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El preso que se reinventó

Es Luis Jofré, tiene 34 años y desde los 19 cumple condenas. Recorre todos los días más de 30 kilómetros en bici para salir a trabajar. Habla de los presos, de los guardias, de la policía y de sus víctimas. Por Gustavo Martínez Puga

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Gustavo Martínez Puga

“Pidiendo ayuda a Dios, todo se puede”, es la frase que repite una y otra vez Luis Rodolfo Jofré. Y es la única explicación que encuentra a la hora de contar cómo hizo para reinsertarse en la comunidad sanjuanina después de pasar casi la mitad de su vida en una celda de la cárcel de Chimbas.

Hubo un momento clave en su vida: fue cuando nació el primero de sus seis hijos, estando en prisión: “Vi que me estaba perdiendo verlos crecer, que mi mujer y mi familia sacaban plata de donde no tenían para pagarme los abogados, y decidí cambiar”.

Ahora el sacrificio de Jofré llama la atención y enorgullece a los que trabajan en la rehabilitación de los presos: recorre todos los días más de 30 kilómetros en la bicicleta todo terreno de vieja data que le supo regalar su madre con mucho esfuerzo. En ella sale del Penal a las 7 de la mañana para ir a trabajar a una finca en las inmediaciones de Ruta 40 y Centenario, Chimbas; luego va a su casa, en el barrio Malimán, Rawson, y desde allí regresa minutos antes de las 20 a la cárcel en Chimbas, para dormir en su celda.

La conducta de Jofré fue “ejemplar” en los últimos cuatro años, cuando empezó a gozar de las salidas del Penal en sus diferentes modalidades, nunca tuvo una tardanza al volver a su celda; nunca tuvo una falta; no falló un solo día en su trabajo como obrero rural y, sin dinero, se las arregló para recurrir a distintos organismos públicos para pedir ayuda y conseguir cosas elementales para su familia.

“Mis hijos no tenían ni una cama ni mantas. Eso duele mucho. Le pedí ayuda a la doctora –por la jueza Margarita Camus- y me gestionó ayuda. Ahora tengo unas cuchetas, colchones y unas mantas. Yo agradezco mucho esas cosas. Y por eso es que no puedo fallarle a la gente”.

PASADO DURO

A los 18 años empezó a caer preso. A los 19 lo condenaron a 7 años de prisión por dos casos de robo agravado con uso de arma apta para el disparo y por un caso de robo agravado con uso de arma y daño. Salió. Al año volvió a caer por robo con participación de un menor. Lo volvieron a condenar y el 20 de mayo de 2008 la Sala III le unificó el castigo con 15 años y dos meses de reclusión. Tras una conmuta de cuatro meses del Ejecutivo, cumple el total de la pena el 20 de enero de 2015. Actualmente está bajo el régimen de Semi Libertad y solicitó la Libertad Condicional, el último paso antes de volver a obtener la libertad definitiva.

¿Por qué cambió ahora y no antes? “Me sentía muy solo. Había visto todo el sufrimiento por el que paso mi mamá y eso me llevó a sentir mucha bronca, mucho odio. Mi papá se murió cuando yo era chiquito y mi mamá nos crió. Somos siete hermanos. Ella hacía trabajos de casa –empleada doméstica-, lavaba, limpiaba y planchaba. Siempre me decía que uno tiene que vivir con lo que tiene, que no hay que meterse con lo de los demás”, cuenta Luis.

En esos días de furia, siendo adolescente, Luis vivía en la Villa del Pino, en Capital. Se ganaba la vida lavando autos y haciendo changas. “Tuvo muchos problemas con el alcohol más que con las drogas”, recuerda.

Sumergido en ese mundo es que arrebató carteras y cometió otros delitos que lo llevaron a caer preso. “Fue muy duro ver cómo mi mamá, mi mujer y mis cuñados juntaban de a moneditas para poder pagar los abogados para que me sacaran. Como no llegaban a lo que pedían, tenían que pagar en cuotas”, cuenta.

