Empresarios: Rodolfo Nale

“Desarrollar un proyecto nuevo es mi diversión”

Es bodeguero y abogado. Su establecimiento elaboró los primeros vinos orgánicos de la provincia. Hoy asegura que lo importante es lograr una diferenciación. Es referente en el país. Tiene 70 años pero asegura que no se jubila para no tener ese “estigma”. Por Viviana Pastor.
miércoles, 25 de abril de 2012 · 08:34

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Rodolfo Nale se enfermó de neumonía hace 20 días y de sólo pensar que tenía que pasarse las próximas semanas en su casa se enfermó más. Pero en poco tiempo le encontró la vuelta a la convalecencia, se puso a ver varias películas de Al Pacino que tenía guardadas desde hacía años. Vio Perfume de Mujer por primera vez y leyó varios libros. Escuchó sus CD’s de tango y jazz y la pasó tan bien solo en su hogar-toda su familia estaba trabajando- que no le dieron ganas de volver a la oficina. “Tenía ganas de seguir en mi casa”, confesó Nale.

Este abogado de 70 años  es el dueño de la bodega Fabril Alto Verde, que desde principios de los ’90 elabora vinos orgánicos, sin químicos ni conservantes, los primeros con certificación de la provincia; y desde entonces no ha dejado de creer, sumar tecnología y nuevos productos. Para este año, proyecta una plantación de altura de Pinot Noir en Calingasta y la elaboración de vinos con jugos, todo orgánico. Es que su cabeza  nunca descansa, “yo me divierto desarrollando cosas nuevas, soy feliz cuando estoy proyectando”, dijo Nale.  

El bodeguero contó que la posibilidad de comprar la bodega, sobre ruta 40 entre calles 13 y 14, fue en 1988 a través del Banco San Juan. “Al principio no sabíamos qué hacer, el socio que tenía me dijo que cuando pudiera la devolviera la plata porque él no quería saber nada de la bodega. Era una bodega nueva pero no estaba terminada, así que el primer año la alquilé.
Después decidimos con mi mujer hacer algo con eso y tuvimos la suerte de poder comprar una finca con uvas comunes y empezamos con eso. No pensé de entrada que iba a hacer vinos orgánicos, mi idea siempre fue hacer producción para el mercado exterior”, contó.

De fincas sabía algo, sus abuelos maternos y sus padres tenían fincas en Angaco y estaba al tanto de las dificultades del agro, “todos los años había problemas: sobraba la uva o faltaba; o las tintas no valían nada”, recordó.

En la etapa de la finca propia conoció al ingeniero Miguel Más, un precursor en materia de orgánicos en la provincia, que le habló de esta nueva veta para las uvas. Más le presentó a la gente de la certificadora  en Buenos Aires y empezó a trabajar para poder certificar y recién en el ’93 logró la primera certificación de Argencert.

Reconvirtió y puso varietales y en el ’96 mandó las primeras 10 cajas a Inglaterra de vino orgánico. “Esa gente nos dijo que el vino era rico pero que no duraba en la botella, no estábamos preparados aún. Pero esa gente de Inglaterra nos tomó cariño y nos dijo que íbamos a hacer grandes negocios pero que nosotros teníamos que trabajar con expertos internacionales que nos ayuden a hacer buena uva y a partir de ahí un buen vino, ese es el secreto”, dijo Nale.

Los ingleses le recomendaron consultar a la experta Ángela Muir, que asesoraba en Chile a Concha y Toro. Nale cruzó la cordillera para verla y pudo hablar con ella. “Con mucha humildad la encaré porque yo no podía aspirar a hacer lo que hacía Concha y Toro, ella conocía Mendoza y nada más. Le expliqué con traductor y ella me decía a todo ‘muy bien, muy bien’, me dijo ‘voy a ir’, pero le dije que no podía pagarle, soy pobre para pagar sus servicios le dije. Ese día ella me explicó que había que reconsiderar todo, y que recuperar los viñedos para llevarlos dentro de las normas internacionales tardaba 4 años y para hacer un vino de alta gama necesitaba 6 o 7 años”, destacó.

