Historias

“Sólo deseo ver los ojos de mi madre y saber quién soy”

Elsa Raymondi busca a su madre por Facebook. Ella nació en el Hospital Rawson, donde su madre la abandonó. Hoy vive en Olavarría, y desde allá cuenta su historia de dolor y esperanza.
lunes, 13 de febrero de 2012 · 20:35


Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

La foto en blanco y negro tiene 46 años y en ella aparece un bebé hermoso, de panza sobre una mesita que apenas lo contiene y mirando fijo a la cámara, sin sonreír, sólo mirando, es increíble lo que esa mirada transmite. Es la primera foto de Elsa Raymondi, allí tendría unos dos meses, y muestra cuando sus padres adoptivos la llevaron  a su casa. Pero de eso se enteró hace poco tiempo, porque sus padres le habían ocultado que había sido adoptada y que su madre la había abandonado en el Hospital Rawson.

Hoy, Elsa busca desesperadamente a su madre a través de Facebook. “Antes de irme de este mundo sólo deseo ver tus ojos y saber quién soy, con eso me conformo. Sólo eso te pido, porque el resto lo tengo todo, que es la vida que me dieron mis padres”, publicó Elsa en la página de Red Solidaria.
Elsa vive en Olavarría, provincia de Buenos Aires hace 24 años, y desde allá contó su historia a Tiempo de San Juan. Cuando empieza a recordar aparecen las lágrimas, y no la abandonan durante toda la charla telefónica.

El papá adoptivo de Elsa trabajaba en Loma Negra, en San Juan, y cuando se jubiló se volvió a Olavarría su ciudad de origen, con sus dos hijas: Nora, hoy de 57 años, y Elsa.  La hija más chica era muy apegada y nunca dudó en irse de San Juan siguiendo el rumbo de sus padres. Llegó a Buenos Aires con el título de maestra debajo del brazo y empezó a dar clases particulares porque el puntaje no le alcanzaba para aspirar a un cargo en una escuela; y nunca dejó de dar apoyo particular a los chicos.

“Hace 6 años estaba hablando con la mamá de un alumno que no había llegado a su clase y le contaba que mi papá me cuidaba mucho y que era muy protector y esa señora me dijo: ‘es que cuando los hijos son adoptivos los padres son muy posesivos, son más cuidas’. Yo, que no tenía ni idea, casi me trago la bombilla del mate, pero me hice la que sabía todo, así tranquila”, cuenta Elsa.

Con el shock de no saber nada, de no saber qué creer; sin saber a los 40 años si era hija de quienes habían sido sus padres durante toda su vida, se fue Elsa de esa casa. “Cuando salí de ahí no sabía qué hacer. Llegué a casa y le dije a mi mamá que me mostrara fotos de cuando estaba embarazada de mi hermana o de Fernando, que falleció, o de mí; y me dijo que no tenía porque en esa época las embarazadas no se sacaban fotos. Quedó así. Esa noche no dormí nada. Al otro día me levanté y  me fui al hospital donde trabajaba mi tía y le dije: ‘vengo porque quiero que me cuentes la verdad’”, recuerda.

Su tía le contó que sus padres adoptivos tenían un problema de compatibilidad de sangre, por eso su primera hija, Nora, nació con discapacidad; su segundo hijo, Fernando, murió cuando nació, después de una transfusión de sangre. Después de eso, sus padres decidieron adoptar. “Fueron al Hospital Rawson, a una sala grande y había un montón de chicos. Me cuenta mamá que le gustaba una morochita, pero un hijo no se elige, entonces viene una enfermera y les dice: ‘esta gurrumina es María del Valle, tiene 2 meses y la dejaron sin ropa, estaba desnutrida, pesaba 1,6 kilos’. Entonces mi papá me alzó y dijo: ‘esta es mi hija”, cuenta Elsa sin parar de llorar.

Un 26 de agosto, cumpleaños de su hermana mayor, los Raymondi llevaron a Elsa a su casa y fue como un regalo para todos. Tuvieron que esperar 6 meses para asentarla como hija propia, por si aparecía la madre biológica.
Durante los 22 años que vivió en San Juan, nunca se enteró de nada y los padres pensaron que menos se enteraría en Olavarría. “Pero te enterás de todo. Cuando vuelvo de hablar con mi tía le digo a mi mamá: ‘¿por qué no me dijiste que era adoptada?’. Mi mamá estaba lavando los platos y se le cayeron de las manos. Me dijo: ‘no te tuve en mi panza, pero no podía decírtelo, tenía miedo de perderte’. Yo le contesté ‘mamá, al contrario, te amo mucho más porque estoy educada, tengo una profesión, tuve suerte’”, recuerda Elsa.

Su padre adoptivo murió pero nunca pudo hablar de esto con él. Elsa se parecía físicamente a su padre, altos los dos y con rulos, “éramos carne y uña, imagen y semejanza. Si te muestro una foto de él no se nota la diferencia. Pero nunca lo pude enfrentar y se murió y no le dije que le agradecía todo lo que me había dado”, se lamenta y llora Elsa.

El proceso le llevó mucho tiempo. Reconoce que al principio estuvo un poco enojada con sus padres por haberle mentido, por entonces trabajaba en una escuela rural y no quería volver a su casa y así estuvo unos meses recluida. “Hasta que me di cuenta que era quien era gracias a mis padres adoptivos. Cuando volví no dije nada y ellos tampoco, sólo nos dimos un enorme abrazo y con eso nos dijimos todo”, dice.

Por algunos años creyó conformarse con su destino, pero la búsqueda de sus orígenes comenzó a ser una necesidad por varios motivos. Desde niña Elsa siempre tuvo muchas enfermedades, ahora tiene principio de esclerosis múltiple; y cuando los médicos le preguntan cuáles son sus antecedentes familiares, ella responde que no lo sabe, que es “hija del corazón”.

“La voy remando como puedo, tengo mi profesión, tengo mi pareja que me apuntala en todo; tengo a mi mamá y a mi hermana, tengo muchos animales porque me gustan mucho. Soy feliz a pesar de que sufrí mucho, le doy gracias a Dios por la familia que tengo, mi infancia fue muy feliz, mis viejos me daban de todo, me cuidaban mucho. Mi mamá tiene un espíritu re jovial y recuerdo navidades disfrazada de Papá Noel; mi viejo era muy recto y me marcaba mucha conducta en la escuela, pero me hizo bien”, asegura Elsa.


Por esas cosas de la vida, Elsa no puede tener hijos, por eso ya empezó a tramitar una adopción junto a su pareja, con quien vive. “Por mis enfermedades no puedo tener hijos, pero tengo hijos por todos lados, que son mis alumnos”, dice totalmente quebrada.

“Hoy necesito encontrar a mi madre biológica. Es muy triste no saber realmente quién sos y de dónde venís”, había publicado Elsa debajo de la foto, en el Face.
De ella sólo sabe que tendría unos 17 años cuando la tuvo y que vivía en Santa Lucía. Elsa promete un solo encuentro y máxima discreción, ya que es posible que esta mujer, que tendría hoy unos 63 años, haya formado una nueva familia dejando atrás este episodio de su vida.

“Quiero saber quién es, no quiero nada más. Mirarla a los ojos, porque una mirada vale mucho más que una palabra. Nada más, no pido nada más porque tengo todo. Le propongo que no diga nada a nadie y que nos veamos una vez y listo, nadie se tiene que enterar. Yo no quiero arruinarle la vida porque ella no me la arruinó, no me abortó y de eso estoy agradecida. Sólo le pido 5 minutos para mirarla a los ojos y saber de dónde vengo”.


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