Los gatos que causan debate en una manzana del corazón de la Capital.
El sol pega con fuerza en la mañana sanjuanina. Desde la vereda, la casa de frente ancho, cerrada con rejas, parece una más.Sin embargo, al mirar con un poco de atención hacia el jardín y el patio, algo llama la atención: gatos de diferentes tamaños, colores y pelajes copan el espacio. Caminan tranquilos por el césped, miran desde el techo del auto estacionado en el interior o se asoman detrás de alguna de sus ruedas. Resaltan entre el verde de un helecho o corren de un lado a otro. Mientras tanto, un penetrante hedor sale sin pedir permiso y sobrevuela toda la manzana.
La situación, que tiene como epicentro esa casa ubicada sobre calle Tucumán, en el corazón de Capital, lleva años. Nadie sabe con exactitud cuántos son los felinos, ni siquiera su propia dueña. Pero todos coinciden en algo: su presencia divide opiniones.
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Es que, aunque los animales se ven en buen estado de salud y bien alimentados, hay épocas del año (principalmente en verano) en las que el olor a heces y orina se vuelve insoportable.
En la zona, donde ya quedan pocas casas particulares y predominan los comercios, gimnasios y estudios de diversos rubros, la presencia de los gatos es tema de conversación constante. Hay quienes dicen que son alrededor de 60; otros, entre risas, aseguran que apenas llegan a 20.
Los vecinos también cuentan que personas de las inmediaciones han denunciado el caso, aunque aseguran no haber recibido respuestas. Sin embargo, nadie asume ser el autor de esas acusaciones ni sabe con certeza en qué organismos se realizaron.
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Del otro lado están quienes defienden la presencia de los animales. Entre ellos, una vecina cuya casa está ubicada en la arteria posterior, casi lindante con la vivienda en cuestión. Ella asegura que durante años luchó, con todas las herramientas posibles, contra los roedores de la zona, que incluso ingresaban a su hogar. Y que, desde que su vecina comenzó a tener a los felinos, el problema desapareció.
“Ellos no molestan a nadie. Normalmente se quedan detrás de la reja y, desde que están, se terminó el drama de las ratas”, dice con tranquilidad.
La voz de la dueña de los gatos
Quien está a cargo de la vivienda es una mujer mayor (cuya identidad se reserva para preservar su intimidad) que vive sola en esa gran casa tras la muerte de su hermano. Reconoce que no sabe con exactitud a cuántos gatos cuida y alimenta.
“Tenemos algunos gatitos nuevos y perdí la cuenta”, admite en diálogo con Tiempo de San Juan. Y agrega: “Yo no sé a quién le puede molestar. Ellos no salen, no hacen nada”.
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Según su relato, todos los gatos permanecen en el exterior de la casa. Todo comenzó hace años (un tiempo que tampoco logra precisar), cuando el primer gato llegó al fondo y ella decidió ponerle un plato de alimento. Con el paso del tiempo, fueron llegando más felinos hasta que, casi sin darse cuenta, ya eran demasiados.
“Para mí son una compañía. Yo me encargo de ver cómo están, de cuidarlos, de comprarles la comida. Los alimento y les doy agua. He escuchado sobre las quejas, pero no entiendo cuál puede ser el problema”, asegura antes de finalizar la charla.