Testimonios de superación

Los Águilas: la historia de renacer y convertirse en leyendas del básquet de San Juan

En cada lanzamiento y cada pelota se esconde la superación de alguien que perdió una pierna en un accidente, o nació sin la posibilidad de poder caminar. Una historia que escapa del deporte y habla de la vida misma.
sábado, 23 de noviembre de 2019 · 14:20

Cuando llegue el equipo se estaba preparando para entrenar. Se reían y se hacían bromas entre ellos, pero no perdían el tiempo. El entrenador los apuraba y en cuestión de segundos ya todos estaban calentando frente al aro de básquet. Después jugaron un partido entre ellos, en dos equipos que se disputaban cada pelota como si fuera la última, como si se acabara el tiempo, como si no existiera nada más en mundo más que volar en la silla de ruedas. Se escuchaban como chocaban y como las ruedas rechinaban en la cancha, se cuidaban de no hacer faltas y se lamentaban cuando metían un mal pase o la pifiaban frente al aro. Y no es una exageración decir que en cada salida parecía la última, y que cada vez que metían un doble o un triple volvían a defender la contra con una mueca de felicidad dibujada en el rostro. Un reflejo de sudor, sacrificio y esfuerzo adentro y afuera de la cancha.

Equipo completo: Brian Bordón, Nievas Santiago, Aballay Marcelo, Jorge Ansbeck, Raúl Oro, Martín Quiroga, Luis Quiroga, Carlos Deseff, Claudio Suárez, Nahuel Rojas y el entrenador Daniel Tobares.

Después, en un descanso antes de que terminara el entrenamiento, le pregunte a uno de los pibes ¿Qué se sentía jugar al básquet en la silla? Él se quedó en silencio durante unos segundos, y me dijo con la mirada perdida que “estar en la cancha es como tocar el cielo”. Al principio no lo entendía, tal vez la frase me parecía un poco trillada y desgastada al extremo por cuan personalidad del mundo del deporte se hizo eco de la expresión. Pero más tarde me di cuenta que la idea era perfecta, y que de todas las formas que existen para definir lo que le pasa a estos chicos por la cabeza cuando están jugando al básquet, esta era sin lugar a dudas, la mejor.

Lograron ascender a la 2da división de básquet. 

Porque antes de estar en esa cancha jugando con amigos, muchos tuvieron que atravesar etapas durísimas marcadas por siniestros de tránsito donde le amputaron una o ambas piernas, accidentes laborales que marcaron una vida distinta para siempre, un proceso difícil que le podría pasarle a cualquiera y que uno nunca está preparado para soportar algo así. O la historia de aquellos que nacieron con una discapacidad  o alguna enfermedad degenerativa que de apoco los fue dejando en la silla de ruedas. O que tal vez nunca pudieron caminar.

“Siempre es difícil, sobre todo al comienzo cuando uno tiene que afrontar que la vida cambio y que nada va a volver a ser igual, a decir verdad al principio no te da ganas de vivir” me dijo Raúl Oro, un hombre que trabajaba en una empresa privada de energía y que un día lamentablemente sufrió una descarga eléctrica de alto impacto tirándolo desde una altura considerable. 13.500 voltios fue precisamente lo que pasó por el cuerpo de Raúl y como dice el mismo “estoy vivo porque dios me dijo que no era la hora, pero a esa potencia tendría que estar muerto” sostuvo.  Al final Raúl terminó perdiendo una pierda, se la amputaron para poder salvarlo. Pero después de haber atravesado una etapa depresiva decidió salir adelante con ayuda de su familia y del equipo básquet Prodea, el único en la historia de San Juan, bautizado por los jugadores como “Los Águilas”.

El sacrificio y dedicación  es dentro y fuera de la cancha.

Otras personas tuvieron accidentes a bordo de un vehículo, como el caso de Nahuel Rojas que en diciembre del año pasado iba en su moto cuando fue parte de un siniestro que le hizo perder una pierna. Le pasó algo similar a Marcelo Aballay que le amputaron una pierna también por un accidente en moto. Y la misma mala fortuna acompañó a Jorge Ansberg, Claudio Suarez, Santiago Nievas y Martin Quiroga que tuvieron eventualidades trágicas donde quedaron con una discapacidad. El resto del equipo ha nacido sin la posibilidad de poder caminar o ha tenido que enfrentar alguna enfermedad regenerativa, como el caso de  Carlos Desseff que tiene mielo meningocele  que es un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes de la etapa natal. En su caso empezó caminando, pasó por las muletas y luego a estar en la silla de ruedas.

Raúl Oro, recibió una descarga de 13.500 voltios.

Sobrellevar una discapacidad después de un accidente, una enfermedad o nacer con está no es igual en cada persona. Cada uno tiene sus tiempos, hay frustraciones, desilusiones, lastima por uno mismo, un proceso difícil con la familia donde uno no quiere ser “una molestia” y en varios casos se cruzan ideas que implican la autoagresión o “simplemente dejar de vivir”; como dijo Raúl el hombre que recibió la descarga. Por eso estos deportes son importantes. Por qué no es solamente un 5 contra 5 como el básquet convencional, aquí está en juego algo mayor. Aquí los jugadores se juegan la vida y la posibilidad de encontrar y aceparse a sí mismos en cada partido.

Entrenan en distintos lugares. 
Datos de orgullo
El equipo de Prodea conocido como “Los Aguilas” llevan 5 años jugando. Es el único equipo en la historia del básquet en silla de ruedas de la provincia. Acaban de ascender a 2da división de la liga nacional de básquet. Cada año suman más jugadores e incluso ya estamos exportando jugadores como Brian Bordón de tan solo 17 años al seleccionado argentino de básquet.   

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