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Salón Don Cáceres: Ese lugarcito único en el mundo

Nació hace 55 años, cuando Domingo Emilio Cáceres se quedó sin trabajo en el ferrocarril San Martín. Le hicieron un favor: se puso un salón de lustrar que hoy es un hito en la Ciudad. Por Gustavo Martínez Puga

Por Redacción Tiempo de San Juan
El lugar es parte de un ritual que en la última década hizo famoso el gobernador José Luis Gioja: el sábado anterior a cada elección, el primer mandatario siempre iba al salón Cáceres para que le lustraran sus zapatos y hacía una ronda de apuestas con quienes estaban allí para ver quién se acercaba más al resultado final. Él o los ganadores luego se llevaban el fondo que se había armado ese día. Esa tradición, llamada “polla”, es una anécdota más para histórico comercio sanjuanino que este año cumplió sus 55 años de vida.
Entre sus clientes de más edad, hay otras anécdotas muy recordadas. Una de ellas define la personalidad de Don Cáceres, tal como todos conocían al fundador de ese negocio, Domingo Emilio Cáceres. Ésta sucedió en la época del gobierno del “Plomo” Gómez, como se conocía al ex gobernador de facto Edgardo Gómez. Ese gobernador también tenía la costumbre de ir a hacerse lustrar sus zapatos a ese negocio. Un día, cuando llegó el “Plomo” y tomó asiento en una de las sillas de lustrar, el lustrador tomó sus cepillos y se acercó para atenderlo, salteando a los clientes que habían llegado antes. Don Cáceres se paró y reprendió al lustrador, haciendo que lustrara primero a los clientes que habían llegado antes del Gobernador. Sin decir una palabra, el “Plomo” Gómez respetó la decisión del dueño del local.
Don Cáceres abrió el salón de lustrar en 1958, en medio de muchísimas necesidades económicas: “Fueron días muy, pero muy duros. Él trabajaba en el ferrocarril San Martín, en la parte de distribución de diarios y revistas. Esa parte fue privatizada, por lo que lo dejaron en la calle. Con los pesitos que le dieron, alquiló éste localcito y se puso un salón de lustrar. En ese momento todos le decían Y con mucho esfuerzo, abriendo a las 7 de la mañana y cerrando a las 10 de la noche, todos los días, la gente empezó a venir y así pudimos criar a nuestros hijos y salir adelante”, cuenta, con lágrimas en los ojos, Yolanda Tadini (82), la eterna compañera de Domingo Cáceres.
Domingo y Yolanda tuvieron dos hijos: Alfredo, dueño de la cadena de farmacias Echegaray –negocio que nació al lado del salón de lustrar- y Silvia Graciela. Don Cáceres nació un 12 de diciembre de 1920. Falleció hace dos años y trabajó hasta la semana anterior a su muerte, tal como lo había hecho desde que tenía 10 años.
Muchos aún recuerdan su imagen de los días que iba a colaborar intensamente, como un empleado más, en la atención al público en alguna de las farmacias que su hijo tiene en el micro centro.
“Esa contracción al trabajo, y esa disciplina que tenía de respeto al otro, fueron el secreto de su éxito. Hay gente que se fue a vivir a Estados Unidos, a Europa, que siempre que vienen y van y se hacen lustrar. Hay un señor Fraifer, hockista, que vive en Tandil, que siempre que viene va a lustrarse y saluda a mi madre. Cuando falleció mi padre quise modernizar a ese negocio, pero desistí porque los clientes iban y, llorando, me pedían que no le tocara nada que lo dejara así. Y así va a ser. Mi madre sigue yendo todos los días a trabajar. El día que ella no esté, el negocio quedará para Carlos Páez, que es un empleado muy fiel, de años, es un hermano más para nosotros”, aseguró el empresario Alfredo Cáceres, quien se llena de orgullo al decir que “siempre voy a ser el hijo de Don Cáceres”.
Hoy en día el salón de lustrar Cáceres es el único de la Ciudad. Y casi siempre lo fue: a los pocos años de nacer, aparecieron un par más, pero nunca duraron.
Don Cáceres intentó hacer algo más grande en sus inicios: un sastre, llamado Arturo Di Lorenzo, se instaló en el subsuelo del local y un peluquero en el primer piso. Así, el cliente tenía salón de lustrar, sastre y peluquería, pero eso no duró mucho.
Después de una vida, siempre alquilando el pequeño espacio, el salón Don Cáceres se transformó en un hito de la Ciudad en ese pequeño espacio ubicado sobre la vereda Oeste de la calle General Acha, entre Santa Fe y Mitre.
Hoy, sus cinco mesitas de plástico y sus 8 sillas de lustrar, ubicadas sobre una pequeña tribuna y acompañadas de una mini mesita para apoyar el café o el diario, son un emblema referencial de los sanjuaninos.

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