Este lunes, los conductores de todo el país se encontraron con un nuevo y significativo aumento en los precios de los combustibles al intentar cargar sus tanques, sin que mediara ningún tipo de anuncio oficial. Los carteles de las estaciones de servicio mostraron un nuevo cuadro tarifario, donde el litro de nafta premium ya supera los $1.600. Esta situación ha generado una profunda incertidumbre entre los consumidores, quienes ahora se enfrentan a incrementos sin previo aviso, debido a una desregulación implementada por el Gobierno.
El ajuste de precios, que se realizó durante el fin de semana, ha sido impulsado principalmente por la suba del dólar y el incremento de los impuestos a la nafta y el gasoil. En los últimos 45 días, los combustibles han experimentado aumentos que rondan el 5% y el 6%, según regiones del país.
La principal novedad, y lo que más afecta al público general, es la opacidad en la información sobre estos incrementos. En junio de este año, el Gobierno derogó la ley que obligaba a las empresas del sector a informar sobre las actualizaciones de precios de sus productos. Esta decisión significó el fin de la transparencia total en el mercado de combustibles, donde antes se podía seguir la evolución de los valores. De esta clausura de información no se salvó ni la plataforma "Precios en Surtidor", creada en tiempos de Mauricio Macri para ofrecer los precios en más de 5.000 estaciones de servicio de todo el país, la cual hoy ya no está disponible. Este sistema de "micropricing", implementado por YPF, permite cambiar los precios en cualquier momento del día y a lo largo de 170 corredores geográficos, lo que elimina un valor de referencia único y crea miles de ellos. Desde el sector se defienden argumentando que "como es en cualquier otro país; acá también las alimenticias no informan cuánto aumenta la leche".
Cabe destacar que las fuentes proporcionadas atribuyen la derogación de la obligación de informar los aumentos a "el Gobierno" en general, y no mencionan específicamente a Sturzenegger como responsable de esta desregulación.
Los precios de los combustibles en Argentina están determinados por cuatro variables principales: el precio internacional del petróleo, el tipo de cambio (al ser una commodity), el costo de los biocombustibles que se mezclan en refinería, y la presión impositiva. La volatilidad del precio internacional del crudo, disparado por conflictos como la guerra entre Israel e Irán en junio, y la fuerte devaluación del dólar en Argentina en julio, han ejercido una presión constante sobre los costos.
Este escenario de aumentos y falta de información ya está impactando el consumo. Las ventas al público de combustibles cayeron un 1,2% interanual en julio, interrumpiendo una tendencia positiva de los cuatro meses anteriores. El "enfriamiento" es visible en la movilidad, con una reducción en la circulación de vehículos y camiones. Se espera que los consumidores recurran a opciones más económicas, como la nafta súper o el GNC, en detrimento de la nafta premium, que es hasta un 20% más cara. La combinación de alta inflación, inestabilidad cambiaria y la opacidad en los precios genera una creciente incertidumbre en los usuarios y añade dificultades al sector para sostener la demanda