DE HERMANO MASÓN A PRESIDENTE

Sarmiento, ¿el presidente excomulgado?

Como todos los años, el 15 de febrero, se celebra el natalicio de Faustino Valentín Sarmiento. Sin dudas, el “loco Sarmiento” –como lo llamó Urquiza, su hermano de Logia–, se enfrentó a uno de los dilemas morales más difíciles que la vida le puso como prueba: ser masón o ser presidente. En un discurso, expresó mucho más que su decisión.
miércoles, 15 de febrero de 2012 · 10:48

Por Michel Zeghaib
Especial para Tiempo de San Juan

Si se lo pudiera definir de alguna manera a este “loco Sarmiento” (*1), sería la de haber sido un “hombre inmenso”. No sólo por los rasgos de su personalidad polémica y áspera, sino también por lo grande que fue su obra.  Educador, amante, político, racista, militar, periodista, unitario, escritor. Sarmiento fue muchas cosas en un solo hombre. La mayoría de ellas son conocidas, pero muy poco se difundió sobre la encrucijada que tuvo que enfrentar en el momento más importante de su carrera política como fue la de ser presidente de la Nación Argentina.

Dos datos importantes. Por un lado, la Constitución Argentina de 1853 (s. XIX), en el artículo 76, exigía que el presidente y vicepresidente de la Nación debían “pertenecer” a la comunión católica apostólica romana, artículo que se democratizó recién con la reforma del año 1994.  Por otro lado, ya desde el año 1738 (s. XVIII), la masonería había sido condenada por el papa Clemente XII bajo pena de excomunión: “(…) hemos resuelto condenar y prohibir, (…), los susodichos centros, reuniones, agrupaciones, agregaciones o conventículos de Liberi Muratori o Franc-Massons (…), valedera a perpetuidad. (…) prohibimos muy expresamente (…), a todos los fieles, sean laicos o clérigos, seculares o regulares, (…), que entren por cualquier causa y bajo ningún pretexto en tales centros, (…), bajo la pena de excomunión…” (*2)

La masonería es una institución filosófica, filantrópica y progresista. Sus orígenes se remontan  los antiguos constructores de catedrales de la Edad Media, y sus principios se asientan en una triple convicción: fraternidad, igualdad y libertad.  Se basan en el poder de la razón que va descubriendo progresivamente los secretos de la naturaleza, el sentido espiritual de la historia, el bienestar de todos los seres humanos y la práctica de la solidaridad humana y la absoluta libertad de conciencia.

Sarmiento fue iniciado francmasón el 31 de julio de 1854 a los 43 años, en la Logia Unión Fraternal de Valparaíso de Chile, comenzando, desde ese momento, una larga carrera dentro de la hermandad que no paró hasta cerca del año 1885 (*3). Con lo cual, cabría cuestionarse si el flamante presidente electo, que nunca dejó de ser masón mientras estuvo al frente del Ejecutivo nacional, podría haber ejercido su mandato en la condición de “excomulgado”.

