Pasó más de un mes del peor incendio de la historia de Valle Fértil. Para poder combatirlo fue necesaria la participación de bomberos y brigadistas. Pero sin dudas, los protagonistas que, sin ellos controlar y apagar algunos focos de incendio no hubiera sido posible, son los puesteros de Sierras de Chávez. Amplios conocedores de la zona y los principales afectados por el fuego.
El fuego casi arrasa con todo, pero los puesteros de Chávez le ganaron a la amenaza
Para poder acceder a las Sierras de Chávez es necesario hacerlo por el Camino de los Sueños, ingresando por Los Bretes. Durante el viaje, que combina sierras, precipicio y un maravilloso paisaje, en algunos sectores pueden verse los estragos que dejó el incendio a su paso. El verde que solía ser típico en la zona hoy es gris ceniza. Arbustos teñidos de negro y apenas algunos brotes nuevos logran verse mientras se asciende.
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Fotografía Mariano Martín
Hoy los puesteros realizan sus actividades con total normalidad. Alimentan los animales, recorren los campos, realizan trabajos en los corrales y sus viviendas. Pero un mes atrás, dejaron todo de lado y estuvieron trabajando codo a codo con los brigadistas. Incluso algunos de ellos cargaron en sus espaldas las mochilas forestales llenas de agua para hacer frente a las llamas, siendo un bombero más de la cuadrilla. Fueron cerca de 10 días de intenso trabajo, pocas horas de sueño y extrema preocupación combinada con temor.
Arturo Fernández, Gustavo Díaz, Rumualdo Fernández, Carlos Herrera y Jesús Chávez son algunos de los puesteros que estuvieron abocados de lleno a combatir el incendio. Para todos, era casi imposible que el fuego alcanzara las viviendas, pese a que en algunos casos estuvo cerca, tan solo a algunos metros. Sí les preocupaba que los días fueran avanzando y el fuego no desistiera su furia. “Hubo incendios, pero nunca tuvimos que salir a enfrentarlo. Antes se quemaba y se quemaba. Este fue muy intenso, teníamos mucho viento en contra. Nosotros pensábamos que lo íbamos a cortar arriba, pero fue muy difícil. El fuego en bajada siempre es lento, pero esta vez bajó tan fuerte que se volvió difícil”, recuerda Gustavo. “Fueron días siguiendo el fuego”, remarca Arturo.
Algo que jugó en contra fue la sequía. Jesús señala que en otros incendios que hubo en las sierras, al haber presencia de humedad, eran más fáciles de controlar. El fenómeno que se dio hace un mes tuvo dos factores que llevó a que el desastre sea mayor, el impacto de la crisis hídrica que azota a toda la provincia y los fuertes vientos cambiantes. Esto llevaba a que pensaran que tenían un foco controlado, y en cuestión de horas, volvía a desatarse el desastre.
“Me iba a las 6 y volvía a las 4 de la mañana. Así estuvimos esos días, mal, porque estábamos acostados dos horas y volvíamos otra vez. Hace 44 años que vivo en Chávez, y nunca había vivido un incendio así. Al último momento me hice cargo de una mochila, era bombero más, no quedaba otra porque era impresionante el incendio. Al final me dio un poco de miedo”, comenta Rumualdo, quien pese al tiempo que ha pasado, reconoce que aun le ha quedado la inseguridad y el temor de volver a vivir algo similar a lo que fueron esos días donde el humo intoxicaba el ambiente.
Durante 10 días los puesteros solo descansaban dos horas. Toda la energía estaba enfocada en combatir las llamas
Por su parte, Arturo, dueño de uno de los puestos más afectado, remarcó que controlar un incendio como el que vivieron era complicado. “Ver como los animales escapaban de diferente manera, ver tanta gente trabajando no es una cosa deseable. Nosotros lo comentamos, pero vivirlo fue muy triste, con mucha impotencia cuando no lo podíamos combatir”. En su mirada, mientras recuerda esos días, aun se percibe esa desazón. Durante la semana del incendio en Valle Fértil cientos fueron las imágenes que trascendieron, pero escucharlos relatar cada jornada, las sensaciones que tenían, como la preocupación y el temor los dominaba, lleva al imaginario al momento en el que todo era gris, con un ambiente espeso en que el casi no se podía respirar. “No va a ser fácil volver a tener lo que a naturaleza nos había dado”, señala cabizbajo Arturo.
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Don Arturo mirando desde las sierras el puesto San Antonio - Fotografía Mariano Martín
La ayuda y asistencia del Municipio nunca faltó, y los puesteros están muy agradecidos, porque desde el primer momento estuvieron presentes y aún siguen ayudando más que nada con fardos y leña, algo que ayuda mucho, ya que son tantas las hectáreas afectadas (se calculan unas 15.000), que los animales no tienen dónde comer.
La desesperación por no poder controlar el fuego fue pasando cuando, cerca de los 8 días de lucha contra el fuego, los distintos focos pudieron ser controlados. Entre ellos ahora analizan la situación, calculan todo lo que perdieron, ya que no solo se incendiaron sus campos, sino kilómetros de alambrado, animales que huyeron o que ahora están enfermos por los días sin poder alimentarse como de costumbre, pero aun así están agradecidos, ya que fue mucha la gente que se movilizó para ayudar, sofocar las llamas, salvar lo que quedaba de las sierras.
Saben que no están exentos a que pueda volver a suceder. “El campo necesita ser quemado”, señalan. Pero también puntualizan en la necesidad de tener un mayor control y conciencia. “Estuvimos charlando con los vecinos de hacer picadas, para que, si llega a pasar otra vez combatir el fuego ahí, porque si no es incontrolable”, comenta Rumualdo; mientras que Arturo remarca que no solo hay que concientizar entre los puesteros, sino también con los visitantes que llegan hasta las sierras. “Son zonas muy visitada, y hay tener sobre todo cuidado en no tirar una colilla, en no dejar fuego encendido y esas cosas que pueden complicar”, finaliza.
Hoy los puesteros siguen trabajando, el doble de lo que lo hacían antes del incendio. El objetivo es recuperar lo perdido, con la esperanza que la naturaleza juegue una carta a favor y llueva pronto en las sierras, para lavar las cenizas y poder, de a poco, recuperar todo lo que el fuego se llevó.