Por Luz Ochoa
viernes 1 de mayo 2026
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Las marcas de la vida se asientan en sus brazos. Cicatrices de oficio, como las llaman, pueden verse a lo largo y a lo ancho de sus extensiones. El aceite caliente ha señalado su paso, pero él orgullosamente lo enseña. “Son cosas del trabajo. A esta altura me quemo y casi ni lo siento”, confiesa una voz sabia y calma. El es Pedro Avellaneda, el hombre del churro en San Juan.
