Empresarios: Adriana Garde

“No me puedo quedar quieta”

Docente y decoradora, terminó administrando dos negocios de rubros diferentes: es la dueña de El Gran Pancho y de Malva. Participativa y líder, preside la Asociación de Mujeres Empresarias y asegura que cada vez hay más damas al frente de empresas en la provincia.
miércoles, 22 de febrero de 2012 · 10:02

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

Siempre se la ve impecable. Manos cuidadas, make up prolijo, igual que su cabello; y mucha bijou de onda. Adriana Garde es de esas mujeres a las que más de uno seguro le dice: “estás igual que hace 20 años”. 

Desde hace 14 años, ella es la propietaria de El Gran Pancho; y de Malva, donde vende ropa y bijouterie desde hace 5 años. Pero además le gusta participar y comprometerse, por eso fue presidenta de la Cámara Hotelera, vicepresidenta de la Cámara de Turismo y actualmente es la titular de la Asociación de Mujeres Empresarias de San Juan.

El Gran Pacnho, la casa de comidas rápidas ubicada en Libertador y Mendoza, lo compró porque fue una oportunidad de inversión y en poco tiempo lo llevó a ser una parada obligada para miles de sanjuaninos en el microcentro. A las 9 de la mañana ya hay gente sentada, muchas veces desayunando unas papas con gaseosa, y los días de mayor venta en el centro es casi imposible conseguir una mesa. Los fines de semana, este panorama se repite durante toda la noche y hasta la madrugada. La especialidad de la casa son los panchos y las papas fritas.

“Empezar con el Gran Pancho fue descubrir un San Juan distinto, tenemos una provincia que a partir de las 2 de la mañana cambia. Nosotros desde las 6 de la mañana hasta las 8 vendemos panchos a los que salen de los boliches. Los chicos de las escuelas son los clientes mayoritarios de las tardes; y los domingos son de familias”, dice Adriana.

Hace un año sumó el patio, un lugar que Adriana se ocupa de mantener verde con muchas plantas. Dice que a la gente le encantó la idea de tener un espacio verde en el microcentro.
Pero este éxito alcanzado no es fruto del azar. Hubo varias marchas y contramarchas para adaptarse al gusto sanjuanino. Muchos de los productos que Adriana trató de imponer, terminaron eliminados de la carta porque no tenían demanda, como las papas prefritas congeladas McCain. “Tuvimos que cambiarlas por papas de San Juan porque a la gente no le gustaban. Lo mismo pasó con el pancho con choclo, lo sacamos porque no tenía salida; igual con el lomo Beirut que tenía mucho queso y no anduvo”, relata Adriana.

San Juan es muy especial, asegura la empresaria; y aún tiene mucho por hacer en materia de turismo. “Vas un feriado a Mendoza y están los restaurantes abiertos, acá está todo cerrado.  Yo recibo en el local de comida las quejas de los turistas que no tienen dónde ir a comer. Acá somos una oficina de informes porque todos llegan a preguntar sobre destinos turísticos, cómo llegar a Ischigualasto, los horarios. Por eso capacité a mi gente para que puedan informar, porque todos los días recibimos turismo, sobre todo extranjeros”, señala.

Al los tres años de regentear el Gran Pancho, el país entró en crisis y Adriana quiso estar preparada para poder enfrentarla, pero se dio cuenta de que los empresarios no tenían dónde capacitarse. Las cámaras empresariales estaban muy retraídas, producto de la misma crisis. En esa ápoca empezó a participar en  las cámaras, “porque yo decía si quiero cambiar algo tengo que participar, y dije voy a hacer algo por mi sector”, cuenta.

Empezó a participar en la comisión directiva de la Cámara Hotelera y terminó como presidenta. En esa época, 2001, se reactivó la Cámara de Turismo después de 16 años inactiva y la nombraron vicepresidenta. “Nos dimos cuenta de lo mal que estaba San Juan en materia de Turismo. La Dirección de Turismo tenía un presupuesto anual de 50 mil pesos; y eso era lo que Mendoza gastaba sólo en banners y carteles para promoción en una avenida de Valparaíso, en Chile”, cuenta Adriana. Se da cuenta de que “había que movilizar a San Juan”, pero era necesaria la decisión política.

