La historia de Beatriz Oviedo de Coria

Sarmiento se quedó sin ama de llaves

Empezó a trabajar en el Museo y Casa Natal de Sarmiento en 1971 y hace pocos días, dejó su puesto de directora porque se jubiló. Una vida dedicada a cuidar la casa más importante para los sanjuaninos, donde recibió a presidentes, embajadores y artistas, entre otras personalidades.
miércoles, 25 de enero de 2012 · 09:28


“Estas paredes hablan”, dice Beatriz Oviedo de Coria, mientras empieza la charla en un banco cerca del patio de homenajes de la Casa Natal de Sarmiento, donde trabajó durante 40 años y fue directora durante los últimos 24, hasta que esta semana se jubiló. Su vida está indisolublemente ligada a la Casa: cuando estaba por recibirse de contadora, la designaron como directora. “Ahí dejé las Ciencias Económicas y me dediqué a estudiar Museología, porque me pareció que un cargo de tanta responsabilidad necesitaba que yo pusiera toda mi capacidad para hacerlo bien. Fueron tiempos difíciles, porque tenía a mis hijos chicos y trabajaba, pero valió la pena el esfuerzo”, cuenta.
Con el mismo gesto hospitalario con que recibió a personalidades de distintos ámbitos, Beatriz reconoce que “ya era tiempo de dejar que las generaciones nuevas, con el ímpetu propio de la juventud, tomen la posta. Yo sigo teniendo las mismas inquietudes que cuando empecé mi carrera, pero soy una convencida que cuando llega el momento, hay que dar un paso al costado y permitir que vengan los jóvenes con su nueva mirada y sus nuevas ideas”. Pero la partida no fue sencilla. Tanto que mientras transcurre la charla, se acercan los empleados a saludarla y expresarle su cariño, mientras le recuerdan que sus cosas siguen en el mismo lugar donde las dejó. “Es que me fui casi sin decir nada, como si fuera a volver al otro día. No es fácil irse de la casa de uno”, dice sonriendo.
En 40 años, pasó de todo. Pero según ella sostiene, el último tramo fue el mejor. “En realidad podría haberme retirado antes, pero se me pidió que pasara los dos bicentenarios, el de Mayo y el de Sarmiento y no podía decir que no. Creo que fue un digno broche de oro para una carrera tan larga”, comenta. Y reconoce que hubo épocas buenas y malas, porque pese a que la Casa siempre fue respetada, nunca fue una isla respecto de lo que pasaba en el país. “Excepto el  matrimonio Kirchner, todos los presidentes en los últimos 40 años han venido a visitar la Casa de Sarmiento, constitucionales y de facto. Y a todos se los recibió por igual. Hubo uno, no recuerdo quién, durante el proceso militar, que vino con un operativo de seguridad desmesurado: durante le visita, hasta hubo francotiradores apostados en los techos de las casas vecinas”, recuerda.
El libro de oro de la Casa, donde se registran las firmas de todas las personalidades importantes que la visitan, es testimonio de una divertida anécdota: la firma de Carlos Menem, por entonces presidente de la Nación, aparece en rojo furioso. “Estaba a punto de firmar el libro y alguien demasiado solícito le alcanzó una birome roja. Sin reparar en el color, Menem escribió un par de frases, que rubricó luego. Es la única firma en rojo de todo el libro”, cuenta riendo.
No fue la única vez que el color rojo le trajo un dolor de cabeza. “En el patio de homenajes, hay un cantero que solía estar lleno de malvones rojos, eran plantas muy frondosas. No faltó una dama muy celosa del ideario sarmientino, que interpretó que eso era una afrenta a la figura de Sarmiento, por el simbolismo del color rojo en el enfrentamiento entre federales y unitarios, y quería que sacáramos los malvones”, relata. Cuando hubo que replantarlos por la temporada, los eligió de otro color, para evitar herir susceptibilidades.
En la larga lista de personalidades a las que ha recibido en la Casa, Beatriz recuerda especialmente a René Favaloro. “Por la Casa pasaron presidentes, embajadores, escritores, cantantes, diputados y toda clase de visitas ilustres. Pero la presencia que más me impactó fue sin duda la de René Favaloro. Con mucha humildad, recorrió toda la casa y de sus palabras, me di cuenta enseguida que era un conocedor de la vida y de la obra de Sarmiento. Tenía una personalidad con mucho magnetismo, con la sencillez que tienen los grandes de verdad. Me gustó mucho conocerlo”, dice.
Entre los que demostraron ser también conocedores de la historia argentina y el lugar de Sarmiento en ella, rescata al cantautor Fito Páez. “No sabíamos que venía –recuerda-  porque lo hizo como uno más del público. Pero durante la visita se interesó mucho y se notó que sabía de historia. En ese momento estábamos haciendo teatro en la Casa y él se sorprendió mucho, le gustó lo que se hacía”.

