Era un sábado.
Yo no tenía como salir, ni pilcha, ni plata, sólo tenía una viola en la que intentaba algunos acordes, pero ya robaba besos con Muchacha ojos de papel.
Esa noche joven dolía de tantas impotencias y necesidades que me hacían fuerte sin saber.
Y lloré, y sin querer, en el medio del momento, en ese clip de mi vida Dios lo musicalizo con plegarias para un niño dormido, y lloré también de emoción... precioso, mágico, divino, distinto, conmovido.
viernes 8 de mayo 2026



