Señor compuerta

Una vida manejando el agua de riego

José Benito Castro es el “llavero” más viejo de Hidráulica. Tras 46 años, en enero debería jubilarse. La historia de un hombre con una predisposición permanente, en la que hizo de guardavida, de policía, sufrió robos y en la que trabaja desde hace 17 años sin vacaciones.
miércoles, 11 de enero de 2012 · 11:15
Un trabajador de toda la vida. Lleva 46 años ocupando distintos puestos en Hidráulica. “Comencé como obrero, pintando las compuertas. Después fui guardadique y pasé a ser encargado de depósito un tiempo. De ahí me nombraron capataz de cuadrilla y en el año 74’ se me dio la posibilidad de tomar este lugar después de que falleciera un compañero que estaba a cargo de este puesto”, sintetiza el hombre que hace 17 años no se toma vacaciones porque según dice “no hay un reemplazante”.
El día para José comienza cuando el despertador marca las 6 a.m. Con el handie en la mano y las llaves en la cintura (motivo por el cual se los conoce como llaveros), se sube a su Duna gris y emprende el camino que hace 37 años, recorre todos los días de su vida. Entre calles donde el asfalto no se hizo presente todavía, su movilidad avanza hacia su primer parada, en Calle 4 y Costa Canal. Ahí, realiza su primera verificación de las 7 compuertas que revisa a diario, que van desde Costa Canal y Calle 4 hasta Costa Canal y Calle 11.
En las mismas, debe controlar si el caudal del agua es el suficiente y si por una de esas cosas, personas ajenas a Hidráulica no hayan elevado las compuertas ni causado destrozos en los candados.
En el camino, mientras va de compuerta en compuerta, también debe controlar que en los canales de riego no hagan los famosos “tapones” por parte de los “bañistas”, y en el caso de encontrar uno lo desarma para que el agua vuelva a correr con normalidad. “Los bañistas no se dan cuenta del daño que hacen. Ellos vienen, hacen los tapones y luego se van. Después, el agua empieza a desbordarse por las calles y daña el pavimento. Hubieron casos en que el agua se metió en las casas cercanas y después pensaron que yo tuve la culpa”, explica.
Pasaron 37 años desde que José aceptó tomar este trabajo y lo tiene presente como si fuese ayer. “Nos llamaron a tres trabajadores y nos ofrecieron el puesto, ya que había fallecido el compañero que estaba a cargo de esta zona. Los otros dos muchachos no aceptaron porque es un área complicada”, recuerda. En la zona que le tocó, la mayoría de los vecinos son agricultores y también hizo referencia al trato con los propietarios de las fincas. “Ellos piensan que yo no quiero darles agua, pero si les doy de más a los primeros, a los últimos no les llega nada. Trato de explicarles y mantener una buena relación, después de todo yo soy un trabajador nada más. Ellos me reclaman a mi porque soy la cara visible.”
Mientras avanza y verifica si hay alguna grieta en el canal Céspedes, comienza a recordar anécdotas que le dejó el oficio. “Una vez ayudé a la Policía a rescatar el cuerpo sin vida de un muchacho, como yo conozco bien esta zona me pidieron ayuda. Lo encontramos y fue impactante”, se conmueve. También, en otra ocasión le tocó ser guardavidas. “Estaba tratando de sacar un tapón en el canal de la calle Ignacio de la Rosa y de repente vi que una nena se había caído al agua, me tiré y logré sacarla”.
Al estar disponible las 24 horas del día, en varias ocasiones, le tocó hacer el recorrido en la noche. Entre la oscuridad y las calles deshabitadas, una vez fue víctima de la inseguridad. “Cerca de una compuerta habían dos muchachos y me pidieron que los llevara hasta la Calle 8. Cuando se estaban por bajar, me pidieron la plata que tenía encima y para evitar que me hicieran daño les entregué todo lo que llevaba”.
El “llavero” más experimentado del Departamento de Hidráulica, cumplirá 65 años el próximo 21 de enero, con lo cual ya contará con la edad para jubilarse. Si bien cataloga al oficio como “sacrificado”, también está agradecido porque gracias a este pudo mantener a su familia. Tiene 5 hijos, 4 de ellos viven con sus familias ya constituidas. Casado hace 43 años, hoy vive junto a su esposa y la menor de sus hijas.
Llegando hacia la última compuerta, después de varias horas de recorrido, comienza a sentirse más fuerte el calor. “En esta época es donde más trabajo tengo. A diferencia de invierno, salgo más temprano así no sufro las altas temperaturas, pero si surge algún llamado de urgencia tengo que volver”, afirma.
Con tantos años de trabajo en este puesto, trata de concientizar a la gente que lo rodea sobre los canales de riego. “Yo siempre les digo que los canales no son para bañarse. El agua es elemental para que los agricultores puedan desarrollar sus tareas. Yo pienso que no hay conciencia de lo peligroso que es usar estas arterias como balnearios. Se pone en peligro la vida de las personas y el trabajo de todo un año de los propietarios de las fincas. La policía debería realizar controles más estrictos en los canales, así no habrían más vidas en peligro”, justifica.
Predisposición es algo que caracteriza a este hombre y su trabajo. Se vistió de héroe rescatando una vida, hasta llegar a los llamados que lo desvelan por si alguien o algo, interrumpen el camino del agua.