cuando las prostitutas le roban a los clientes

Perder la cabeza, con los pantalones bajos

Además de arrebatadores y punguistas, el delito más frecuente en el ámbito céntrico pasa por la zona roja donde trabajadoras sexuales sustraen a los consumidores sumas cuantiosas en un descuido. Con el paso del tiempo, cada vez se denuncian menos casos, pero desde la policía creen que es por vergüenza más que por otra cosa. Según lo registrado por la seccional primera, los montos de lo sustraído van de los $70 a los 50.000 dólares.
domingo, 08 de enero de 2012 · 10:44

Por Ernestina Muñoz

“Los hombres son como los fósforos, en cuanto se calientan, pierden la cabeza”, dice el refrán popular y se confirma en la estadística policial. En el ámbito céntrico es casi una moda que las prostitutas les roben a sus clientes en un descuido. Lo más pintoresco, es que muchas veces las víctimas retiran la denuncia por vergüenza.

Entre la atracción y la ingenuidad, a varios hombres les robaron desde $70 a $200.000 en la zona roja de avenida Rawson, en circunstancias de contratar los servicios de las “señoritas”. Este tipo de delito es el más curioso que les toca atender a los policías de la seccional primera, además de arrebatos y de “punguistas”.

Desde 2004 en adelante, comenzaron a elaborar una estadística para tener identificados los delitos más frecuentes y las zonas de acción. En general, la hora de largada del delito es cerca de las 19, en la periferia del microcentro.

En avenida Rawson es donde se concentra el accionar delictivo con el sexo como gancho. El año pasado atendieron varios casos de clientes sorprendidos en su buena fe. El más conocido fue el de un joven riojano de 23 años que el 4 de junio perdió $2.000 después de levantar a una chica en Rawson y Mitre. La mujer le quitó el dinero, aparentemente mientras mantenían relaciones sexuales. El joven notó el faltante al ponerse los pantalones y cuando fue a buscar a su compañera eventual, había abandonado la habitación.

El caso más importante llegó a la comisaría céntrica el 3 de octubre de 2010. Un representante de ventas de anteojos Benetton fue robado por una trabajadora sexual que contrató en Rawson y Mitre. Eran las 0.30 de esa noche nefasta en las que el hombre, cuarentón, quedó como dios lo trajo al mundo viendo que le habían robado 50.000 dólares en lentes (unos $200.000 en esa época) y más de $2.000 en efectivo, celulares y una computadora portátil. Aparentemente la prostituta y algún cómplice le desvalijaron el auto al señor mientras él estaba en el baño preparándose para el encuentro sexual que ni siquiera se dio.

El comisario Roque Zárate de la comisaría primera contó que en estos casos casi no llegan a terminar con las pericias de rigor  porque sobre la marcha los asaltados se arrepienten de haber denunciado el caso. El temor al escarnio público y la conciencia de que estaban en falta cuando les robaron desalientan la investigación.

Quizá la vergüenza sea la razón por la que se amesetó con el paso del tiempo la frecuencia de acusaciones de este tipo. El año más complicado, del que se tiene registro, fue el 2005 y 2006 con 5 robos de sumas que llegaron a los $20.000. Para el año pasado, en la seccional Primera aún no tienen listas las estadísticas pero saben que la cantidad de denuncias es menor.

Aseguran igual que tienen la certeza que los casos son más y que los perjudicados prefieren bancarse el robo antes que revelarse en la situación en la que estaban con las prostitutas.
Eso, lógicamente, es justamente lo que aprovechan las propias mujeres que venden placer.


Los límites de la ley
La prostitución es una falta contravencional, no un delito.  Es por esto que difícilmente se justifiquen los operativos policiales en zonas rojas, más allá de custodiar que no haya prostitución de menores o delitos sexuales

El hurto es un delito excarcelable, por lo que las prostitutas denunciadas por los clientes quedan en libertad después de algunas horas demoradas en la seccional. Es probable que vuelvan a delinquir.

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