito, o la comida y la bebida más cara.
“Pasaron muchas cosas durante todos estos años, historias de personas que estaban muy pero muy mal. Algo que se me viene a la mente es una vez que fuimos a un hospital y pasé por la habitación de un hombre que era un enfermo terminal, me acuerdo que miraba y yo me acerque a acariciarle la cabeza. Entonces el señor me pidió un poco de agua. Cuando le di, le pegó un buen trago, tenía mucha sed, y después me dijo que le diera un beso. Entonces me acerque y le di un beso en la frente. Después de eso respiró profundo, y así como si nada, se murió, se fue tranquilo. La enfermera me decía que estaba muy mal, y que lo mejor era que dejara de sufrir porque ya eran varios meses donde seguía en la misma situación que era irreversible” contó Carlos.

En otra ocasión Jorquera fue al Rawson donde un hombre se puso a llorar al verlo ingresar con su traje rojo y blanco. “Lloraba como un chico, me dijo que su hijo estaba internado en terapia intensiva muy mal, y me pidió por favor que rezáramos. Recuerdo que oramos en el lugar y después se fue y no supe más nada” comenzó relatando. Y agregó que “al año siguiente fuimos al mismo hospital y había dos Papa Noel vestidos de una manera muy humilde con unas máscaras y una bolsa chica de caramelos. Entonces se me acercó uno de ellos y me preguntó `si me acordaba de él´. Yo le dije que no, que me disculpara, y cuando me empezó a contar me dijo que él era el hombre que había rezado conmigo, y que su hijo se logró recuperar y que por eso ellos ahora iban a repartir caramelos, les dije que me acompañaran y me ayudaran a repartir todo lo que tenía, que en nuestro caso andamos con kilos y kilos de golosinas” sostuvo el hombre que cuando no es Papa Noel, es empleado público en el Centro Cívico y profesor de carpintería.

Historias no faltan durante tantos años. Recientemente un hecho fue más que llamativos por haber acercado el pasado al presente. “Un día estábamos en el paseo Del Bono, que nos ayudó muchísimo este año, y vino una mujer adulta que me miró y se puso a llorar como una niña, cuando se tranquilizó me dijo que ella me había conocido cuando era bebé con su mamá en el hospital, me contó que eso fue hace 30 años y que ella estaba muy enferma. Por suerte se recuperó y ese día fue a presentarme a su hija. Me dijo que su mamá le decía que fue muy importante mi visita en ese momento, donde no tenían muchas esperanzas. Y ahí uno entiende que muchas cosas pasan inadvertidas, pero luego adquieren una fuerza mayor que nos trasciende” afirmó.

Los milagros nunca dejan de suceder, y de eso se trata todo. Porque Carlos se disfraza de Papa Noel una vez al año, pero el trabajo para que la navidad en el hospital sea distinta sucede mucho tiempo atrás. La familia de Carlos junta los insumos, luego los limpia y los pone en condiciones, y finalmente salen a repartirlos junto con su padre y otros familiares.
“Nosotros tenemos que apoyar a esa gente que está sufriendo. Aquella gente que nunca fue al hospital en noche buena, nunca va a entender lo que son las palabras de aliento y de esperanza, y lo que se obtiene de un abrazo. Nosotros estamos ahí pidiéndole a Dios que haga milagros, en la vida de cada uno de ellos, nosotros queremos tener muchos milagros” afirma Carlos con una sabiduría totalmente altruista.

A estas alturas no es tan sorprendente decir cuál es el verdadero significado de la navidad. Pero Carlos no deja de asombrarnos con su grandeza. “Que la gente se pueda curar, no es la comida no es lo que bebamos, tratemos de ser buenos a lo largo de todo el año, tropezamos una y mil veces pero ahí estamos, tenemos la oportunidad de levantarnos y aquí estamos, de eso se trata la navidad, porque esto puede ser agotador, pero mientras más das, más recibís” concluye.