El 29 de septiembre de 1868, a tan sólo doce días de asumir como presidente de todos los argentinos, Sarmiento, habiendo recibido el grado 33 de la masonería el 18 de Julio de 1860, el grado más alto del rito escocés antiguo y rectificado, renunció “provisoriamente” a la sociedad que lo había honrado con tal distinción para poder aceptar el cargo presidencial. A este punzante duelo lo vivió como una dura encrucijada moral en la que tuvo que decidir entre seguir como miembro activo de la hermandad, o aceptar la voluntad popular que lo había elegido para que ocupara el sillón de Rivadavia.
No fue nada fácil para un hombre que tenía fe. La diferencia que tuvo la fe de Sarmiento, fue que no era sumisa y silenciosa, como la actitud del que cree a ciegas en dogmas que no entiende ni cuestiona. El mismo día de su renuncia, con su elocuencia de costumbre, pronunció un discurso ante sus “camaradas masones” exponiendo la decisión que había tomado, y las razones de esa decisión. Estas fueron sus palabras: “Hechas estas manifestaciones para que no se crea que disimulo mis creencias, tengo el deber de anunciar a mis hermanos que de hoy en adelante me considero desligado de toda práctica o sujeción a estas sociedades. Llamado a desempeñar altas funciones públicas, ningún reato personal ha de desviarme de los deberes que me son impuestos (…)”. (*4)
¿Qué dijo Sarmiento en ese discurso? ¿Cuáles fueron sus creencias?
La masonería, según su propio testimonio, le había enseñado a él y al mundo el verdadero significado del amor al prójimo, llevando a la vida concreta el principal mandamiento cristiano: la caridad. Por ello, Sarmiento creía que habían “(…) muchos puntos que no son de dogma en los que, sin dejar de ser apostólicos romanos, los pueblos y los gobiernos cristianos pueden diferir de opiniones con la Santa Sede. (*5)
Desde el comienzo del discurso, el sanjuanino estuvo convencido de que se puede estar en desacuerdo con lo que la Iglesia Católica manda a cumplir como una obligación, por ejemplo, el derecho que tienen todos los seres humanos de tener libertad de conciencia y libertad de pensamiento, derechos que dicha Iglesia –continúa Sarmiento–, en un documento llamado “Syllabus” (*6), se manifestó claramente en contra.

Él sabía que al Presidente y Vice de la argentina se les exigía ser católico apostólico romano, más aún, nunca negó que así deba ser. Pero interpretó que este requisito apuntaba al “sostenimiento” de esa confesión, y no necesariamente a su práctica. Que todos los seres humanos puedan pensar y vivir con libertad fue, para el prócer,  la mayor conquista de todos los tiempos.
Al momento de anunciar su alejamiento, lo hizo expresando una ardiente defensa de la sociedad que estaba abandonando temporalmente, colocándola en un nivel superior a la Iglesia que la proscribía. Aún así, él promete volver. Por lo tanto, Sarmiento vivió ese momento  convencido de que en la masonería, cada vez que había sido perseguida por diferentes razones, sus hermanos los masones habían sido ese samaritano repudiado, malherido y descalificado del que habla el evangelio. Sarmiento lo expresó así: “los masones (…) los samaritanos del Evangelio, de quien por su caridad, era según la palabra de Jesús, el prójimo la humanidad”. (*7)
Con lo cual, Sarmiento colocaba a la hermandad como protagonista fundamental del progreso espiritual del ser humano. Lugar que la Iglesia nunca aceptó. Aún así, Sarmiento decidió hacerse a un costado provisoriamente, porque no quería “llevar al Gobierno sus propias y privadas convicciones (…)”. (*8)

El 15 de febrero, se conmemoran 201 años de su llegada al mundo. Sarmiento, conocido y desconocido a la vez, sigue dando mucho que hablar.


(*) Fuentes:


(1) “Mi título de loco me lo dio Urquiza…” (Sarmiento. Carta a Mary Mann, desde Nueva York. 1867).
(2) “In Eminenti”. Carta Encíclica del Papa Clemente XII. 28 de abril de 1738.
(3) Catorce años después de asumir su cargo, es electo Gran Maestre de la Masonería Argentina para el período 1882-1885, teniendo como Vice-Gran Maestre a Leandro N. Alem.
(4) Faustino Valentín Sarmiento. “Discurso”. 29 de septiembre de 1868. En: “Discursos populares de D. F. Sarmiento (1839-1883)”. Buenos Aires. Imprenta Europea. 1883.
(5) Ídem.
(6) Papa Pío IX. “Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores” (Listado recopilatorio de los principales errores de nuestro tiempo). 8 de Diciembre de 1864. Proposiciones de la 75 a la 80.
(7) Sarmiento. “Discurso”...
(8) Ídem.

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