Una noche, una vida. Por Daniel Soler

miércoles, 08 de febrero de 2012 · 22:07

Era un sábado.
Yo no tenía como salir, ni pilcha, ni plata, sólo tenía una viola en la que intentaba algunos acordes, pero ya robaba besos con Muchacha ojos de papel.
Esa noche joven dolía de tantas impotencias y necesidades que me hacían fuerte sin saber.
Y lloré, y sin querer, en el medio del momento, en ese clip de mi vida Dios lo musicalizo con plegarias para un niño dormido, y lloré también de emoción... precioso, mágico, divino, distinto, conmovido.

Esa noche me prometí, superarme, me prometí crecer, me prometí ayudar al viejo, y crecer profesionalmente algún día, y me repetía fuerte cantando esos sueños de ojos abiertos: "que nadie,... nadie, despierte al niño, déjenlo que siga soñando felicidad”.
Las zapatillas rotas, manos entumidas de tanto dedo en invierno, los parches que la vieja me hacía creer que eran invisibles, pero mi vergüenza los denunciaba ciertos.
Dolía no poder, alentaba querer.

Después en mi tribu, Carlitos, Aníbal, Horacio me enseñaron más mundo y el capitán Beto, y amé a ese Beto, y esa canción, y ese mundo desde mi bostera sensibilidad, y me enseñaron más letras, más motivos para amar su talento y la sangre del durazno elevó la juntada, y también lloramos en otros momentos clips de nuestras vidas.
Recién corta el nuevo amigo con el que andamos pariendo sueños y dolores.
Me dice que murió.

Y vuelvo a sentir esa noche, y me acurruco en la sorpresa de sueños cumplidos, y otros por hacer.

Me duele, me sorprende, no puedo escribir, tartamudeo con las teclas es que,...  tuvo que haber un muerto para descubrir entre mis canas que ya es tiempo de ser feliz.
Por lo que viene querido Flaco, alentás mi vida y seguís vivo. Estás en mi.
Gracias flaquito, dejame llorar un poco por extrañarte ya y otro mucho por lo que hiciste esa noche. Por el niño, y por mí.