Un día Muir lo llamó por teléfono y le dijo que estaba en Mendoza, fue cuando Concha y Toro compró Trivento, y le pidió que la fuera a buscar. Nale la trajo a San Juan y ella trajo a su equipo y se pusieron a trabajar. El empresario contó que los 2 primeros años no le pagó un centavo, habían acordado que le daría el 1 % de la facturación cuando exportara los primeros vinos finos.

La enóloga que trajo Muir era profesora de post grado en Francia, ella iba a las fincas ordenaba la poda, podaba, controlaba la floración, el sistema de riego, incluso iba con su microscopio, con una mesita y un banquito, se sentaba bajo el parral y sacaba los hollejos de los granos y los analizaba. La meta era lograr una uva de calidad, eso significaba una uva que no fuera la más hermosa, sino un grano muy pequeño para que tenga menor cantidad de agua y así los taninos se concentran al igual que los polifenoles. Claro que en vez de cosechar 20 mil kilos por hectárea se cosechaban 8 mil kilos de uva.

Para Muir lograrlo era como su desafío, “ella decía que era su materia pendiente hacer vinos orgánicos de altísima calidad y con nosotros lo hizo en la Argentina”, destacó Nale. Lo orgánico no estaba difundido en San Juan, donde hoy hay unas 400 hectáreas de uva orgánica. En Mendoza no había nada y venían a consultar a Nale, pero ellos crecieron hasta las 3.000 hectáreas de uvas orgánicas y San Juan se quedó. “Es muy difícil el sanjuanino de convencer de cambiar y para esto es necesario mucho esfuerzo e inversión todos estos años”, dijo.

Agregó que con la ayuda de su esposa, Susana Fiorello, y de sus tres hijas, pasaron de exportar 10 cajas a medio contenedor, y al mes les pidieron un contendor entero. En el ‘99 recibieron la visita de compradores japoneses en la bodega y les gustaron tanto los vinos (ellos son grandes consumidores de lo orgánico) que compraron 8 contendores de 40 pies, 10 mil cajas de 12 botellas. Esa venta les permitió comprar otra finca  en Caucete,  que es hoy la más importante.

Muir logró el objetivo de elaborar un vino orgánico de alta calidad recién con la cosecha del año 2005. Ese año compraron 60 barricas de roble en Francia y Estados Unidos, con ellas se pudo elaborar el primer vino de alta gama con 9 meses en barrica y 9 meses en botella, ese vino se llamó Semental, y con él ganó 8 medallas de oro y logró que la revista Wine Spirit, en 2 oportunidades, lo incluyera dentro de los 100 mejores vinos del mundo. “Eso ha sido la recompensa que tuvimos por todos estos años comprando tecnología y recursos humanos”, destacó el abogado. 

La experta inglesa dejó un equipo capacitado para que la bodega siga marchando sobre ruedas. Mientras tanto, la bodega seguía certificando como orgánica, bajo el Programa Nacional de Orgánicos de los EEUU (NOP) y bajo el sistema de Japón (JAS).

En el 2007 Nale ganó una licitación de venta de vinos a Suecia, 1,8 millones de litros por año, por 3 años. El producto salió de San Juan fraccionado en bag in box. Como la bodega sola no elaboraba esa cantidad, tuvieron que comprar uva orgánica y alquilar una bodega en Mendoza para poder cumplir con ese cupo.

Hace 2 años, ganó otra licitación de vinos de alta gama para Europa que sale a granel y se fracciona en Francia, ya que los insumos allá son más baratos y es más fácil el traslado del vino en tanques refrigerados.

Más y más

“Nunca tenemos un peso porque siempre estamos invirtiendo”, dijo Nale y contó que acaba de comprar una máquina para colocar la tapa a rosca a las botellas. El año pasado logró sumar otra fábrica, en otro sector de la bodega, de vinos carbonatados, espumantes, a los que se les inyecta gas carbónico con un equipo que compró en Francia. Antes de eso, la bodega elaboró un espumoso, champagne, para lo que tuvo que adaptar la bodega y la receta, ya que el INV no lo autorizaba a meter azúcar en el establecimiento. Nale logró la autorización poniendo a sus espumosos, mosto concentrado rectificado.