Estando preso por segunda vez, Luis fue papá por primera vez. El nacimiento de su hijo le cambió la vida: “Ahí me cayó la ficha de todo lo que me estaba perdiendo;  ver crecer a mi hijo”. Luis se casó a los 18 años y fue padre tres veces estando privado en su libertad. Y otras tres veces cuando ya empezado a tener salidas. Hoy sus hijos tienen desde 8 meses hasta 13 años.

A Luis le cuesta hablar de esos hechos. Se limita a responder que cayó “por robo, por arrebatar una cartera”, pero sí dice estar arrepentido: “Si tuviera cara a cara a las personas que les robé les pediría perdón por el daño que les hice, sobre todo por el daño psicológico. Sería un gran alivio para mí estar cara a cara con ellos. Pero no sé si sería posible que ellos se encontraran conmigo”.

GRACIAS A LA ABUELA

La puerta para empezar un cambio radical en su vida la encontró en una vieja costumbre que le había inculcado su abuela: “Cuando era chico mi abuela me llevaba a la Iglesia Evangélica. Después me fui separando de todo eso hasta que me alejé completamente. Estando preso, me acordé de esos días con mi abuela y me empecé a arrimar con la gente de esa iglesia”.

En prisión, con años por delante de encierro y decidido a cambiar, Luis aprendió los oficios que enseñan en el Penal. Pero necesitaba algo más: alguien que afuera de la cárcel le diera trabajo. Entonces le echó mano al papel para escribirle una carta a la única persona que le podía dar una mano para empezar a tener salidas.

Es que, para poder tener Salidas Transitorias, hay que tener un trabajo: “Entonces le escribí al hombre que le lavaba la camioneta y el auto los fines de semana, que vivía en un barrio pegado a la villa en la que vivía. Le conté que era la única posibilidad que tenía para poder salir del Penal. Él vino a hablar con la doctora –por la jueza Camus- y se comprometió a darme el trabajo. Me dijo una sola cosa: <No me vas a fallar>. Y desde entonces trabajo con él en una finca. Gano unos 700 pesos por semana, más la asignación por hijos que tiene mi mujer, nos vamos dando vuelta”, cuenta Luis.

Antes que eso, necesitó que su madre se hiciera cargo como tutora: “Ella iba a buscarme a la cárcel todos los días. Nos veníamos en micro. Después, cuando empecé a tener salidas yo solo, me regaló la bici”, cuenta el presidiario.

Pero ser un convicto y volver a las calles sanjuaninas no es fácil. El primer obstáculo que tienen los presos con salidas son los compromisos que tienen con los otros internos, quienes buscan entre los que entran y salen un nexo con el exterior. Pero Luis dice que se puede zafar de esa situación: “Cuando estaba adentro y veía que empezaban a hablar de cosas raras, yo agarraba y me apartaba. Me iba con los de la iglesia. Así evitaba meterme en líos”.

Otro punto siempre complicado es el de la relación del presidiario con el guardia y con la policía. “Yo no tuve inconvenientes porque siempre los respeté como autoridades. Sabía que si me metía con eso iba a complicar las cosas. Si uno no se mete con eso, no hay problema. Varias veces me paró la policía en operativos de la calle. Les mostraba el DNI y el papelito que dice que estoy con permisos del Penal y seguía sin problemas. Como yo voy a trabajar, a mi casa y al Penal, y no me meto en líos con nadie, a mí nadie me molesta”, concluyó Luis.



Dato

Luis Jofré sale del Penal bajo el régimen de Semi Libertad, de lunes a viernes de 7 a 21 horas para ir a trabajar. Los sábados es para el vínculo familiar. Y el domingo pasa todo el día en la cárcel.

Textual
“Si estuviera cara a cara con las personas a las que les robé les pediría perdón por el daño que les hice, sobre todo por el daño psicológico. Sería un gran alivio para mí”.

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