Buenas y malas
La visita de Raúl Alfonsín, apenas recuperada la democracia, fue un momento particular. “La euforia de la gente que vino fue tanta, que no quedaba un solo lugar libre en la Casa. Tuve miedo que pasara algo, por la gran cantidad de personas que entraron, pero afortunadamente todo estuvo bien. En general, siempre hubo mucho respeto por parte de los visitantes. Si vino alguno que estuviera ideológicamente en contra de Sarmiento, no lo manifestó. Y desde la Casa, la política siempre fue aceptar la diversidad de opiniones. El objetivo es mostrar la obra de Sarmiento y su participación en la historia provincial y nacional, pero la que saca sus propias conclusiones es la gente”, refiere.
Desde el punto de vista edilicio, en 40 años la ex directora tuvo que enfrentar momentos críticos. “El ataque de las termitas fue uno de esos momentos difíciles, porque es muy complicado amortiguar el daño que provocan. Por otra parte, el litigio con el vecino de Avenida Libertador, también fue un momento crítico, porque la obra que se hizo vino directamente autorizada desde Buenos Aires  y la Casa no tuvo nada que ver en eso, pero sí se vio envuelta en un conflicto vecinal”, dice Beatriz. Según afirma, en los últimos años creció notablemente la afluencia de visitas destacadas a la Casa. “Sobre todo gran cantidad de embajadores y diplomáticos –asegura-  que vienen a San Juan por distintos temas, quieren conocer la Casa. Y a todos se los recibe con mucho cariño y se les cuenta cuál es la importancia de Sarmiento para la provincia y para el país”.

Sobre objetos y rincones
De los muchos objetos que están bajo custodia en la Casa Natal de Sarmiento, Beatriz rescata uno en particular. Se trata de una pequeña pala que usaba doña Paula Albarracín para tejer. “Está expuesta en una de las vitrinas y yo le tengo un cariño especial –comenta- .  Es un objeto cargado de simbolismo, porque representa la cultura del trabajo sobre la que fue construida esta casa. Doña Paula le dejó un mensaje a su hijo con su forma de vivir siempre de su trabajo. El mismo Sarmiento habla de este objeto y le asigna ese valor. En cuanto a los libros, si bien los que eran de Sarmiento fueron llevados a la Biblioteca Franklin y se perdieron en el incendio, acá hay unos pocos que han pertenecido a la familia y otros en francés y en latín que él mismo trajo de sus viajes. Son todos muy valiosos y también están cargados de su espíritu”.
El patio de la higuera y la higuera misma son los lugares que más le gustan a Beatriz, aunque reconoce que cada rincón tiene un encanto especial. “Estoy convencida de que ese patio en particular es un sitio lleno de energía. Toda la casa lo es, porque si no, no hubiera resistido los embates de los terremotos como lo hizo. Pero el patio tiene algo. Una vez estábamos haciendo un taller con chicos especiales dentro de la casa y cuando se les preguntó en qué lugar querían ellos hacer la relajación previa al trabajo, contestaron al unísono que elegían el patio de la higuera. Y si estos chicos, que tienen una sensibilidad extrema, eligieron ese patio es porque algo les generó, algo sintieron en él. Así es esta casa: la presencia de los que la habitaron todavía está en ella y uno lo percibe claramente. Por eso la gente se emociona cuando la visita, porque las paredes hablan y la gente las escucha”, revela.
Confiesa que la hora que menos le gusta es la de la siesta, pero que la mañana y el atardecer son ideales para estar en la Casa. “Hay una calidez, una carga de energía, que se siente en la piel. La habitación donde Sarmiento nació, la que fue su escritorio, son sitios llenos de simbolismo: entrar en ellos es entrar en lugares donde pasó la historia de este país”.

Camino recorrido
De las acciones y proyectos realizados durante los últimos 40 años, la ex directora de la Casa Natal de Sarmiento se enorgullece de dos en especial: la Cátedra Sarmientina, que en 2011 cumplió 10 años de existencia, y la concreción de la Peatonal Maestro de América. “La Cátedra es un sueño cumplido, en el que quedó reflejado el trabajo en equipo con la UNSJ y los estudiosos que nos han acompañado a lo largo de todo este tiempo. Y la Peatonal era un anhelo de años, para poder preservar a la Casa de la gran cantidad de vehículos que llegaban a diario. Algún día habrá que pensar en hacer algo con la Avenida Libertador, para mitigar el efecto del tránsito sobre el edificio”, aseguró.
Para el futuro, Beatriz ya tiene proyectos. “Seguramente voy a seguir ligada a la Casa en lo que pueda aportar. Y respecto de seguir trabajando, hay algunos anhelos en los que me gustaría avanzar. San Juan está necesitando museos, en particular tres: uno para la música, otro para el vino y otro para el arte sacro. Ahora que tengo más tiempo puedo trabajar junto a otras personas y pensar en estos proyectos”, resumió.

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