En medio de la crisis del 2001 abrió un bar temático, Hockey bar, al año lo vendió y compró un restaurante, El Mercedario, que también vendió al poco tiempo.

En el 2009 se creó la Asociación de Mujeres Empresarias, bajo el paraguas de la Federación Económica de San Juan y desde entonces la tiene a Adriana como presidenta. “Hay muchas mujeres que están solas frente a su negocio, a su finca o a su emprendimiento y habían estado un poco relegadas por su familia. Ahora, el mismo ritmo de vida hace que deban involucrarse”, relata. Ya realizaron el tercer encuentro de mujeres empresarias en San Juan y cada vez suman más asociadas. Participan en Mujeres CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) y realizan cursos y capacitaciones de trascendencia nacional. Lograron llamar la atención de las mujeres que nunca habían participado y les dieron herramientas nuevas para trabajar. Hoy tienen 15 empresarias en la comisión, este año estiman llegar a las 40 socias y estrenar personería jurídica, “eso le dará seriedad y respaldo a las empresarias”.

También hicieron contacto con las Mujeres Empresarias de La Serena, y se reúnen este año para acordar actividades en conjunto. “Estamos abriendo puertas. No es sólo querer un horno pizzero para vender prepizzas, hay que pensar en grande. Tienen  que organizarse legalmente como negocio, saber cómo trabajar”, destaca.

Lejos de lo comercial, el primer trabajo de Adriana fue como docente y aunque le gustaba, buscó pronto hacer algo por cuenta propia. Como también era decoradora, abrió un local de arreglos florales y ornamentación de eventos. Empezó a participar de programas de televisión de algunos canales y se fue abriendo camino.

Hoy dice que está muy agradecida de la respuesta de la gente, el Gran Pancho vende unos 150 kilos de papas fritas por día, y 250 panchos, pero los fines de semana estas cifras se duplican.
“En el rubro gastronómico es muy importante mantener la calidad y aún en plena crisis respetamos eso y no bajamos la calidad de los productos. Es un área sensible y nosotros tenemos control bromatológico”, destaca.

Lectura reparadora

Casada con Antonio Soler, director de Recursos Energéticos de la Provincia, y apoyo incondicional de la agitada vida de Adriana; la empresaria, como toda mujer que trabaja fuera de casa, también debe darle tiempo a su familia. Tiene cuatro hijos de 25, 24, 23, y 19 años. “No ha sido la intensión nuestra iniciar un negocio para que lo sigan los hijos. Ellos tiene todos sus carreas universitarias terminadas o por terminar, cada uno tiene que hacer lo que le gusta y vivir de eso. Pero todos tienen su veta emprendedora”, destaca.

El más chico, es el más comprometido con el Gran Pancho, allí trabajó de mozo, encargado, y cajero; y las mujeres están más metidas en Malva, una casa de bijou y ropa, ubicada en calle Mendoza que pronto supo ganarse una clientela por sus originales diseños.

“Me gusta la jardinería, me apasiona mantener mi jardín. Me gusta leer y cuando estoy en mi casa no puedo estar quieta, me gusta mucho la cocina. Mi marido me suele acompañar a hacer las compras y al vivero. Me gusta ver tele, sobre todo Management TV me encanta, y también me gusta hacer cursos por internet”, cuenta Adriana.

Dice que su mamá y su suegra quisieran que se quede quieta; pero ella ya está proyectando más actividades para el futuro: quiere incursionar en el negocio de los olivos y también quiere armar una pequeña fábrica de bijouterie, a futuro, aclara. “El que es emprendedor siempre está viendo la veta y preguntándose ¿por qué alguien no lo hace?”, dice Adriana.

“¿Carteras y zapatos? Sí, me gustan como a todas las mujeres por eso los vendo”, dice entre risas.

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