Por Miriam Walter
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Por desesperación, después de peregrinar por varias cárceles, comisarías y medios de comunicación, un día Esther Pezoa de Schneider visitó a una vidente en Mendoza que le dijo: “¿por qué no compra el diario del juicio a las juntas militares?”. Ella dice que al salir, en un kiosco, ahí estaba el diario “esperándola” y lo compró. Ahí leyó la declaración de un sobreviviente de uno de los centros clandestinos de detención más feroces de la Argentina, La Perla, en Córdoba, de apellido Biotti, que había estado 15 años detenido. Aseguraba haber visto en ese lugar de tortura a Perla Elizabeth Schneider y que a él lo habían detenido cuando andaba caminando con el novio de la joven. Esa fue la primera pista que tuvo Esther sobre su hija menor, en medio de la oscuridad de la dictadura, dato que con el tiempo se transformó en clave para reconstruir lo que pudo pasarle a la joven estudiante sanjuanina en Córdoba, en manos de los militares. Con 92 años, Esther cree que a Perla la asesinaron a los pocos días de que se la llevaran de la pensión cordobesa, el 7 de diciembre de 1977, pero igual sigue poniéndose el pañuelo blanco en la cabeza y militando, como puede, por la causa de las Madres de Plaza de Mayo, organización de la que es fundadora en la Provincia. Treinta y seis años después, Esther se convirtió en el símbolo de la lucha por la verdad y la justicia. “Se llevaron a la mejor gente”, se lamenta.
