Empresarios: Luis Chango De Giovannini

Billetera no mata galán

Su negocio de cueros en la peatonal tiene 30 años y es todo un símbolo. Sus billeteras se vendían como pan caliente y fue el creador de la alpargata de cuero que calzaron miles de argentinos. Hoy se reinventa con un café con cuero, que ya es un éxito.
miércoles, 25 de enero de 2012 · 08:25

Por Viviana Pastor
vivipastor@tiempodesanjuan.com

De bermudas cancheras y una remera cuello polo a tono con sus ojos celestes, Luis De Giovannini, más conocido como ‘Chango’, se presenta a la entrevista controlando hasta la distribución de las mesas de su nuevo-viejo negocio. Sí, nuevo el café, Tarantino; viejo el de cueros, Chango Cueros, todo en un solo lugar. Dice que no entiende cómo siendo “tan fachero”, sale mal en las fotos.

El hombre ya es una leyenda en el microcentro sanjuanino: es el creador de la billetera que tienen casi todos los hombres y las alpargatas  que hicieron furor por su increíble comodidad. Llegó a tener 6 locales abiertos al mismo tiempo: Uno en Mendoza, otro en Patio Alvear, en el Híper Libertad, en la Galería Central y dos en la Peatonal. Pero hoy ese imperio se redujo a un solo local que es el mix de cuero-café. Él dice que esto no es un fracaso sino más bien todo lo contrario, es aprender de los errores.

“Reduje todo, cerré todo lo que tenía que cerrar, porque era inmanejable. No soy de familia de comerciantes y no estaba preparado para tanto, no me preocupé, soy de confiar en la gente. Lo manejo de cerca pero sin llegar a ser temático de la administración. Todos los errores y el achique del negocio han sido mi responsabilidad. Hoy tengo un sólo local y creo que el éxito es haberme sabido dar cuenta de quedarme con uno y hacer la plancha, esperar”, dice Chango.

La crisis al negocio del cuero llegó de la mano de dos factores: la importación a precios que no tenían competencia y el exceso de confiabilidad del Chango en la gente que lo rodea. “Soy excesivamente confiado, me han estafado varias veces, he vendido autos a amigos con los que  nunca firmamos nada y terminaron matando gente en un accidente. He tenido empleados trabajando por años, muy buena gente que se dejó llenar la cabeza por algún abogado y que terminaron saliendo fortunas. Dos veces hice negocios con personas extrañas y me fallaron y me quedé casi en la calle, no empezando de vuelta, pero sí me dolió mucho”, cuenta. Luego agrega que por eso hoy prefiere no hacer tanto. “No es que esté achicándome, estoy haciendo la plancha, me estoy fortaleciendo. Los dos negocios se están ensamblando muy bien, a las mujeres les gusta más que a los hombres, pero éstos también lo terminan aceptando y es una solución porque tengo los gastos atomizados. Creo que es buena la idea, a la competencia le ha gustado mucho”, dice.

La idea de cafés temáticos, el café más otro rubro, está de moda en Europa y se está imponiendo en Buenos Aires. El Chango lo trajo a San Juan bajo el formato de cuero y café. “El cuero no lo dejo por nada y creo que logré acoplar una actividad lenta con otra muy dinámica”, asegura el Chango.

El negocio tiene mucha influencia de sus hijos, desde el nombre hasta la decoración. Luis quería algo relacionado con el cuero y el campo, pero sus chicos terminaron imponiendo el concepto joven y fresco. Tarantino se puso en honor al director de cine estadounidense y también en honor a los habitantes de Taranto, un pueblo de Italia donde los De Giovannini tienen parientes. Las paredes del local, ahora pintadas con el color de moda, están plagadas de grandes fotos de películas legendarias.

“Aprendí algo de gastronomía, tengo buenos proveedores, el mejor café Cabrales. No quiero ser un restó-bar, quiero tener buena confitería bien ambientada, esto tiene 15 días y la respuesta de la gente es excelente. Esta semana he recibido mucho turismo internacional”, destaca.

Los inicios

“Mis billeteras son famosas, en la época del 1 a 1 las vendíamos con un dólar adentro, para atraer más plata”, cuenta Luis, una estrategia de venta que hoy sería imposible implementar. Pero además, las billeteras que él diseñaba tenían el tamaño perfecto y los accesorios indicados, por eso todo el mundo las quería.

Chango nació en San Juan, pero cuando era chico su familia se fue a vivir a Formosa, él volvió con poco más de 20 años. Acá, recién llegado, empezó su relación con el cuero con unas sillas que fabricó para la mítica confitería Siqueiros. "Más que inspiración fue por la necesidad. Nunca supe que iba a estar vinculado con el cuerpo. Me inventé esa silla, me puse a ofrecerla y la confitería me dio la posibilidad”, recuerda. Por suerte fue a un colegio industrial que le dio la habilidad de manejar herramientas, medir, poner bien un tornillo o lustrar madera.

Como le había sobrado  mucho cuero de ese trabajo, un amigo le ofreció un garaje para trabajar, sobre calle 25 de Mayo. Allí, hace más de 30 años, De Giovannini empezó a fabricar llaveros, cinturones, monederos y billeteras de cuero que después empezó a vender en el primer local en el centro, que abrió en 1980.