“Siempre estamos entusiasmados con algo. La oferta se multiplicó mucho y nosotros somos muy poco en Argentina dentro del mercado internacional y hay que competir con miles de muestras del mundo. Por eso siempre tratamos de imponer valor agregado y diferenciación con otros productos, eso es clave para ingresar al mercado y si bien no ganamos más con los orgánicos, sí nos compran todo lo que tenemos y nos falta producto”, destacó. Actualmente el mercado internacional paga entre un 5 y un 10 % más por un vino orgánico.

Ahora, entre los proyectos que ocupan a Nale está otra fábrica de vinos con jugo de frutas rojas (orgánico) que fue pedido por el mercado. Se trata de un vino fresco y joven, como el que ya elabora en San Juan Peñaflor y Duc de Saint Remy. También piensa en la plantación de algunas hectáreas de Pinot Noir a 2.000 metros de altura, en Barreal, Calingasta. “El Pinot Noir es un varietal que no se da bien en Valle del Tulum porque necesita más frío, por eso vamos a plantarlo allá”, dijo.

Trayectoria

Aunque Nale dijo que el negocio de la bodega se inició “circunstancialmente”, admitió que siempre estuvo relacionado a las fincas que tenían sus abuelos y sus padres y el amor por el campo siempre estuvo presente. “Antes de recibirme de abogado sabía que tenía que hacer algo en el campo”, señaló.

“Yo me recibí pobre, era profesor de educación física y maestro normal y así me pagué los estudios de abogacía. Como entonces no podía comprar un campo, en los años ’70, alquilé una finca en Valle Fértil que fue un desastre porque era muy lejos y el camino muy malo, no estaba pavimentado. Fue mi primera experiencia, ahí plantamos pimiento Ñora con el que se hacía pimentón”, contó. Después alquiló tierras en Jáchal y plantó cebolla y comino y exportaba a Brasil.

Nale fue uno de los fundadores de la Federación Nacional de Productores y Operadores de Mercados Frutihortícolas de la República Argentina (FENOAFRA), entidad de la que fue  presidente por 5 periodos. Es que en alguna época también fue importador de bananas de Ecuador que llegaban a Mendoza desde el puerto de Valparaíso y se distribuían a todo el país.
En San Juan fue durante tres periodos presidente de la Cámara de Bodegueros. Actualmente es miembro del directorio de Bodegas de Argentina, “allí aprendo mucho sentado al lado de las grandes bodegas del país y nos permite generar muchos contactos”, señaló.

También integró la comisión directiva de San Martín, aunque no se reconoce muy futbolero y sólo ve partidos “importantes”.

El pilar de Nale es su familia, su esposa, Susana Fiorello, que siempre manejó las finanzas de la firma y quien lo apoyó “en todas mis locuras”. Y sus hijas, Carla, Paola (ambas abogadas) y Andrea.

“Nunca dejé de ejercer la abogacía, pero supe delegar, tenemos muy buenos recursos humanos. Pero la abogacía es lo que más satisfacciones me dio porque siempre gané mi dinero como abogado, asesorando empresas, no llevamos cualquier juicio, hacemos Derecho Público, algo que hacen pocos”, señaló.

Nale se desenchufa pensando en nuevos negocios. “Los fines de semana siempre estoy desarrollando un proyecto nuevo, para mí es una diversión, una felicidad. Siempre estoy haciendo cosas”, aseguró.

Con sus 70 años, el empresario aclaró que no piensa jubilarse “para no tener el estigma del jubilado. Voy a seguir remando. Los esfuerzos muchas veces no hacen ganar mucho dinero pero sí funcionan en la autoestima. Yo estoy contento cuando termino un proyecto, a veces sale bien y otras no tanto”, dijo.

Ruta del Vino

Rodolfo Nale, Miguel Más y Eduardo Testa, fueron de los primeros bodegueros que lucharon por la Ruta del Vino en San Juan. Las tres bodegas forman parte de la ruta en el departamento Pocito. “Eduardo Testa, que falleció, fue un gran amigo y fue uno de los protagonistas de la ruta”, dijo Nale.

Problemas

El bodeguero asumió los problemas que tiene la industria, sobre todo para la importación de materias primas y maquinarias. “Son años difíciles, tenemos inconvenientes con muchos países en el mundo por las políticas de comercio exterior. Algunos productos no se importan y como reacción hay países que no quieren comprar de Argentina, algunos nos anularon órdenes de compra, como EEUU que además nos quitó las preferencias”, señaló.