“Nunca tuve aspiraciones de gran empresario, sólo quería hacer cosas a gusto mío y estar bien. Algunas cosas me salieron bien y otras mal, pero esto me permitió hacerme mi casa y tener un buen pasar. Argentina es muy generosa para el que quiere trabajar, igual que San Juan”, asegura.

La fama y la fortuna lo alcanzaron bien rápido, con mucha ayuda de la radio y la televisión. Luis entendió que la publicidad era una inversión y tenía programas muy exclusivos producidos y grabados en Buenos Aires. “En los ’80 había dos radios, un canal y un diario, era fácil como comerciante llegar al público y logré meter en la cabeza de la gente el nombre Chango Cueros”, recuerda.

Otro de sus aciertos fue la creación de la alpargata de cuero marca Chango, que se diferenciaba del resto por ser de cuero semi tratado, lavable, que se amoldaba perfecta a cualquier pie. “Era mucho más es más dúctil que el cuero normal, se la ponían y quedaba muy cómoda. No iba forrada, quedaba justa a cualquier pie, se podía lavar y era acordonada, lo que la hacía un poco más elegante”, dice. La alpargata la dejó de fabricar hace 7 años, pero la gente aún sigue preguntando por ese modelo.

“La vendí muchísimo, era mi diseño. Sabía que tenía que hacer algo para que la gente camine cómoda. El modelo no tenía horma, la fabricaba con molde, la cosíamos sobre la plantilla y sobre la goma. Hoy sigo viendo gente con ese modelo, ya bastante gastada, y viene gente todas las semanas a preguntar por esa alpargata”, cuenta.

Una de las equivocaciones que reconoce Luis es haber incursionado en otros rubros, cuando empezó a vender camperas de alta montaña y después ropa. “Cada uno es de un palo, me equivoqué, pero eso me permitió conocer, trabajar mucho, evolucionar”, señala. Siempre trabajó solo y nunca fue muy organizado, según cuenta: “Cuando me gusta algo voy al frente y lo hago”.

También intentó imponerse en Buenos Aires, pero desde San Juan le fue imposible.

El aventurero

Los De Giovannini se fueron a trabajar a Formosa con sus 7 hijos, entre ellos estaba Luis. Fue gestado allá pero nació en San Juan, durante una visita a la familia. “Mi abuela Clementina me puso Chango, como en el Norte le dicen así a los niños, cuando nací dijo ‘este es el changuito’”, cuenta. Así quedó para siempre.

Se padre, Luis De Giovannini, fue uno de los primeros pilotos de avión de la provincia recibidos en la década del ‘50, pero tuvo que emigrar buscando un mejor pasar para su familia. En el Norte se dedicó a realizar perforaciones, tarea en la que  a menudo le ayudaba el Chango. Su madre, Alicia Aragón, era maestra.

Cuando murió su padre, Luis se fue con un amigo a Europa. “Íbamos con la idea de trabajar, conocer, veíamos en la revistas  a Carolina de Mónaco y en Niza, donde fuimos, decíamos ‘cómo los dos mas facheros de Formosa no vamos a tener éxito, cómo no vamos a vivir de primera’, bueno, a esa edad te atropellás todo. Claro que nadie nos daba ni bola allá”, confiesa. Con bastante humor, Chango cuenta que se terminó escapando del primer hotel porque no tenía para pagar, su amigo se volvió a los 5 días, aunque aclara que fue la única vez que lo hizo, por pura necesidad.

Allá estuvo tres años e hizo de todo, desde cosechar tomate hasta manejar riego por goteo en un invernadero y cualquier cosa que le mandaran.

La creatividad y el esfuerzo se los inculcó su padre. “Aprendí mucho con mi viejo, pero si yo a mi hijo lo dejo dormir y le doy todo servido, va a ser un inservible, no va a ser nadie. Gracias a Dios tuve un viejo que fue muy rígido en ese sentido. Mi vieja,  madre de 7 hijos, maestra de escuela, laburó toda la vida y ahora vive acá en San Juan y viaja más que yo”, cuenta.

Chango íntimo

“Tengo un problema grande: no saber qué hacer en mi tiempo libre. Escucho radio, veo tele, no leo nada. Soy un desastre, tengo que aprender computación porque no sé mandar un mail, salgo con mis hijos, me gusta arreglar el jardín. Me gusta mucho estar solo”, dice.

Asegura que también disfruta de los deportes, que sigue por TV a Boca y a Barcelona, por Messi, las carreras de Fórmula Uno, el tenis, “soy un observador fantástico”, señala entre risas y agrega que le gusta caminar aún con los 45 grados de calor que estuvo marcando el termómetro en San Juan.

“Soy muy previsible, pero por momentos imprevisible. He sido muy calentón, muy tano. También excesivamente confiado. Soy un emprendedor, tengo buenas relaciones, creo haber dejado una imagen positiva en la gente. Tengo ganas de hacer mil cosas, quiero empezar otra vez, quiero construir porque a mi hermano le fue muy bien con ese rubro, así que quiero imitarlo”, dice mientras ya está buscando un nuevo salón para abrir otro Chango temático.

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